Puertas a las estrellas

La orientación de las pirámides de Gizeh

Recientes investigaciones sugieren que, más allá de teorías fantasiosas, las pirámides de la dinastía IV, edificadas hace casi 5.000 años, pudieron tener una orientación estelar, relacionada con la estancia del faraón difunto en el Más Allá

8 de octubre de 2014

Los antiguos egipcios fueron grandes observadores del cielo. Su sistema de medición del tiempo produjo el sofisticado calendario solar que está en la base del nuestro; y también trazaron un completo mapa estelar, pues el firmamento estaba estrechamente vinculado a su religión. Además, alinearon sus templos en busca de la Maat, el orden cósmico, y perfeccionaron patrones de orientación astronómica que los ayudasen en este propósito.


La íntima relación entre el cielo y la tierra se manifiesta igualmente en la orientación de las pirámides. Es sabido que estas construcciones, en particular las que erigieron en la meseta de Gizeh los faraones Keops, Kefrén y Micerinos en torno a 2550 a.C., están orientadas hacia los cuatro puntos cardinales.  La cuestión de cómo las orientaron es una de las más debatidas en la historia de la egiptología.

La atracción de Meskhetyu

Los egipcios designaban con el nombre de Meskhetyu el asterismo del Carro, un conjunto de siete estrellas en la constelación de la Osa Mayor. Se lo representaba bien por una pierna de toro, bien por la azada que se empleaba en la ceremonia de la apertura de la boca, ritual con el que se devolvían los sentidos a la momia del difunto. La importancia de Meskhetyu queda de relieve desde épocas muy tempranas, como demuestra su aparición en los Textos de las pirámides, el conjunto de textos religiosos más antiguo de la humanidad; se los llamó así porque aparecieron en las cámaras funerarias de numerosas pirámides desde 2300 a.C. Allí leemos: «Yo soy el que vive, [...] las dos Enéadas se han purificado para mí en Meskhetyu, la Imperecedera», palabras que reflejan el deseo del rey difunto de viajar al firmamento y convertirse allí en un ente estelar junto a las denominadas «estrellas imperecederas» o inmortales: las estrellas circumpolares, que, a diferencia de las demás, siempre son visibles en el cielo nocturno. Esta idea se remontaría, al menos, a principios del Imperio Antiguo, como el autor de estas líneas ha constatado en la pirámide escalonada del rey Djoser en Saqqara, erigida hacia 2650 a.C. Pero posiblemente refleje tradiciones mucho más antiguas, incluso del período Predinástico, hacia 3100 a.C.


Las pirámides de los faraones de la dinastía IV en Dahshur y Gizeh son las mejor orientadas, con errores que, en términos astronómicos, se sitúan en torno a un cuarto de grado, o 15 minutos de arco

La estrecha unión de Meskhetyu con la realeza y el mundo celeste tiene otra vertiente.En una inscripción del templo de Edfú, del siglo III a.C., se lee: «Observando a Meskhet[yu], he establecido las cuatro esquinas del templo de su majestad»; ello significa que el templo se orientó en la dirección en que Meskhetyu era visible en el horizonte. La orientación se efectuaba mediante la ceremonia del «tensado de la cuerda», en la que el rey, en compañía de la diosa del cómputo del tiempo y de la escritura, Seshat, fijaba el eje y el perímetro de un templo mediante ciertas observaciones, seguramente de carácter astronómico.


De hecho, la observación de las estrellas y de otros cuerpos celestes para orientar los edificios sagrados se registra desde los albores de la civilización egipcia, al igual que la propia ceremonia del tensado de la cuerda, citada en los anales de un soberano de la dinastía I. En particular, Meskhetyu pudo ser siempre la referencia de los egipcios para establecer orientaciones meridianas, esto es, basadas en los astros que son visibles en un meridiano (la línea imaginaria que discurre de norte a sur y divide la bóveda celeste en dos mitades, oriental y occidental).

Las pirámides y el firmamento

No todas las pirámides de Egipto están correctamente orientadas; en realidad, sólo unas pocas de las más de sesenta que conocemos tienen una orientación precisa. Las pirámides de los faraones de la dinastía IV en Dahshur y Gizeh son las mejor orientadas, con errores que, en términos astronómicos, se sitúan en torno a un cuarto de grado, o 15 minutos de arco;  en algunas, como las de Keops y Kefrén, el error es aún menor. Si pensamos que el sol o la luna llena tal como los vemos a simple vista tienen un diámetro de unos 36 minutos de arco, nos daremos cuenta de que semejantes resultados, con errores tan pequeños, sólo estarían al alcance de un observador muy capacitado, con bastante experiencia y dotado de los más precisos instrumentos de la época.


Resulta curioso que las pirámides más antiguas sean las mejor orientadas. Para explicar este hecho se han propuesto diversas teorías, basadas en el empleo de la observación astronómica a fin de determinar la línea norte-sur.  En el siglo XIX, el astrónomo Piazzi Smyth sugirió que para alinear la Gran Pirámide se había utilizado Thuban, que en aquella época era la estrella polar (la que está más cerca del polo celeste a simple vista). La propuesta fue secundada por Heinrich Karl Brugsch, uno de los más reputados egiptólogos de su tiempo. Thuban alcanzó su posición más cercana al polo hacia 2787 a.C., cuando se llegó a encontrar a unos dos minutos de arco de éste. Sin embargo, en tiempos de Piazzi Smyth y Brugsch se ignoraba que  la Gran Pirámide fue construida por lo menos dos siglos más tarde de lo que entonces se suponía, de manera que deberíamos descartar su orientación en base a Thuban.


Según han constatado los científicos,  las pirámides más antiguas sean las mejor orientadas

También se han propuesto métodos de orientación que descansan en la observación del sol o de las sombras provocadas por este astro. En 1931, Ernst Zinner propuso observar la sombra menor producida por un gnomon (una vara hincada verticalmente en el suelo), ya que, en nuestro hemisferio, la sombra que produce el sol al mediodía es la más corta de toda la jornada y se proyecta hacia el norte. Sin embargo, la dificultad de perfilar las sombras impedía alcanzar la precisión requerida. Pero a finales del siglo XX, el artista estadounidense Martin Isler manifestó que las sombras se podían perfilar de manera adecuada mediante ciertas técnicas que podían haber estado disponibles en época faraónica.


Recientemente, y siguiendo esta idea, el arqueólogo Glen Dash, miembro del Guiza Plateau Mapping Project (cuyo objetivo es cartografiar exhaustivamente la meseta de Gizeh), ha realizado experimentos que demuestran que el denominado «método del círculo indio» podría haber proporcionado la precisión requerida mediante la observación del desplazamiento de la sombra solar a lo largo de un día; pero no hay pruebas de que los egipcios conocieran este método.

Un hallazgo fundamental

En la década de 1980, el astrónomo Steven C. Haack descubrió que los errores en la orientación de las pirámides de la dinastía IV y de algunas anteriores y posteriores parecían seguir una correlación temporal. Las pirámides más antiguas estaban peor orientadas que las posteriores, pero el error disminuía hasta alcanzar un mínimo en el reinado de Keops y volvía a aumentar en los monumentos posteriores. Según Haack, habría una causa que explica este soprendente comportamiento: la precesión, el cambio paulatino que registra el eje de rotación de la Tierra. Este importante hallazgo pasó sin demasiada gloria porque Haack postuló que las pirámides estaban orientadas según el orto de ciertas estrellas (esto es, el punto en el que aparecen en el firmamento), método del que se ha probado que no sería lo bastante exacto.


Por esta razón, el método que ha obtenido más apoyo en la literatura egiptológica es el propuesto en 1947 por I. E. S. Edwards. Primero se ha de establecer un horizonte artificial (por ejemplo, un muro de piedra) para evitar los problemas causados por la extinción atmosférica (la pérdida de luz de una estrella cuando atraviesa la atmósfera terrestre) y la refracción cerca del horizonte (el cambio de dirección de la luz). A renglón seguido se debe seleccionar una estrella circumpolar, observarla en su movimiento nocturno y marcar sobre el horizonte artificial las posiciones de su salida y su puesta, que nos indicarían de forma precisa la línea meridiana norte-sur. La supuesta exactitud de este procedimiento, que aún no se ha probado de forma experimental, le ha granjeado el apoyo de la comunidad científica aunque no haya evidencias de su uso.


Ésta era la situación cuando la historiadora de la arquitectura Kate Spence redescubrió las ideas de Haack y propuso en el año 2000 una nueva teoría que incluía lo mejor de las propuestas anteriores: usar el tránsito simultáneo de dos estrellas por el meridiano –en el momento en que ambas estuvieran alineadas en forma vertical– para determinar la línea norte-sur. Spence propuso un par de estrellas en lados opuestos del polo: Mizar (perteneciente a la constelación de Meskhetyu, nuestro Carro)  y Kochab (una estrella de la Osa Menor). Su método proponía una nueva cronología para el Imperio Antiguo que ha resultado errónea, lo que sumado a algunos problemas técnicos casi insalvables ha llevado a  cuestionar esta teoría.

Las estrellas Phecda y Megrez

La labor de Spence tuvo el mérito de obligar a los especialistas a volver sobre el tema. Así lo hizo el autor de estas líneas, al plantear que los egipcios de la era de las pirámides se habrían servido de la alineación vertical de dos estrellas de Meskhetyu, Phecda y Megrez, para determinar la posición del polo celeste y, por tanto, del norte geográfico y de la línea meridiana en torno a 2550 a.C. Tal hipótesis constata, una vez más, que los arquitectos de las pirámides trabajaban con planes maestros sofisticados, en los que se entretejían las cuestiones prácticas y el simbolismo religioso; en este caso, la íntima relación entre las estrellas circumpolares y la existencia del faraón difunto en el Más Allá. Y aunque no podamos decir que el problema de la orientación de las pirámides se haya resuelto definitivamente, es posible que nos encontremos más cerca que nunca de hallar la respuesta adecuada.

Para saber más

Pirámides, templos y estrellas. J. Antonio Belmonte. Crítica, Barcelona, 2012.
La astronomía en el antiguo Egipto. José Lull. Universidad de Valencia, 2004.

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