Grandes descubrimientos

La tumba del rey Antíoco I en el monte Nemrud

En 1881 se descubrió en el monte Nemrud el mausoleo de Antíoco I, soberano de un pequeño reino helenístico en el este de Turquía

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nemrud3. El horóscopo del león

El horóscopo del león

Se encuentra en la terraza oeste del monumento y representa un león rodeado de estrellas, con una media luna en su cuello y con la estrella Regulus, asociada a la realeza, brillando sobre él.

AKG / ALBUM

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nemrud2. Relieve de Antíoco I

Relieve de Antíoco I

El rey de Comagene saluda al dios Heracles en este relieve de Nemrud Dag.

MÜLLER / AGE FOTOSTOCK

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nemrud1. El mausoleo de Antíoco

El mausoleo de Antíoco

Las colosales cabezas de varias divinidades yacen ante sus cuerpos en lo alto de la cima del monte Nemrud, donde se halla el mausoleo del rey de Comagene.

FUNKYSTOCK / AGE FOTOSTOCK

En 1881 se descubrió en el monte Nemrud el mausoleo de Antíoco I, soberano de un pequeño reino helenístico en el este de Turquía

En la cima del monte Nemrud, en Turquía, una árida cumbre a 2.150 metros de altura, se alzan unas ruinas solitarias que dominan la vasta cordillera del Antitauro. La mirada se pierde entre las terrazas adornadas con balaustradas de imaginativos altorrelieves y las colosales cabezas que parecen brotar del suelo rocoso, semejantes a los dioses caídos de una perdida civilización.
Sin embargo, este inhóspito paraje no fue descubierto hasta 1881; y lo fue casi por casualidad. Karl Sester, un ingeniero alemán que supervisaba la construcción de carreteras en el este de Turquía, subió al monte Nemrud por indicación de los lugareños y quedó maravillado ante la belleza del lugar, y, sobre todo, ante esas cabezas, algunas tocadas con mitras persas y otras en forma de águila y león. De inmediato se puso en contacto con el cónsul alemán en Esmirna, que notificó el hallazgo a la Real Academia Prusiana de las Ciencias.

Una gran sorpresa

A principios del verano de 1882, los arqueólogos Carl Humann y Otto Puchstein ascendieron al monte Nemrud guiados por el propio Karl Sester. Cuando llegaron a la cima no dieron crédito a lo que veían: en lo que creyeron unas ruinas persas, encontraron una inscripción griega grabada en los zócalos de las estatuas de la terraza oriental, una de las tres de que consta el monumento, y en ella leyeron claramente que esas ruinas constituían el panteón de Antíoco I de Comagene, soberano de un reino aliado de Roma, que construyó su tumba en el punto más alto de sus dominios.
«Yo, Antíoco, he hecho construir este recinto en mi honor y en honor de mis dioses». Así proclama la inscripción que identifica cada una de las estatuas con los dioses griegos Apolo, Zeus y Hércules, asociados con los dioses persas Mitra, Ahura Mazda y Artagnes. Antíoco había decidido construir su tumba bajo un inmenso túmulo cónico de 50 metros de alto por 150 metros de diámetro, erigido en la cima del monte Nemrud; era un modo de estar más cerca de los dioses y velar por su pueblo desde la eternidad. A sus pies se hallaban los suntuosos túmulos de su padre, Mitrídates I Calínico, y de otros miembros de su familia; no muy lejos estaban las tumbas de las esposas reales, vigiladas por águilas labradas en piedra calcárea sobre columnas dóricas.

El arqueólogo turco

En 1883, llegó al yacimiento Osmán Hamdi, director del Museo Arqueológico Imperial de Estambul. Tuvo que realizar un largo y penoso ascenso hasta la cumbre de la montaña por un sendero de mulas, estrecho y sinuoso, que hizo a pie en su último tramo. «Sorprende que a un hombre que ha erigido sobre la más alta cima de estas montañas este monumento, tan costoso que probablemente agotó los recursos de su reino, no se le ocurriera hacer un mejor camino entre las rocas para acceder a él», observó en su minucioso informe. Hamdi  exploró la región, tomó fotografías, sacó moldes de numerosos relieves y se llevó algunas piezas al Museo de Estambul. También editó y comentó las inscripciones del conjunto monumental en un importante libro.

Los secretos de Nemrud

Algunos informes de los arqueólogos turcos y alemanes entusiasmaron años más tarde a la especialista Theresa Goell. Después de catorce años de preparación y dos visitas preliminares, Goell pudo organizar al fin una expedición arqueológica en 1953, y desde entonces y hasta su muerte en 1985 dedicaría enteramente su vida a estudiar esta fascinante joya del período tardo-helenístico. Instaló el campamento en el propio monte Nemrud, y se puso a trabajar en condiciones climáticas extremas, bajo fuertes vientos, tormentas torrenciales y temperaturas que oscilaban entre los cero y los 50 grados. La expedición de Goell hizo descubrimientos importantes, como el primer «horóscopo griego» conocido, que se encontró en la terraza occidental: un relieve de 1,75 m de ancho por 2,40 m de alto que muestra 19 estrellas grabadas sobre el cuerpo de un león –la constelación de Leo–, que representa  la conjunción de Júpiter, Mercurio y Marte. Entre las cabezas de los dioses y de sus animales protectores, que yacían dispersas por la terraza occidental, Goell también identificó la cabeza de la estatua de Antíoco I. Su rostro, de una gran serenidad y belleza, muestra un notable parecido en sus rasgos con Alejandro Magno, del que Antíoco se pretendía descendiente por parte materna.
Desde su declaración como Patrimonio Mundial en 1987, son cada vez más quienes visitan este monumento, que ilustra de un modo magnífico la fusión artística de las culturas de Grecia, Persia y Anatolia en lo que fue un próspero reino de frontera.
Aún hoy nos fascina la pericia de los artesanos que esculpieron sus gigantescas estatuas y la ingente labor de ingeniería que llevaron a cabo los arquitectos del rey para poder alzarlas a tan considerable altura. A pesar de todo, aún no se ha encontrado la tumba de Antíoco I; así que, siglos después de su construcción, el principal enigma del monte Nemrud permanece indescifrado.

Para saber más

Anatolia, cuna de culturas II. VV.AA. Folio, Barcelona, 1996.
Nemrud Dag