Karl Marx: de rebelde a revolucionario

Karl Marx: de rebelde a revolucionario

Estudioso apasionado de la filosofía de Hegel, Marx descubrió como periodista las injusticias sociales y elaboró una teoría de la revolución que plasmó en 1848 en el Manifiesto comunista

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karl-marx-retrato. Líder de "cabeza leonina"

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Líder de "cabeza leonina"

Karl Marx era, a los 24 años, "un poderoso hombre, cuyo espeso pelo negro le salía de sus mejillas, brazos, nariz y orejas [...], lleno de una ilimitada confianza en sí mismo", según un empresario de Colonia. Diez años después, un informe del servicio secreto prusiano, que lo seguía por toda Europa, insistía en esos atributos: "Su aspecto es poderoso. Su tez es muy oscura, sus cabellos y su barba muy negros. No se afeita. Es un hombre de genio y enérgico". Más adelante, esa "cabeza leonina", de "melena negra como el carbón", se convirtió en la icónica mata blanca de profeta bíblico.

Foto: Erich lessing / Album

hegel-karl-marx. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, grabado en forma de medallón.

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Georg Wilhelm Friedrich Hegel, grabado en forma de medallón.

Nacido el 5 de mayo, Marx reinterpretó la filosofía de la historia de Hegel en un sentido revolucionario. A los 17 años el joven Karl entró en la Universidad de Bonn. Allí participó en un duelo, pasó un día en prisión por emborracharse y causar desórdenes y se unió a un club de poetas.

Foto: Age fotostock

treveris-karl-marx. Plaza del mercado de Tréveris, con la iglesia de St. Gangolf al fondo

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Plaza del mercado de Tréveris, con la iglesia de St. Gangolf al fondo

En este pueblo de Prusia nació Karl Marx. Su padre, un rico abogado de ascendencia judía que se convirtió al cristianismo un año antes del nacimiento de su primer hijo Karl, lo introdujo en el pensamiento liberal de la Ilustración y en la crítica al régimen absolutista prusiano.

Foto: Hans Georg Eiben / Getty images

marx-engels-imprenta. Marx y Engels en la imprenta de la Nueva Gaceta Renana, órgano en 1848 y 1849 de la Liga de los Comunistas. Óleo de E. Chapiro. Instituto Marx-Engels, Moscú.

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Marx y Engels en la imprenta de la Nueva Gaceta Renana, órgano en 1848 y 1849 de la Liga de los Comunistas. Óleo de E. Chapiro. Instituto Marx-Engels, Moscú.

Entre agosto y septiembre de 1844, conocieron a quien iba a convertirse en el mejor amigo y protector de la familia: Friedrich Engels. Hijo de un rico industrial textil, escribió una obra que Marx estudió a fondo y que le proporcionó los datos que necesitaba para su teoría de la historia: La situación de la clase obrera en Inglaterra

Foto: Oronoz / Album

engels-amigo-marx. Amigo providencial

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Amigo providencial

Friedrich Engels pertenecía a una familia adinerada propietaria de una industria textil y desde su encuentro con Marx en París, en 1844, se convirtió en su íntimo amigo. Fue su colaborador más estrecho –llegó a escribir artículos que firmaría el propio Marx– y su sostén en los muchos momentos de dificultades económicas del renano.

Foto: Akg / album

congreso-comunista-marx-. Segundo Congreso de la Liga de los Comunistas, en Londres, recreado en este óleo de H. Mocznay. Museo Alemán de Historia, Berlín.

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Segundo Congreso de la Liga de los Comunistas, en Londres, recreado en este óleo de H. Mocznay. Museo Alemán de Historia, Berlín.

Quienes lo trataron entonces resaltaron un rasgo de su carácter que no le abandonaría: la arrogancia intelectual. Así, el crítico literario ruso Pavel Annenkov lo describió como un hombre enérgico, con fuertes convicciones e inquebrantable fuerza de voluntad, de movimientos torpes pero atrevidos, desmañado y falto de modales, de voz metálica, tono áspero y juicios severos sobre las personas y las cosas. En suma, como "un dictador demócrata".

Foto: Akg / album

karl-marx-el-capital. Los años de Londres

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Los años de Londres

Expulsado de Bruselas en 1848, Marx y su familia marcharon a París y Colonia hasta establecerse finalmente en Londres. Allí, los Marx vivieron años de suma pobreza, hasta el punto de que cuando murió uno de sus hijos, Jenny Marx debió pedir dinero prestado para pagar el ataúd. Pese a ello, Marx logró publicar en 1867 el primer volumen de su obra magna: El capital.

Foto: Akg / album

karl-marx-familia. Foto de familia

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Foto de familia

Marx (derecha) y Engels posan detrás de las tres hijas del primero. De izquierda a derecha: Laura, Eleanor y Jenny.

Foto: Akg / album

Karl Marx: de rebelde a revolucionario

Dos siglos después de su nacimiento –el 5 de mayo de 1818–, la figura de Karl Marx ha llegado hasta nosotros asociada al aspecto severo y la frondosa barba blanca que inmortalizó el pionero de la fotografía John Mayall hacia 1870. Tanto que incluso cuesta imaginar que alguna vez existiera un joven tras el icono. Pero lo cierto es que, antes de escribir el Manifiesto comunista en 1848, a los 30 años, Marx había vivido experiencias políticas, intelectuales y personales que marcarían toda su obra.

El padre de Karl Marx era un rico abogado. Él fue un típico joven rebelde que llegó a participar en un duelo y pasar un día en prisión

Crecido en pleno apogeo de la cultura del Romanticismo, Marx fue un típico joven rebelde. Su padre, un rico abogado de ascendencia judía que se convirtió al cristianismo un año antes del nacimiento de su primer hijo Karl, lo introdujo en el pensamiento liberal de la Ilustración y en la crítica al régimen absolutista prusiano (Renania, región natal de Marx, pertenecía entonces a Prusia). A los 17 años el joven Karl entró en la Universidad de Bonn. Allí participó en un duelo, pasó un día en prisión por emborracharse y causar desórdenes y se unió a un club de poetas.

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Al año siguiente ingresó en la Universidad de Berlín para estudiar derecho y filosofía. Fue allí donde entró en contacto con el pensamiento de Hegel, el filósofo más influyente de la época. Marx pronto se alineó con la corriente de los llamados Jóvenes Hegelianos, un círculo de discípulos de Hegel que hicieron una interpretación democrática y laicista del pensamiento de su maestro. Entre ellos, sobresalían el filósofo y teólogo bávaro Ludwig Feuerbach –quien afirmó que "no tener religión es mi religión"–, el escritor y periodista sajón Arnold Ruge y el joven profesor de teología Bruno Bauer, que se convirtió en tutor del joven Marx.

Marx expulsado de la universidad

Al principio, los Jóvenes Hegelianos se identificaban con el liberalismo y propugnaban una oposición leal al régimen, pero los choques constantes con las autoridades los llevaron a radicalizarse. De resultas, el gobierno cerró las puertas de la universidad a los miembros del grupo, que se vieron abocados a trayectorias vitales y profesionales más inseguras. Fueron, en cierto sentido, una generación perdida de la vida intelectual alemana.

El año 1841 significó para Marx el paso a la edad adulta: "Hay momentos en la vida –escribió a su padre– que señalan, como hitos en un terreno, el fin de una época, pero a la vez apuntan decididamente a un nuevo rumbo". Forzado a renunciar a una carrera académica, Karl encontró su nueva orientación como escritor free lance gracias al proyecto del jurista Robert Jung y el intelectual radical Moses Hess, quienes lanzaron un periódico sobre política y economía llamado Gaceta Renana. Ahí fue donde Marx empezó a afinar su voz propia, una mezcla singular de filosofía y crítica política. Una de sus primeras colaboraciones fue una defensa de la libertad de prensa, que caracterizó como "el espejo espiritual en el que un pueblo se contempla" y que fue, junto con la libertad de comercio, una de las causas que con más fuerza abrazó entonces.

Una de sus primeras colaboraciones del joven Karl Marx fue una defensa de la libertad de prensa

Marx no tardó en engrosar el equipo editorial y ejercer de director informal de la gaceta, que gracias a él triplicó su tirada, por lo que se atrajo las suspicacias del gobierno. Marx escribía sobre asuntos locales, como la situación de los viticultores del Mosela o la ley que prohibía recoger leña en los antiguos bosques comunales, pero en el fondo dirigía una crítica global al Estado prusiano, que así lo entendió, y respondió prohibiendo la publicación en marzo de 1843. "No puedo hacer nada en Alemania", se quejó Marx.

Aun así, ese fue un año memorable para él. Empezó a escribir su primera obra teórica, una Crítica de la filosofía del derecho de Hegel donde esbozó sus ideas sobre la alienación y expresó sus convicciones republicanas y democráticas, separándose del maestro. En junio, contrajo matrimonio con Jenny von Westphalen. Ella era hija de Johann Ludwig von Westphalen, un aristócrata y alto funcionario prusiano amigo del padre de Marx, Heinrich, y protector del propio Karl, a quien dio a conocer las obras de Shakespeare. El enlace provocó recelos en ambas familias, por la diferencia de edad –ella era cuatro años mayor que él– y por el incierto futuro económico de la pareja. Pero Jenny, una mujer con talento, encanto e inteligencia, no dudó y fue su compañera vital e intelectual hasta su muerte en 1881, dos años antes que él.

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Entretanto, Arnold Ruge había decidido fundar en París una nueva publicación lejos de la censura prusiana, los Anales franco-alemanes, y quiso contar con Marx para el proyecto. Aceptando su invitación, a finales de octubre Karl y Jenny partieron a Francia, donde vivieron un momento decisivo.

La época parisina

París era entonces el "gran hervidero mágico en el que bulle la historia del mundo", como la describió Ruge. Una ciudad en efervescencia, con una vida social, política y cultural única en Europa. Allí, Marx leyó con avidez a los socialistas franceses Saint-Simon, Cabet y Fourier, así como a los economistas británicos Ricardo y Smith. Además, trató al poeta Heine, a Proudhon –autor del panfleto ¿Qué es la propiedad?, con la famosa respuesta: "La propiedad es un robo"– y al anarquista Bakunin, que más adelante sería uno de sus principales antagonistas.

París era entonces el "gran hervidero mágico en el que bulle la historia del mundo", como la describió Ruge

Empezó a frecuentar círculos obreros y admiró su capacidad de organización: en ellos "la fraternidad de las personas no es una frase hueca, sino una hermosa realidad. En sus semblantes, endurecidos por el trabajo, resplandecen los sentimientos más nobles de la humanidad". En cambio, se mostró muy crítico con las teorías que surgían en torno a estos grupos, juzgándolas utópicas o románticas, y se marcó como misión elaborar una doctrina comunista "científica".

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En mayo de 1844, Jenny y Karl tuvieron su primera hija, a la que llamaron también Jenny. Entre agosto y septiembre, conocieron a quien iba a convertirse en el mejor amigo y protector de la familia: Friedrich Engels. Hijo de un rico industrial textil, escribió una obra que Marx estudió a fondo y que le proporcionó los datos que necesitaba para su teoría de la historia: La situación de la clase obrera en Inglaterra. Fue el comienzo de una gran amistad y una colaboración intelectual que perduró toda la vida, cuyo primer fruto apareció en 1845 con el título de La sagrada familia, un ajuste de cuentas con su herencia hegeliana y, en particular, con su antiguo mentor Bruno Bauer.

Consideró la religión como una expresión alienada de la humanidad y dijo de ella que era "el opio del pueblo"

A la postre, de los Anales se publicó un solo número, pero los dos artículos que Marx escribió constituyen hitos importantes en el desarrollo de su visión del mundo. En el primero, "Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel", consideró la religión como una expresión alienada de la humanidad y dijo de ella que era "el opio del pueblo". Pero no se quedó ahí. Para él, la crítica de la religión no era un fin en sí misma: "La crítica del cielo se convierte así en una crítica de la tierra; la crítica de la religión, en la crítica de la ley; la crítica de la teología, en la crítica de la política". En el segundo, titulado "Sobre la cuestión judía" y acusado a veces, injustamente, de antisemitismo, enunció por primera vez la idea de que la emancipación humana estaba ligada al fin del capitalismo.

Exilio en Bruselas

Tras la experiencia fracasada de los Anales, los Marx contribuyeron a sacar Vorwärts ("Adelante"), un periódico obrero que apareció sin previa autorización oficial. Ése fue el motivo por el que el ministro de Interior lo clausuró y decretó la expulsión de Francia de su comité de dirección: Marx, Heine y Ruge. En febrero de 1845, la familia Marx abandonó París para instalarse en Bruselas. Al cabo, sólo permaneció 15 meses en la capital francesa, pero fueron determinantes. Y casi los únicos en los que Karl conoció a hombres con los que mantuvo vínculos cordiales e intercambios fértiles, incluso cierta intimidad.

La cordialidad y la agitación aún estuvieron presentes en la vida de los Marx en Bruselas, una ciudad acogedora donde reinaba cierta libertad y donde nació su segunda hija, Laura. La situación económica de la familia se hizo cada vez más precaria. Sólo las ayudas de Engels y de sus amigos y seguidores en Alemania le permitieron salir a flote. A pesar de ello, Marx, durmiendo apenas cuatro horas diarias, siguió embarcado en el estudio de la economía política, la historia y las teorías socialistas.

El crítico literario ruso Pavel Annenkov lo describió como "un dictador demócrata"

Quienes lo trataron entonces resaltaron un rasgo de su carácter que no le abandonaría: la arrogancia intelectual. Así, el crítico literario ruso Pavel Annenkov lo describió como un hombre enérgico, con fuertes convicciones e inquebrantable fuerza de voluntad, de movimientos torpes pero atrevidos, desmañado y falto de modales, de voz metálica, tono áspero y juicios severos sobre las personas y las cosas. En suma, como "un dictador demócrata".

En Bruselas, Marx preparó, con Engels, dos obras importantes que sólo vieron la luz póstumamente: La ideología alemana y las Tesis sobre Feuerbach. Con el primer título se conocen una serie de manuscritos en los que Marx desarrollaba su concepción materialista de la historia, según la cual las sociedades son el reflejo de sus relaciones económicas y materiales: cuando las relaciones cambian, las sociedades se transforman, lideradas por una clase dominante.

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Esa era entonces la burguesía, pero tras ella debía alzarse una nueva clase, el proletariado, para derribar el orden establecido y poner fin a la opresión de clase. Tal era también la misión personal de Marx, como decía un célebre pasaje de las Tesis sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo".

Hacia el ‘Manifiesto’

Siguiendo su propio consejo, en junio de 1845 Marx viajó a Mánchester y Londres para establecer contacto con exiliados alemanes y los militantes ingleses del movimiento cartista. A la vuelta, creó un Comité de Correspondencia Comunista para tejer una red internacional con ramificaciones en Francia, Inglaterra y Alemania. Fue el embrión de la Liga de los Comunistas, nacida en junio de 1847.

El Manifiesto comunista, que recapitulaba, en un lenguaje enérgico y comprensible para todos, la teoría marxista de la historia y de la revolución

Para entonces Marx había ya roto violentamente con las demás formas de socialismo y comunismo, considerando la suya la única válida. Por ejemplo, tuvo un ruidoso encontronazo con el sastre y orador obrero Wilhelm Weitling, que despreciaba la teoría y prefería la apelación a los sentimientos del pueblo. "¡Hasta hoy, la ignorancia no ha ayudado a nadie!", le espetó Marx. Igualmente, respondió a la Filosofía de la miseria de Proudhon con una crítica ácida titulada Miseria de la filosofía. Esos gestos le granjearon no pocos enemigos, pero también asentaron su fama de pensador implacable.

Por eso, en el segundo congreso de la Liga de los Comunistas, celebrado en diciembre de 1847, el comité londinense confió a Marx y Engels la redacción de un documento que enunciara las aspiraciones del grupo. Ellos aceptaron el reto y, de vuelta a Bruselas, no sin ciertas dilaciones, Marx terminó de redactar, a finales de enero de 1848, el Manifiesto comunista, que recapitulaba, en un lenguaje enérgico y comprensible para todos, la teoría marxista de la historia y de la revolución.

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Pocos días después estallaba en París una revolución que se extendería enseguida por toda Europa. El Manifiesto de Marx apenas tuvo repercusión en aquel ciclo revolucionario ni en las décadas siguientes. Pero, desde 1880, el "fantasma" del comunismo y el llamamiento a la unión de los "proletarios de todos los países" empezaron a recorrer Europa y el resto del mundo.

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