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El legado de Roma

El legado de Roma

El legado de Roma

Quince siglos después de su caída, la influencia del Imperio romano sigue viva en nuestra cultura.

A juzgar por lo que él mismo explica, Quinto Horacio Flaco fue un pésimo soldado. En las guerras civiles luchó con el bando perdedor. Cuando oyó la orden de “¡al ataque!”, soltó el escudo y echó a correr como un demente en dirección contraria. De regreso en Roma consiguió un puesto de burócrata subalterno como amanuense de un cuestor, un trabajo de poca monta pero que le dejaba tiempo libre para escribir poesía. Llegó a conocer a eminentes arquitectos y constructores, jueces, escultores y líderes políticos. Sin embargo, Quinto Horacio Flaco jamás gobernó una provincia, no levantó acueductos ni templos, no creó impresionantes esculturas de bronce.Pero aún así, cuando aquel noble romano –a quien se conoce como Horacio- decidió en 23 a.C. examinar los logros de su vida, llegó a la conclusión de que su contribución a la poesía sobreviviría a todas las hazañas de soldados y constructores:Exegi monumentum aere perenniusRegalique situ pyramidum altius...Non omnis moriar...“He terminado un monumento más duradero que el bronceY más alto que la vieja mole de las reales pirámides...No moriré del todo...”Lea el artículo completo en la revista.