La fundación de Nueva York por los holandeses

En 1626, un grupo de holandeses emigrados a América llegaron a la isla de Manhattan para fundar una colonia. La leyenda cuenta que compraron el territorio a los indígenas por 25 dólares

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El descubridor

El descubridor

El inglés Hudson (1565-1611) exploró la costa de Manhattan en su gran viaje del año 1609.

BRIDGEMAN

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???????. Petición de entrega

Petición de entrega

El gobernador de Nueva Ámsterdam atiende en 1664 a los ciudadanos que le piden que entregue la ciudad a los ingleses sin lucha. Óleo por Jean-Léon Gêrome.

ALBUM

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Una iglesia en Wall Street

Una iglesia en Wall Street

Iglesia de la Trinidad de Nueva York. Levantada a finales del siglo XVII, bajo dominio inglés, fue totalmente reconstruida en el siglo XIX.

GAIL MOONEY / CORDON PRESS

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Nueva Ámsterdam en 1660

Nueva Ámsterdam en 1660

Un mapa realizado justo antes de la conquista inglesa muestra que Nueva Ámsterdam era una población típicamente holandesa, con canales, molinos, parcelas de cultivo y casas alineadas a lo largo de las calles.

BRIDGEMAN

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De Breuckelen a Brooklyn

De Breuckelen a Brooklyn

La toponimia actual de Nueva York conserva muchas trazas holandesas. Brooklyn, por ejemplo, se llamaba en el siglo XVII Breuckelen, igual que una ciudad holandesa próxima a Utrecht. Harlem, al norte de Manhattan, también toma su nombre de la holandesa Haarlem.

FRANCESC XAVIER MIR

Carlo A. Caranci. Historiador

25 de julio de 2012

En 1626, un grupo de holandeses emigrados a América llegaron a la isla de Manhattan para fundar una colonia. La leyenda cuenta que compraron el territorio a los indígenas por 25 dólares

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Nos gustó mucho la llegada a este país. Encontramos hermosos ríos, manantiales barboteantes que fluyen por los valles; ricos frutos en los bosques, como fresas [...], peces en los ríos, buena tierra de labranza [...]. Si tuviéramos ganado para comer, todo lo que deseamos en el paraíso de Holanda se puede encontrar aquí». Así se expresaba en una carta uno de los primeros colonos holandeses que en la década de 1620 se instalaron en la isla de Manhattan, en el asentamiento que ellos mismos bautizaron como Nueva Ámsterdam y que unos decenios después cambiaría su nombre por el de la actual metrópolis de Estados Unidos: Nueva York.

En los primeros años del siglo XVII se fundaron en la costa este de Norteamérica numerosas colonias europeas: de ingleses, presentes desde 1607 en Jamestown (Virginia); de holandeses y, algo más tarde, en 1634, incluso suecos. Los holandeses, gran potencia comercial de la Europa de entonces, llegaron a América siguiendo el rastro de un navegante inglés contratado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, Henry Hudson, que en 1609 exploró porciones de la costa este americana, y en especial los ríos Delaware y Hudson. En 1613, una expedición holandesa remontaba el Hudson y al año siguiente se fundaba Fort Orange, hoy Albany, capital del Estado de Nueva York. Era un puesto dedicado a comerciar con los indígenas de la zona, con artículos como pieles –de nutria, visón y castor–, tabaco, productos agrícolas y, más adelante, también armas.

En 1613, una expedición holandesa remontaba el Hudson y al año siguiente se fundaba Fort Orange, hoy Albany, capital del Estado de Nueva York

El impulso colonizador de Nueva Holanda, como se llamó al conjunto de posesiones holandesas en América del Norte, cobró fuerza en 1621, con la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Ésta obtuvo en exclusiva la explotación de aquellas tierras, donde promovió la fundación de lugares como Hartford, Shenectady y Wiltwyck, en el actual Estado de Nueva York; Fort Nassau, en Nueva Jersey, o Fort Casimir, en Delaware. Pero sería otro asentamiento, en la bahía de Hudson, el que tendría más fortuna. Inicialmente, un grupo de ocho o diez holandeses se establecieron en un islote en el centro de la bahía, llamado isla de la Nuez por la abundancia de nogales y castaños (la actual Governors Island). A apenas un kilómetro del islote se encuentra Manhattan, una isla alargada que bordea el curso del Hudson a lo largo de 21 kilómetros. Y fue a ese lugar donde en 1626 decidieron trasladarse los colonos de la isla de la Nuez, guiados por el nuevo gobernador, Peter Minuit, pensando que aquél era un territorio más extenso y rico, y a la vez fácil de defender mediante un fuerte.

Ahora bien, Manhattan no estaba deshabitado. Todo el conjunto de islas de Long Island, Manhattan, Staten Island y otras estaba dividido entre jefaturas y confederaciones de diversos pueblos indígenas. En Long Island se encontraban los metoac y los manhatta, ambos del grupo montauk, así como los reckgawawanc y algunos grupos de wappinger, quienes también estaban presentes en Manhattan. Dos grupos delaware, los canarsie y los rockaway, se repartían entre la actual zona de Queens (Long Island) y Manhattan. Los wiechquaesgeek vivían justo al norte de Manhattan, en el actual barrio del Bronx, junto a los nipnichsen, mientras que en Staten Island estaba asentado un grupo delaware, los raritan.

Manhattan comprada por 25 dólares

Así pues, al instalarse en la isla de Manhattan, los holandeses tenían forzosamente que entrar en contacto con los grupos indígenas asentados en el territorio. Y es aquí donde surge la leyenda en torno al origen de Nueva Ámsterdam o Nueva York, leyenda que en la actualidad es objeto de debates académicos (y populares) y que presenta diferentes versiones. Se dice, en efecto, que Minuit (o alguna otra persona) «compró» el extremo sur de Manhattan a los indios canarsie, aunque otros autores dicen que fue a los indios wappinger, y otros, a los metoac. El precio: 60 florines, cantidad equivalente a unos 25 dólares de entonces, tal vez unos mil dólares de la actualidad. Naturalmente, a los indígenas no se les pagó con dinero contante y sonante, sino con artículos valorados por los europeos en ese importe.

El único documento que atestigua la venta es una carta conservada en los Archivos de La Haya, escrita por Pieter Schagen al director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, en la que le informa de la «compra a los salvajes» de 9.000 hectáreas de terreno por 60 florines. En el documento no se mencionan los objetos concretos que se entregaron, ni quién fue el «comprador», ni tampoco qué indios fueron los «vendedores». En sí misma una transacción de ese tipo no es improbable; sabemos, por ejemplo, que seis años más tarde el mismo Minuit compró Staten Island a cambio de «hachas, calderos, cuentas de cristal, azadas, telas, leznas, birimbaos».

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El valor de estos objetos era relativo. Para los holandeses valdrían apenas unas decenas de florines; para los indios, en cambio, eran artículos de gran importancia para su vida diaria y también como piezas de intercambio. Por ello, aunque en la actualidad algunos grupos indios se culpan entre sí de una «venta» tan barata, que sería motivo de «vergüenza» para los descendientes de aquellos ingenuos y «estúpidos antepasados», en realidad no parece haber ningún elemento «vergonzoso» en la transacción. Sobre todo si tenemos en cuenta que para los indios no se trataba de una venta de la tierra, es decir, de una enajenación definitiva, sino de una cesión temporal, una especie de usufructo. Para los indios, la tierra y el agua no podían ser objeto de propiedad privada, al contrario que en Europa. Se trata de conceptos jurídicos diferentes, que la Compañía inicialmente no comprendió y que luego, interesadamente, ignoró.

Los pioneros de Nueva York

En cualquier caso, fue de esta forma como surgió, en un extremo de Manhattan, un asentamiento permanente, Nueva Ámsterdam, que al momento se convirtió en la capital de los territorios de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Pronto hubo ganado, huertos, una iglesia, dos molinos, así como al menos treinta casas de madera paralelas a la ribera. Minuit se preocupó desde el principio por la seguridad del puesto: hizo construir un fuerte, llamado Fort Amsterdam, en el extremo del suroeste de la isla, así como un terraplén defensivo por la parte oriental, el Waal, que dio nombre a la actual Wall Street. Se calcula que los primeros pobladores fueron unos 300, muchos de ellos jóvenes de familias pobres captados por la Compañía Holandesa en Ámsterdam.

El enemigo más amenazador para Nueva Ámsterdam fueron los ingleses. La guerra entre ambos países se trasladó al hemisferio occidental

Las relaciones con los indios no siempre fueron pacíficas. La Compañía se consideraba propietaria de las tierras y calificaba a los indígenas de «salvajes», un problema «como los lobos y las serpientes». Surgían conflictos cuando, por ejemplo, los perros de los indios atacaban al ganado holandés, o éste pisoteaba los sembrados de los indios; o cuando «un salvaje ofendió a los holandeses» y éstos se vengaron matando a varios indios inocentes. Los holandeses libraron guerras con los wappinger en 1643-1645, con los susquehanna en 1655 y con los delaware esopus dos años más tarde. Pero el enemigo más amenazador para Nueva Ámsterdam no serían los indígenas sino los ingleses. La guerra entre ambos países en Europa se trasladó al hemisferio occidental, y en 1664 el gobernador de Nueva Ámsterdam entregaba la ciudad a una armada enviada a la zona por el hermano del rey inglés, el duque de York. Pero pese al cambio de soberanía y de nombre, Nueva York conservaría todavía durante largos años su aire de ciudad holandesa.

PARA SABER MÁS

Manhattan: la historia secreta de Nueva York. Russell Shorto. Duomo, Barcelona, 2011.

Nueva York. Edward Rutherfurd. Rocabolsillo, Barcelona, 2011.