La suntuosa tumba celta de la dama de Vix

En 1953, los arqueólogos descubrieron cerca del pueblo francés de Vix una tumba celta del siglo V a.C. con un espléndido ajuar funerario

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141 Dama Vix 1. Una bella crátera de bronce

Una bella crátera de bronce

Detalle de una de las Gorgonas que decoran las asas con volutas de la gran crátera de bronce descubierta
en la tumba de Vix. Siglo V a.C.

DAE / AGE FOTOSTOCK

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141 Dama Vix 2. Dimensiones colosales

Dimensiones colosales

La crátera de Vix es la de mayores dimensiones que se conserva de la Antigüedad. Mide 164 cm de altura, 127 de ancho y pesa 208,6 kilos; tan sólo cada asa pesa 46 kilos, y 14 la tapadera de bronce. Su capacidad es de 1.100 litros. Abajo, la crátera durante su presentación en el Louvre en 1954, tras ser restaurada.

AKG / ALBUM

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141 Dama Vix 3. Ajuar funerario

Ajuar funerario

Este kílix ático de figuras negras decorado con escenas de hoplitas combatiendo formaba parte del rico ajuar funerario de la Dama de Vix. Se usó para beber vino.

E. LESSING / ALBUM

23 de octubre de 2015

La tarde del 5 de enero de 1953, Maurice Moisson, agricultor y arqueólogo aficionado, dirigía la excavación de un sondeo al pie del Mont Lassois, un importante yacimiento hallstático descubierto en 1929 junto al pueblo de Vix, en la región francesa de la Borgoña. Moisson había comenzado su sondeo el 31 de diciembre, atraído por restos de cerámica diseminada por una ligera elevación que sobresalía 25 centímetros sobre el terreno circundante. Esa pequeña prominencia le hizo pensar en la existencia de un túmulo que habría sido nivelado por las labores agrícolas.

Su trabajo apenas había dado frutos durante la primera semana de excavación, a pesar de haber alcanzado los 1,80 metros de profundidad, cuando, a las 5 de la tarde, la hora del ocaso, apareció el extremo de una gran pieza de bronce. Al amanecer del día siguiente se reanudó el trabajo, ahora en presencia de René Joffroy, director del yacimiento, conservador del museo de la cercana Châtillon-sur-Seine y profesor de filosofía del instituto de enseñanza secundaria local. Con la nueva luz se constató que el fragmento de bronce era el asa, bellamente cincelada, de una gran crátera; inmediatamente fueron también desenterrados los fragmentos cerámicos de una copa ática de figuras negras sobre fondo rojo y una pátera de plata.

Cráteras y estatuillas

Ante la importancia de los hallazgos, los trabajos se detuvieron y se avisó por telégrafo a Paul Wernert, director de la tercera circunscripción prehistórica, y a Guy Gaudron, inspector de los museos de la provincia. Entre el 8 y el 9 de enero, cuando éstos llegaron, se desenterró la gran crátera de bronce y otros objetos que se apoyaban sobre su tapa, especialmente la pátera de plata, de 24 centímetros de diámetro y 350 gramos, con el umbilicus (la protuberancia central) de oro, y la copa ática de figuras negras decorada con un combate entre hoplitas. Además, en el fondo de la crátera se encontró una estatuilla femenina de 19 centímetros.

Enseguida la prensa se hizo eco del sensacional hallazgo: el 12 de enero, el corresponsal en Dijon del diario Le Monde anunciaba que en el Mont Lassois había salido a la luz un magnífico vaso griego de bronce, de inestimable valor artístico. La excavación continuó hasta el 13 de febrero, plazo en el que aparecieron los elementos metálicos de un carro, sobre el cual se hallaron asimismo los huesos de la persona que había sido enterrada allí.

El análisis de los huesos del difunto mostró que se trataba de una mujer, tal vez una princesa o sacerdotisa

Como constató Joffroy en el informe de la excavación que remitió a la Academia de Inscripciones y Bellas Letras de París, él y Moisson habían descubierto una típica sepultura de carro hallstática, en todo comparable a las cámaras funerarias de los príncipes celtas de la misma época (siglo V a.C.), cuya cultura ocupó gran parte del territorio que se extendía desde Austria hasta Borgoña. El sepulcro estaba formado por un túmulo de 42 metros de diámetro, construido con piedras de gran tamaño (algunas de 80 por 40 centímetros), en cuyo centro se encontraba la cámara sepulcral, un cuadrado de tres metros de lado.
El análisis de los huesos del difunto mostró que se trataba de una mujer, tal vez una princesa o sacerdotisa del más alto rango social, a juzgar por la riqueza de su ajuar funerario. Con una altura de 1,60 metros, la mujer murió entre los 30 y los 40 años, y fue enterrada hacia el año 480 a.C.

Grandes riquezas

Para su viaje a la otra vida, la dama de Vix fue adornada con todo tipo de joyas de fabricación local: un collar de gruesas perlas de piedra y ámbar, una tobillera de bronce, un brazalete de lignita, fíbulas de hierro que sirvieron para sujetar sus vestidos y un espléndido torque (collar) de oro de 24 quilates con un peso de 480 gramos. Además, la princesa se rodeó de una riquísima vajilla venida del lejano Mediterráneo: una pátera de plata, una gran crátera de bronce del sur de Italia, un oinochoe para escanciar, también de bronce, y los vasos de cerámica ática que sirvieron para beber. El vino también era de origen mediterráneo y seguramente fue mezclado en la crátera para el banquete funerario.

El asentamiento del Mont Lassois, en Vix, se benefició de su privilegiada posición como intermediario en la ruta comercial

Las extraordinarias riquezas que acompañaron a esta princesa celta se explican por la posición geográfica del asentamiento. Los estudios llevados a cabo a lo largo de los últimos sesenta años han permitido conocer que el yacimiento del Mont Lassois se encontraba en una importante ruta comercial que, en el siglo VI a.C., llevaba el estaño de las islas británicas al Mediterráneo. La misma ruta servía para cubrir la demanda creciente de esclavos, oro y hierro; todo ello transportado a través de los ríos Ródano, Saona, Mosela, Rin y Danubio, que constituyeron los ejes privilegiados de dicha circulación junto con los pasos de los Alpes que comunicaban esa región con Italia.
En este contexto, el asentamiento del Mont Lassois, en Vix, formó parte de un pequeño principado que se benefició de su privilegiada posición como intermediario en esa ruta comercial, hasta que la llegada de las nuevas aristocracias guerreras de la cultura de La Tène lo hizo desaparecer.

Para saber más

Los celtas: el poder del hierro I. VV.AA. Time Life Folio, Barcelona, 1997.
Dama de Vix