Midas, el rico rey de Frigia

Los frigios vivieron su apogeo en el siglo VIII a.C. bajo el gobierno de Midas, el rey que convertía en oro todo lo que tocaba

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El juicio del rey Midas

El juicio del rey Midas

Este óleo de Botticelli se basa en una pintura perdida del pintor Apeles (siglo IV a.C.). En ella Midas, asesorado por la Sospecha y la Ignorancia, juzga a un hombre.

Crédito: Erich Lessing / Album

 

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La gran diosa Cibeles

La gran diosa Cibeles

Esta antigua diosa de la fertilidad de la tierra era la principal divinidad del panteón frigio. Busto del siglo II a.C. Museo Nacional Romano, Roma.

Crédito: Werner Forman / Gtres

 

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El oráculo del dios Apolo

El oráculo del dios Apolo

El rey Midas, casado con una princesa griega, tuvo una relación muy estrecha con los helenos y fue el primer rey extranjero que envió un regalo al santuario de Delfos.

Crédito: Age Fotostock

 

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Una bacanal para los dioses

Una bacanal para los dioses

Gillis van Valckenborch recreó en este óleo la fiesta que Midas dio en su palacio en honor de Dioniso y su compañero Sileno. Siglo XVII. Museo Pushkin, Moscú.

Crédito: Age Fotostock

 

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Monumento al rey Midas

Monumento al rey Midas

En la localidad anatólica de Yazilikaya se alza esta fachada monumental llamada «tumba de Midas», del siglo VII a.C. En realidad, se trata de un templo dedicado a Cibeles.

Crédito: Chris Hellier / Corbis

 

Los frigios vivieron su apogeo en el siglo VIII a.C. bajo el gobierno de Midas, el rey que convertía en oro todo lo que tocaba

Midas, el rey de Frigia, es el protagonista de uno de los mitos más conocidos de la Antigüedad. Evocado por infinidad de escritores y artistas, fue el poeta romano Ovidio el que dio la forma definitiva al relato. En sus Metamorfosis (XI, 85 ss.) Ovidio explica cómo Midas logró capturar a Sileno, una divinidad o genio que se presentaba como un hombre ya entrado en años y muy dado al vino, pero poseedor de una profunda sabiduría y que había educado a Dioniso en su juventud. Sileno vivía libre en un maravilloso jardín situado al pie del monte Bermio, en Macedonia, donde crecían raras y fragantes rosas de sesenta pétalos. Midas rellenó con vino la fuente donde el viejo demonio solía beber y así, al caer embriagado, pudo hacerlo prisionero.

Midas le pidió "que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro"

En varios lugares de Asia Menor existían manantiales denominados "fuente de Midas" donde, según tradiciones locales, aquel monarca había hecho prisionero a Sileno. Según otras versiones, los pastores de Midas lo sorprendieron mientras dormía en el jardín real y entonces lo ataron y lo condujeron ante el rey. Una vez en presencia de Midas, las ligaduras que sujetaban al viejo se desprendieron como por encanto; su llegada se celebró con alegres fiestas, que duraron diez días, y Sileno, sin mostrarse enojado, habría instruido al monarca "sobre la naturaleza y sobre el pasado".

A continuación, Midas llevó a Sileno ante Dioniso, quien, encantado de haber recuperado a su viejo ayo, y en agradecimiento por el buen trato que le dispensaron, decidió otorgar a Midas la facultad de elegir el don que prefiriese, garantizando que su deseo sería satisfecho. Midas le pidió "que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro". La demanda se realizó y el rey frigio pudo comprobar, gozoso, la efectividad de la promesa tocando toda clase de objetos; sucesivamente transformó en oro la rama de una encina, una piedra, un terrón del suelo, varias espigas de cereal, las piezas de una puerta, una fruta, el agua que se desliza entre sus manos.

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Zeus toma a Dánae en forma de lluvia de oro

Zeus toma a Dánae en forma de lluvia de oro

Mas cuando se disponía a reponer fuerzas, vio cómo una lámina de oro cubría los manjares simplemente al roce de los dientes, y los líquidos escapaban de su boca abierta como metal fundido. Estupefacto e infeliz, muerto de hambre y abrasado por la sed, el rey pidió perdón al dios y le rogó que suprimiera aquel regalo pernicioso. Dioniso accedió y restableció a Midas su condición natural, ya que el rey demostró arrepentimiento. No obstante, debería practicar un ritual de purificación, sumergiendo su cuerpo en el nacimiento del río Pactolo (junto al monte Tmolo, en Lidia). Midas resolvió de este modo el problema y desprendió de su cuerpo el fatídico don, pero a partir de entonces sería la corriente del río la que arrastrase pepitas de oro.

¿Existió Midas?

La leyenda del rey Midas estaba enlazada con la historia primitiva de los frigios. El pueblo brigio o frigio estuvo originariamente establecido en la región de Macedonia, pero hacia finales del II milenio a.C. emigró desde Europa hasta asentarse en una amplia región situada al norte de Asia Menor (la actual Turquía) que con el tiempo tomaría el nombre de Frigia. Fueron estos frigios quienes trajeron consigo hasta Asia la leyenda de Sileno, que no era sino una divinidad o genio híbrido de la naturaleza, un daímon o ente divino inferior ligado a los rituales báquicos y al séquito del dios Dioniso.

Por otra parte, la fábula del don divino recibido por Midas, que le permitía transformar en oro todo lo que tocaba, se basó en la extendida idea de que los reyes frigios poseían enormes riquezas naturales, pues tanto en Macedonia y Tracia, de donde procedían los frigios, como en las regiones de Asia Menor ocupadas por su estirpe hubo montes auríferos –las minas de Pangeo, del Tmolo y del Sípilo– y corrientes fluviales que transportaban oro, como los ríos Pactolo y Hermo.

Bajo su gobierno, entre el último tercio del siglo VIII a.C. y comienzos del siglo VII a.C., los frigios alcanzaron su etapa de mayor esplendor

Pero hoy sabemos, además, que el protagonista del mito, el rey Midas, fue una figura que existió realmente y que se corresponde con uno de los primitivos monarcas de Frigia. Hijo de Gordio, bajo su gobierno, entre el último tercio del siglo VIII a.C. y comienzos del siglo VII a.C., los frigios alcanzaron su etapa de mayor esplendor. El escritor cristiano Eusebio de Cesarea estableció en su Crónica histórica (versión armenia) la época de Midas aproximadamente entre los años 740-739 y 696-695 a.C. Midas reinó, por tanto, sobre los frigios durante más de una generación. Estas fechas se hallan confirmadas por fuentes orientales que documentan la existencia de un rey llamado Mittaa (Mitâ), que dominaba el país de Moshki o Mushki (Frigia) entre los años 718 y 709 a.C.

Los imperios vecinos

Durante ese período, los frigios gozaron de cierto protagonismo en sus relaciones con el resto del mundo griego y con los reinos de Oriente, en particular con el Imperio asirio. Midas fue contemporáneo de los reyes asirios Tiglatpileser III, Salmanasar V, Sargón II y Senaquerib. Ya en tiempos del monarca asirio Tiglatpileser I, el pueblo de los moshki había tratado de invadir una parte del Imperio asirio, llegando a amenazar seriamente la frontera occidental del mismo. Los anales de Sargón II nos informan de que en el año 717 a.C. Midas había establecido un pacto con el rey luvita de Karkemish, vasallo de Sargón, iniciando luego hostilidades contra Asiria. Sabemos también que urdió varios planes junto con los reyes luvitas de las ciudades de Atuna (Tiana), Gurgum y Meliddu, en la zona oriental de Anatolia, en contra de los intereses asirios.

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Entre otras acciones intentó, infructuosamente, asentarse en Cilicia (en la costa sudoriental de Asia Menor), y más tarde, de común acuerdo con los monarcas de Armenia, fomentó los levantamientos populares que estallaron en Capadocia; Sargón se vio entonces obligado a establecer fortificaciones para protegerse de armenios y frigios. Fue en ese momento cuando el reino de Midas alcanzó su máxima expansión, ya que se extendía desde el curso superior del río Halis hasta tocar, por el sector meridional, la frontera de Cilicia.

Pero, finalmente, Midas, desoyendo las propuestas hechas desde el vecino reino de Urartu y temeroso de la amenaza que representaban para su país los nómadas cimerios, decidió ponerse bajo la protección de los asirios, de manera que entre los años 710 y 709 a.C. firmó un tratado de paz por medio del gobernador asirio de Cilicia y remitió a Sargón una serie de regalos, como era costumbre, y se comprometió a entregar anualmente un tributo al rey asirio.

El rey hizo donación al santuario de Delfos del trono real desde donde administraba justicia a sus vasallos

A los ojos de los griegos, la importancia y magnificencia de Midas quedaron de manifiesto ya en vida del propio monarca. En efecto, cuenta Heródoto que el rey hizo donación al santuario de Delfos del trono real desde donde administraba justicia a sus vasallos. Esta pieza se custodiaba en el interior del llamado tesoro de los Corintios (que pasaba por ser el tesoro del tirano Cipselo), junto con otros valiosos regalos de oro y plata que habían sido remitidos a Delfos por el rey Giges de Lidia.

En tiempos de Heródoto (mediados del siglo V a.C.), el trono todavía permanecía en el tesoro, aunque resulta evidente que no se trataba del verdadero asiento real, sino de una ofrenda a los dioses típica de la diplomacia oriental. Representaciones de tronos vacíos se encuentran también a menudo, con función de exvotos, en los templos de la antigua Frigia.

El final de un rey mítico

La donación de aquel trono al famoso oráculo de Delfos constituye un indicio indirecto de que el rey frigio mantenía buenas relaciones con los griegos de Asia Menor y con sus vecinos lidios. Existen, además, otras pruebas de ese contacto estable, como es el hecho de que Midas contrajera matrimonio con Demódice (o Hermódice, según otras versiones), la hija del rey Agamenón de la ciudad eolia de Cumas (Kyme). Es muy probable que este enlace revistiese un carácter de alianza política y que tuviera por objeto consolidar las tendencias expansionistas del reino de Frigia hacia la costa occidental de Anatolia.

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Una explicación similar puede darse a la anécdota del supuesto epigrama funerario de Midas. Contaba cierta tradición que los suegros o los cuñados del rey frigio, Gorgo y Janto, habrían encargado al propio Homero que redactase un texto para que fuera grabado en la estela mortuoria del rey Midas, en la que aparecía representada la imagen de una "virgen de bronce", tal vez una sirena. Éste sería el epitafio creado por Homero: "Soy una virgen de bronce y reposo sobre la sepultura de Midas. / Mientras el agua fluya y los grandes árboles se cubran de hojas, / permaneciendo aquí, sobre su tumba muy llorada, / anuncio a quienes pasan que Midas se encuentra aquí enterrado" (Antología Palatina, VII 153).

Aunque esta composición tiene grandes visos de ser una historia apócrifa y es seguro que los versos atribuidos a Homero datan de época posterior, probablemente del siglo IV a.C., es ilustrativa de las relaciones políticas que existían entre Frigia, Lidia y las ciudades griegas de la costa de Asia Menor entre los siglos VIII y VII a. C.

Su tumba tal vez se halla cerca de Gordion en cuyo interior, ricamente ornamentado, los arqueólogos encontraron un ataúd de madera y numerosos muebles funerarios

Respecto al resto de la biografía de Midas, las fuentes antiguas solamente añaden que el reino autónomo de Frigia quedó severamente dañado por la invasión de los cimerios, un pueblo nómada del sur de Rusia, y que Midas prefirió darse muerte ingiriendo un veneno. Su tumba tal vez se halla cerca de Gordion, en el llamado montículo de Midas, en cuyo interior, ricamente ornamentado, los arqueólogos encontraron, en la década de 1950, un ataúd de madera y numerosos muebles funerarios. Fue también en Gordion donde Alejandro Magno, al principio de su ofensiva contra el Imperio persa, se detuvo para cortar el célebre "nudo gordiano", la atadura que, según la tradición, sujetaba el carro del rey Midas y que había permanecido como emblema del poder de aquel monarca guerrero y míticamente rico.

Para saber más

Diccionario de mitología griega y romana. C. Harrauer y H. Hunger. Herder, Barcelona, 2008.

Metamorfosis. Ovidio. Gredos, Barcelona, 2008.

Museo de Gordion