Grandes descubrimientos

El tesoro de Tillya Tepe y la civilización perdida de Afganistán

El soberbio ajuar funerario hallado en 1978 por un arqueólogo soviético reveló la brillante cultura de Asia Central a inicios de la era cristiana

En 1978, el arqueólogo soviético Viktor Ivanovich Sarianidi llegó al noroeste de Afganistán para iniciar una excavación en un lugar de nombre evocador: Tillya Tepe, la «colina dorada». El yacimiento había sido descubierto nueve años antes y Sarianidi quería confirmar si correspondía a alguno de los grandes Estados que se formaron en Asia Central a principios de la era cristiana, sobre los que se poseía muy escasa información.

Al cabo de algunas semanas de trabajo, los arqueólogos desenterraron seis tumbas en cuyo interior se guardaba un riquísimo ajuar: más de veinte mil objetos, entre ellos una enorme cantidad de discos de oro, joyas, monedas y armas. Sarianidi llegó a la conclusión de que las tumbas pertenecían a nobles de Bactriana, una región de Asia Central conquistada por Alejandro Magno en el siglo IV a.C., que conformó un poderoso reino en el que se reunían influencias helenísticas, indias y persas. El arqueólogo creyó que eran concretamente nobles kushanos, un pueblo nómada procedente de Xinjiang, en el oeste de China, que conquistó el reino grecobactriano en el siglo II a.C. y acabó adoptando sus costumbres.

Salvar el tesoro

Sin embargo, el momento del hallazgo de las tumbas y de su espectacular tesoro no podía haber sido peor. En 1978, Afganistán vivía en un ambiente de guerra civil, con los comunistas que habían tomado el poder en Kabul y los muyaidines de las distintas tribus de las regiones montañosas que se preparaban para lo que iba a ser una larga guerra contra el ejército soviético, que invadió el país al año siguiente. Tillya Tepe no quedó al margen de esta situación. Sarianidi recordaría más tarde cómo «una mañana aparecieron a caballo unos hombres armados de unas tribus, como demonios de la arena surgidos del desierto; rodearon Tillya Tepe e hicieron airadas preguntas. Los asustados trabajadores nos imploraron que no dijéramos nada o nos fusilarían». Esa vez el peligro pasó, pero Sarianidi comprendió que había que poner a salvo los tesoros hallados, por lo que en febrero de 1979 decidió trasladarlos a Kabul.

La prolongación de la guerra afgana hizo que ni siquiera en el Museo de Kabul estuvieran seguras las piezas de Tillya Tepe. Así, en 1989, un comité de arqueólogos y conservadores –del que formaba parte Sarianidi– decidió esconder el tesoro en la cámara acorazada del Banco Central de Kabul, en el interior del Palacio Presidencial. Los miembros del comité acordaron no revelar a nadie la nueva localización del tesoro. Abdul Wasey Feroozi, miembro afgano del comité, declaró luego: «Nos dijimos que no se lo diríamos a nadie, ni siquiera a nuestras esposas, y así fue hasta trece años después». En el año 2004, todos ellos pudieron ver con especial emoción cómo aquellos valiosos objetos eran extraídos de los arcones de seguridad y trasladados de nuevo a las vitrinas del Museo de Kabul, que acababa de ser reconstruido y rehabilitado.

Tumbas regias

Tillya Tepe fue hace unos 3.200 años el emplazamiento de un templo dedicado al fuego, compuesto por una gran plataforma y flanqueado por muros y torres circulares. A mediados del I milenio a.C., el lugar había quedado abandonado, pero más tarde, en el siglo I a.C., se convirtió en una necrópolis para los pueblos que vivían en la zona. Concretamente, Sarianidi interpretó que las seis tumbas excavadas y estudiadas pertenecieron a aristócratas nómadas locales, quizás una familia real que vivió en el cercano enclave de Yemshi-Tepe.

Los innumerables tesoros que contenían estas tumbas, datadas en el siglo I d.C., indican que los entierros debieron realizarse de un modo velado, muy posiblemente durante la noche. Los cuerpos fueron introducidos en ataúdes de madera que se depositaron en fosas excavadas con tal propósito y cubiertos con tierra. De los seis enterramientos, cinco eran de mujeres y sólo uno pertenecía a un varón, identificado con la figura de un príncipe. Todos los cuerpos estaban cubiertos por ricos atuendos, adornados con oro y piedras preciosas. En los ajuares se hallaron pendientes, cinturones, brazaletes, collares, armas y coronas, elaborados con materiales preciosos: oro, turquesa, cornalina y lapislázuli.

La gran cantidad de objetos de oro localizados sorprendió a los arqueólogos, y algunas piezas de particular belleza –como la corona y unos pendientes hallados en la tumba de quien fuera muy posiblemente una princesa– atrajeron la atención del gran público, que conoció el hallazgo gracias, entre otros, a un reportaje de National Geographic Magazine de 1990. Asimismo, los objetos desenterrados ofrecen una preciosa clave para saber más sobre el período conocido como la Edad Oscura de Asia Central.

Imperio multicultural

Es posible que, como creía Sarianidi, las tumbas estén relacionadas con el Imperio kushano, que se extendió desde el actual Tayikistán hasta el mar Caspio y desde Afganistán hasta el valle del Ganges. Pero hoy día los estudiosos creen que las piezas localizadas, en particular las monedas, presentan mayor afinidad con los partos que vivían en el noroeste de Irán. De lo que no hay duda es de que Tillya Tepe se hallaba en el centro de una tupida red de conexiones e influencias de diversas culturas que se extendía por Asia Central, a lo largo de la Ruta de la Seda. De ahí el origen variopinto de las piezas que forman su tesoro, en el que hallamos un cinturón de oro con una diosa flanqueada por dos leones, motivo asociado al mundo parto, monedas romanas, partas e indias, e incluso un espejo de plata con caracteres chinos.

Para saber más

Gandhara, la memoria de Afganistán. Berenice Geoffroy-Schneiter y H. Kliczkowski. Madrid, 2003.