León el Africano, un viajero entre dos mundos

Capturado como esclavo por un navío español, el granadino al-Hassan se convirtió en Roma al cristianismo y escribió una célebre crónica sobre sus viajes por el Magreb y el África negra

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CX1HAX. La imagen de León el Africano

La imagen de León el Africano

Retrato de un humanista por Sebastiano del Piombo. Hacia 1520. Posible retrato de León el Africano. Galería Nacional, Washington.

ALAMY / ACI

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WEB BAJAS HORIZONTAL. Mezquita de barro

Mezquita de barro

Mezquita de djingareyber, en Tombuctú, construida en 1327. León el Africano estuvo en esta mítica ciudad con su tío, al que acompañó en un viaje diplomático.

YANN DOELAN / GTRES

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WEB BAJAS VERTICAL. Visión de África

Visión de África

Mapa de áfrica, realizado por el cartógrafo portugués Luis Lazaro y publicado en 1563. Academia
de las Ciencias, Lisboa.

BRIDGEMAN / INDEX

Capturado como esclavo por un navío español, el granadino al-Hassan se convirtió en Roma al cristianismo y escribió una célebre crónica sobre sus viajes por el Magreb y el África negra

En marzo de 1514, una fastuosa caravana llegaba a Roma desde Lisboa con multitud de animales exóticos, trofeos y numerosas alhajas que el rey Manuel I de Portugal había conseguido de sus pequeñas conquistas por las costas de África occidental y del Lejano Oriente. Lo suntuoso del botín permitía hacer volar la imaginación sobre las maravillas que podían albergar los territorios bajo dominio musulmán, desde Mauritania, Libia, Etiopía y Arabia a Persia o la remota India. El propio papa León X quedó fascinado, lo que sin duda espoleó su interés por conocer unas tierras recónditas y amenazadoras para los europeos, sobre todo desde la reciente expansión turca por el Próximo Oriente y el Norte de África.

¿Cómo podía el pontífice conquistar la fe de un infiel sin conocer siquiera la lengua con la que llegar a su corazón?

El pontífice estaba ávido de relatos y crónicas que le describieran lo que sus ojos no podían ver. Desde el inicio de su papado, en 1513, había patrocinado la idea de una cruzada contra las huestes turcas del sultán Selim I y había alentado el deseo de convertir a todos los musulmanes a la fe cristiana, pero el desconocimiento del orbe musulmán –sus territorios, sus gentes, sus lenguas y costumbres– era casi absoluto. ¿Cómo podía conquistar la fe de un infiel sin conocer siquiera la lengua con la que llegar a su corazón?

Así, cuando cuatro años más tarde, en verano de 1518, un corsario castellano y miembro de la orden de los Caballeros de Rodas, don Pedro de Cabrera y Bobadilla, informó a la curia pontificia de la captura de un navío turco con un diplomático y sabio norteafricano a bordo, el papa deseó conocerlo con impaciencia.

Prisionero en Roma

El nombre del cautivo era al-Hassan ibn Muhamad al-Wassan y pronto se convirtió en la principal fuente de conocimiento sobre el mundo musulmán, tanto por los mapas y apuntes que lo acompañaban como por su prolija erudición. Durante años no hubo en Europa descripción de los territorios norteafricanos más usada que la de este cautivo, bautizado en 1520 como Joannes Leo de Medici por capricho del papa y que fue conocido desde entonces con el apodo de "León el Africano".

Bien poco se sabe de la vida de al-Hassan, pues no son muchos los registros que se conservan e incierto es lo que contó de sí mismo en sus escritos. Sabemos que nació en Granada en el seno de una familia musulmana entre 1486 y 1488, pocos años antes de la toma de la ciudad por parte de las huestes cristianas de Fernando e Isabel. Su familia se trasladó a Fez huyendo del dominio cristiano y buscando el cobijo que les podía proporcionar su tío, embajador del sultán de la dinastía wattasí de Fez.

Su familia se trasladó a Fez huyendo del dominio cristiano y buscando el cobijo que les podía proporcionar su tío, embajador del sultán

Estudió probablemente en la universidad islámica de al-Karaouine, pero, según cuenta él mismo, a los catorce años partió de Fez junto a su tío para emprender misiones diplomáticas por el Norte de África y el Próximo Oriente que lo llevaron a visitar El Cairo, Asuán, Tombuctú, Beirut, Bagdad y Constantinopla. En junio de 1518, mientras retornaba a casa después de comandar una embajada en la corte otomana de Selim en Constantinopla, su navío fue apresado cerca de Creta por un bajel corsario y él, cautivo, fue ofrecido al papa León X como regalo.

Converso por conveniencia

En Roma, al-Hassan fue confinado en las mazmorras del Castillo de Sant’ Angelo, pero su reclusión duró lo que su fe tardó en resquebrajarse. El 6 de enero de 1520, un año y medio después de su captura, al-Hassan era bautizado en el Vaticano y ganaba, además de un nuevo nombre, su libertad. La sinceridad de su conversión ha sido puesta en duda por algunos especialistas, pero lo cierto es que Joannes Leo vivió durante años en los territorios pontificios, incluso después de la muerte, en diciembre de 1521, del papa León X, su principal valedor.

Al poco de morir el papa, León el Africano dejó Roma y se estableció en Bolonia, donde se tiene constancia de que enseñó árabe. Su amplio conocimiento de lenguas –se sabe que podía hablar con soltura en árabe, hebreo, castellano, italiano y latín– le permitió escribir por encargo de un médico judío un diccionario trilingue latín-hebreo-árabe, del que aún se guarda una copia manuscrita. Afirmaba que terminó un tratado de religión y otro de historia árabe y musulmana, pero de su puño y letra tan sólo se conservan el diccionario, una descripción de las vidas de treinta pensadores árabes y la obra que mayor repercusión tuvo, su Cosmografía y geografía de África, escrita en italiano y concebida a partir del recuerdo de las obras de Ibn Battuta e Ibn Jaldún y de las anotaciones en árabe tomadas en sus viajes y misiones diplomáticas, que por fortuna aún conservaba consigo.

La Cosmografía fue publicada póstumamente en 1550 por el impresor Giovan Battista Ramusio con el título De la descripción de África, primer tomo de un compendio de obras de distintos autores titulado Navegaciones y viajes. Rápidamente se convirtió en un verdadero best seller de la época, que se reeditó en solitario docenas de veces y fue traducido a distintas lenguas. Nunca antes se había leído con tanto interés un libro sobre los territorios musulmanes escrito desde el punto de vista de quien había nacido infiel. Así, las detalladas descripciones de León ayudaron a forjar la mirada con que los europeos concibieron durante siglos el mundo islámico.

En su narración sobre cada región dedica metódicamente las primeras páginas a describir a las gentes de las montañasy luego a las de las ciudades

A pesar del título, lo cierto es que León dedicó casi tres cuartas partes del libro al Magreb, describiendo detalladamente Marrakech, Bugía, Túnez, Tlemecén y el sultanato de Fez, pero también se adentró en pormenorizar el sultanato de Egipto, la "Tierra de los Negros" –Bilad al-Sudan, en árabe–, e incluso dedicó la última de las nueve partes de la obra a curiosidades sobre animales, vegetales, minerales y ríos del continente africano. En su narración sobre cada región dedica metódicamente las primeras páginas a describir a las gentes de las montañas, que considera rudas y que casi siempre repudia, y luego a las de las ciudades, a quienes acostumbra a admirar.

Costumbres chocantes

León sostiene, entre otras afirmaciones, que Berbería es "la parte más noble de África […] donde la gente es blanca y razonable", mientras que en la "Tierra de los Negros" habitan "gentes rudas, que carecen de razón, ingenio ni sentido práctico, ni noción de alguna cosa [...] desinformados sobre todo, viven como animales sin ley o gobierno [...] entre ellos hay muchas prostitutas y esposos cornudos [...] son peor que las bestias brutas". Según León, la excepción en la "Tierra de los Negros" se encuentra en las ciudades, "donde hay un poco más de racionalidad y sentimiento humano".

León fascinó a muchos europeos descubriéndoles lugares y gentes hasta entonces desconocidos, pero también mostrándoles costumbres públicamente censuradas. Algún pasaje sobre enfermedades o prácticas sexuales debió dejar boquiabierto a más de un lector, como cuando describe a las adivinas de Fez, poseídas por yinns o demonios, y que tenían la costumbre demoníaca de frotarse entre ellas para obtener placer sexual, o los banquetes celebrados en Túnez, donde "jóvenes de mala suerte se comportaban incluso peor que las prostitutas", o cuando señala lo que debe hacer una mujer cuando se encuentre a solas frente a frente ante un temible león: "No tiene más que mostrarle su sexo, pues entonces el león lanzará un fuerte rugido, bajará los ojos y se irá".

Aunque la Descripción fue su libro más celebrado, lo más seguro es que León no llegara a disfrutar de las mieles del éxito. Los pocos registros históricos que nos permiten seguir sus pasos desaparecen en 1527, año del Saco de Roma. Lo más probable es que cruzara de nuevo el Mediterráneo. Aunque desarraigado, León no era un apátrida. Como destacó la historiadora Natalie Zemon Davis, León el Africano no fue ni un converso ni un cautivo, sino un viajero entre dos mundos.

Para saber más

Descripción general del África. León el Africano. Granada, Fundación Legado Andalusí, 2004.

León el Africano. N. Zemon Davis. Valencia, 2008.

León el Africano (novela). Amin Maalouf. Alianza, Madrid, 2012.