La lata de conserva: nace la dieta industrial

El francés Nicolas Appert ideó un sistema de conservación de alimentos en vacío que enseguida daría paso a la fabricación industrial de latas de conserva

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GettyImages-464488939. Pote de melaza

Pote de melaza

Nicolas Appert, alrededor de 1795, empezó a colocar los alimentos en un tarro de cristal cerrado herméticamente y a hervirlos durante un cierto período. De esta manera, tal y como descubriría Pasteur en 1860, se mataban los microorganismos, tras lo que la comida se conservaba en perfecto estado y con todo su sabor. En la imagen podemos ver un pote británico de mediados del siglo XX.

Foto: Heritage / Getty images

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Prisma-Leemage 25982-ok. El padre de la lata de conservas

El padre de la lata de conservas

Nicolas Appert (1749-1841) era inventor y empresario. Durante esos revolucionarios años en los que vivió Appert creó una fábrica y suministró sus tarros a la marina francesa. Su invento fue tan importante que en 1810, el gobierno de Napoleón le ofreció 12.000 francos a cambio de publicar su método en un libro.

Foto: Leemage / Prisma

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GettyImages-90742485. Lata de conservas

Lata de conservas

Los tarros de cristal no eran lo suficientemente prácticos y eficientes. Así pues, Philippe de Girard, otro francés, marchó a Londres para explotar el invento aportándole una innovación decisiva: en vez cristal, usaría recipientes de hojalata. En la imagen podemos ver una lata fabricada por la empresa de Bryan Donkin hacia 1815. Mide 14 centímetros de alto por 18 de ancho y actualmente se encuentra en el Museo de la ciencia, Londres.

Foto: Getty Images

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GettyImages-102725617. Abrelatas, un objeto imprescindible

Abrelatas, un objeto imprescindible

Los primeros abrelatas aparecieron en la década de 1850. Algunos de ellos llegaron ha hacerse muy populares, como los decorados con una cabeza y cola de toro, que se repartían con las latas de una carne de vacuno. 

Foto: Getty Images

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GettyImages-463911033. Fábrica de conservas francesa hacia 1870.

Fábrica de conservas francesa hacia 1870.

Justo ese año, en 1870, el estadounidense William Lyman inventó el abrelatas de rueda cortante, lo que popularizó definitivamente este sistema de conservación y consumo de comida. En la imagen se pueden ver los obreros soldando las latas en una fábrica de conservas.

Foto: Getty Images

El francés Nicolas Appert ideó un sistema de conservación de alimentos en vacío que enseguida daría paso a la fabricación industrial de latas de conserva

En el siglo XVIII, la conservación de alimentos se había convertido en una necesidad acuciante para los ejércitos y, todavía más, para los marinos, que a menudo se embarcaban en viajes oceánicos que duraban meses e incluso años. Procedimientos tradicionales de conservación, como la salazón de carne y pescado y el bizcocho (pan sin levadura recocido), tenían limitaciones de tiempo de almacenamiento, de mal sabor y hasta de perjuicios en la salud.

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Fue un francés, Nicolas Appert, de profesión confitero, quien en torno a 1795 ideó un procedimiento de conservación tan sencillo como eficaz. Consistía en colocar los alimentos en un tarro de cristal cerrado herméticamente y hervirlo durante un cierto período –con lo que, como descubriría Pasteur en 1860, se mataban los microorganismos–, tras lo que la comida se conservaba en perfecto estado y con todo su sabor. En esos años de guerras revolucionarias, Appert creó una fábrica con decenas de trabajadores y suministró sus tarros a la marina francesa. En 1810, el gobierno de Napoleón le ofreció un premio de 12.000 francos a cambio de publicar su método en un libro del que se hicieron varias ediciones.

Justo entonces otro francés, Philippe de Girard, marchó a Londres con la intención de explotar económicamente el invento. Girard aportó una innovación decisiva: en vez de tarros de cristal usaría recipientes de hojalata, esto es, láminas de hierro bañadas en estaño. Se asoció con un empresario inglés, Peter Durand, e hizo demostraciones ante la Royal Society de Londres.

Aprobado por la reina

En 1811, Durand vendió la patente a otro empresario, Bryan Donkin, un destacado ingeniero e inventor (se lo recuerda sobre todo por su modelo de máquina de papel continuo). Dos años más tarde, Donkin inauguró la primera fábrica de latas de conserva de la historia. En una clásica artimaña publicitaria, dio a probar sus productos a miembros de la alta sociedad londinense, como el duque de Wellington y el de York, quien a su vez se los ofreció a la reina y el regente, todos los cuales mostraron su "alta aprobación" del resultado.

Otra gran personalidad de la cultura inglesa de la época, Joseph Banks, se prestó a degustar ante la Royal Society de Londres una lata de dos años y medio de antigüedad y declaró que estaba "en perfecto estado de conservación". Donkin se convirtió en suministrador oficial de comida enlatada para la marina británica, aunque inicialmente su uso se limitó a los soldados enfermos, y pese a que cerró su fábrica en 1821, muchas otras tomarían el relevo tanto en Europa como en América.

Llega el abrelatas

Al principio, las latas eran muy pesadas y para abrirlas se requería un esfuerzo considerable. Un manual de instrucciones de un fabricante decía: "Para abrir las latas córtese alrededor de la parte superior con escoplo y martillo". Los primeros abrelatas aparecieron tan sólo en la década de 1850, cuando la mecanización permitió hacer latas más ligeras. Se hicieron muy populares los decorados con una cabeza y cola de toro, que se repartían con las latas de una carne de vacuno. En 1870 el estadounidense William Lyman inventó el abrelatas de rueda cortante. Con ello nada impidió ya que las latas de conserva empezaran a abarrotar las tiendas y las despensas de los particulares.

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