Las vidas truncadas del Titanic

El hundimiento del Titanic se llevó consigo innumerables vidas. Pero no todas perecieron en el fondo de mar.

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Margaret Brown

Margaret Brown

La «insumergible Molly», como se la llamaría, ayudó a los pasajeros a subir a los botes hasta que fue obligada a entrar en uno. Allí remó como el que más e insistió en regresar y rescatar a más gente. A bordo del Carpathia continuó su labor de asistencia a los supervivientes.

Foto: Bridgeman / Aci

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 Los huérfanos del Titanic

Los huérfanos del Titanic

Michel y Edmond Navratil, de cuatro y dos años, subieron a uno de los últimos botes en partir gracias a su padre, que no pudo entrar con ellos y murió en el naufragio. En el Carpathia apenas podían entenderse con nadie, ya que sólo hablaban francés.

Foto: Alamy / Aci

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John Astor

John Astor

Jacob Astor IV y su segunda esposa formaban uno de los muchos matrimonios rotos esa noche. Su cadáver fue reconocido por las iniciales bordadas en la ropa.

Foto: Scala, Firence

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Madeleine Astor

Madeleine Astor

Madeleine Talmage Force pudo subir a un bote y salvarse, al contrario que su marido.

Foto: Bridgeman / Aci

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Benjamin Guggenheim

Benjamin Guggenheim

Es célebre la actitud desafiante que mostró este playboy millonario antes de morir. Tras dejar a su amante en uno de los botes y quitarse su chaleco salvavidas, se puso su frac y afirmó: «Nos vestimos con lo mejor y estamos dispuestos a hundirnos como caballeros».

Foto: Getty Images

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 Frederick Fleet

Frederick Fleet

Este vigía alertó al oficial al mando de la proximidad del iceberg. Sobrevivió, pero fue señalado como responsable de la tragedia por no estar atento. En 1965 se ahorcó, extraviado en la depresión que arrastraba hacía años y que se agravó con motivo de la muerte de su esposa.

Foto: Bridgeman / Aci

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Isidor e Ida Strauss

Isidor e Ida Strauss

Ida Strauss rehusó entrar en un bote al ver que su sexagenario esposo, Isidor Strauss, se negaba a subir a ninguna lancha a pesar de las repetidas peticiones de un oficial. Ida le dijo: «Adonde tú vas, yo voy». Fueron vistos por última vez en la cubierta.

Foto: Spl / Age Fotostock

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Edward Smith

Edward Smith

Edward Smith era un capitán afable y experimentado, popular entre los pasajeros ricos. Tuvo una actitud dubitativa desde el choque del Titanic contra el iceberg.

Foto:

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Joseph Bruce Ismay

Joseph Bruce Ismay

Joseph Bruce Ismay fue señalado por la prensa y la opinión pública de la época como el responsable de la tragedia. De él se dijo que había obligado al capitán a viajar a toda máquina para establecer un récord de velocidad. También se le acusó de haber escatimado en materiales para construir el barco, todo ello sin prueba alguna. Los periódicos lo rebautizaron como Brute («bruto») Ismay o «el cobarde del Titanic», por haber abandonado el barco. Aunque la investigación lo exoneró, su reputación nunca se recuperó y tuvo que dimitir como presidente de la compañía en 1913.

Foto: Titanic Collection / Album

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William Murdoch

William Murdoch

William Murdoch estaba al mando en el momento del primer choque. El primer oficial decidió la la maniobra que terminó de hundir el barco.

Foto: Titanic collection / Album

El hundimiento del Titanic se llevó consigo innumerables vidas. Pero no todas perecieron en el fondo de mar.

El hundimiento del Titanic no se acerca ni de lejos a los más temibles naufragios de la historia. Sus 1.500 muertos son pocos comparados con los 8.000 del Wilhelm Gustloff o los 6.000 del Goya, dos navíos alemanes hundidos por submarinos soviéticos en 1945, el primero trasladaba refugiados y el segundo era un buque hospital.

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La tragedia del Titanic

La tragedia del Titanic

Pero más allá de cifras, la leyenda del «barco de los sueños» se ha cimentado sobre miles de páginas de literatura y horas de cine que han recreado las historias de pasajeros y tripulantes. Como la de Frederick Hoyt, que después de meter a su esposa en un bote se lanzó al agua en la dirección en la que éste se alejaba, nadó hasta él y fue rescatado. Los supervivientes quedaron marcados por la experiencia. Hubo al menos siete suicidios, aunque ninguno directamente relacionado el Titanic, y la tragedia persiguió a otros, como Helen Bishop: el hijo del que estaba embarazada durante el viaje falleció pocos días después de nacer; un año más tarde, ella sufrió un accidente de coche al que sobrevivió milagrosamente, pero murió más tarde tras sufrir una caída mientras visitaba a unos amigos.