La escultura y el culto al hombre

En sus estatuas monumentales, realizadas para Florencia o para los sucesivos papas, Miguel Ángel plasmó el ideal de humanidad de su tiempo

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La Piedad del Vaticano

La Piedad del Vaticano

Poco después de llegar a Roma, en 1498, Miguel Ángel recibió un encargo que despertó todo su genio creador. Se trataba de una estatua funeraria para el cardenal francés Jean de Billheres, un miembro de la corte papal de Alejandro VI, el papa Borgia. El tema era el de la Piedad, recurrente en la época,pero Miguel Ángel lo planteó de forma original. Frente al patetismo de las piedades nórdicas, el florentino plasmó la idea de redención sin ahondar en el sufrimiento de Jesucristo y su madre. Las figuras encarnan una belleza inmaculada e inalterable,expresión de la salvación de la humanidad propiciada por el sacrificio de Cristo.

Foto: AP / Gtres

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El David de Florencia

El David de Florencia

Una cofradía ligada a la catedral de Florencia, formada principalmente por miembros del influyente gremio de la lana, encargó a Miguel Ángel, en 1501,una estatua que representara a David derrotando a Goliat. Buonarroti rompió con la iconografía habitual en la que el héroe aparece como vencedor con la cabeza de Goliat. Prefirió representar el momento previo a la acción,cuando el joven se prepara para el desigual combate. Destaca la desproporción de las manos y la cabeza respecto al cuerpo,expresión quizá de la idea de República: la cabeza simbolizaría el ideal, y las manos, el instrumento para el cambio de régimen.

Foto: AP / Gtres

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El sepulcro de Julio II

El sepulcro de Julio II

Cuando el Papa Julio II encargó a Miguel Ángel, en 1505, la realización de su monumento funerario, poco podía imaginar el artista que sólo podría dar conclusión a su obra cuatro décadas más tarde. Fue éste uno de los proyectos más ambiciosos del genio florentino. El centro del conjunto lo ocupa una estatua de Moisés, en la que se ha visto un retrato idealizado de Julio II, aunque también contiene rasgos del propio artista. Se le representa en un momento de quietud previo a la acción, con el pie retrasado, el brazo que señala las tablas de la Ley, el movimiento ondulante de las barbas y la profundidad de la mirada.

Foto: AP / Gtres

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La tumba de los Médicis

La tumba de los Médicis

Durante su larga etapa de residencia en Florencia (1519-1534), Miguel Ángel recibió el encargo de realizar las dos tumbas de los Médicis en la sacristía nueva de San Lorenzo. La tumba de Lorenzo de Médicis está presidida por una figura central, que lo representa en actitud contemplativa, instrospectiva. Como atributos lleva una piel de león, un cofre con monedas (símbolo del tributo a pagar para entrar en el reino de los cielos) y un pañuelo. El personaje viste una armadura de tipo clásico. No hay emblemas familiares, ni ningún epitafio alude a sus hazañas, lo que indica una intención idealizante más que conmemorativa.

Foto: AP / Gtres

En sus estatuas monumentales, realizadas para Florencia o para los sucesivos papas, Miguel Ángel plasmó el ideal de humanidad de su tiempo

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Miguel Ángel Buonarroti: el genio del Renacimiento

Miguel Ángel Buonarroti: el genio del Renacimiento

El arte en el Renacimiento se desarrolló en el marco de una nueva corriente de pensamiento: el Humanismo. El germen del Humanismo tuvo su origen en la Italia de finales del siglo XIV, y se desarrollaría durante los siglos posteriores acabando con una concepción del mundo que en Europa, se dilataría por más de mil años, durante toda la Edad Media.

Es este el momento en el que, entre las grietas de una noción eminentemente teocéntrica del mundo y de la existencia humana, arte y ciencia comienzan a abrir paso al antropocentrismo: donde el hombre y la naturaleza empiezan a ocupar el eje central del pensamiento, la filosofía y la cultura. A su vez, el Humanismo sembraría la simiente para el florecimiento, siglos después, de la Ilustración y el estallido de la Revolución Francesa.

Así, con un renovado interés por la civilización greco-romana y un ávido afán de conocimiento, en su traducción artística, este nuevo movimiento ideológico trató de interpretar la naturaleza para plasmarla con total libertad en todas sus disciplinas, bien a trazo de pincel, a punta de pluma o a golpe de cincel.

En este sentido quizá sea, en términos generales en la escultura de la época, y abordando la obra Miguel Ángel en particular, donde encontremos la máxima expresión artística del ideal humanista. La escultura del Renacimiento hundiría sus cimientos en la Antigüedad Clásica así como en su mitología. Se caracterizó por la representación del cuerpo humano desnudo a través de una técnica muy perfeccionada. Para los escultores renacentistas, la expresión matemática de la naturaleza se vería encarnada en la figura humana, donde quedaba representado el ideal absoluto de belleza durante el Renacimiento.

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De este modo, la producción escultórica de Buonarroti es el testigo pétreo de esta influencia clásica, siendo la representación del cuerpo humano, y más concretamente de la silueta masculina –lo que se explica a través de la homosexualidad del genio-, una obsesión constante en su carrera.

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