Cuando Al Capone gobernaba en Chicago

"Se llega más lejos con una sonrisa y una pistola que solo con una sonrisa". Esta frase de uno los gángsters más célebres de la historia define la política y la idiosincrasia de Al Capone

25 de enero de 2018

Hijo de padres napolitanos emigrados a EEUU durante la última década del siglo XIX, Al Capone nació ya en Nueva York. Desde muy joven, empezó a escalar posiciones dentro de las organizaciones mafiosas de la gran manzana –se inició como guardaespaldas de uno de los jefes– hasta que fue trasladado a Chicago, donde desarrolló su corta pero intensa carrera de gángster.

Precisamente cuando Al Capone llegó a Chicago, el gobierno estadounidense estaba a punto de aprobar la 18ª enmienda a la Constitución, según la cual entraba en vigor la famosa Ley Seca. La prohibición de la venta y el consumo de alcohol tuvo efectos dramáticos en cuanto al tráfico ilegal y a la corrupción política, algo de lo que se beneficiaron las organizaciones mafiosas como la de Al Capone. Los diferentes grupos étnicos en que se había organizado el hampa de Chicago consiguieron ponerse de acuerdo para sacar un beneficio común: acababa de nacer el sindicato del crimen.

En un intento por limpiar su imagen abrió en 1930 la "Gran cocina de Al para los necesitados"

Sin embargo, el ascenso del sindicato del crimen se cobró numerosas víctimas por el camino. Uno de los episodios más recordados es la matanza de San Valentín, en febrero de 1929. Ordenada por Al Capone (apodado Scarface, "cara cortada", por las cicatrices que un cuchillo había dejado en su rostro), dañó considerablemente la imagen de alguien que en sus tarjetas de visita se presentaba como vendedor de antigüedades. En un intento por limpiar su imagen, y después de que en octubre de aquel año estallara la Gran Depresión –la crisis que arrasó la economía estadounidense–, abrió en 1930 la "Gran cocina de Al para los necesitados", que alimentaba gratuitamente a 3.500 personas cada día, actividad a la que destinaba 300 dólares diarios. Una cantidad que contrasta con los 15.000.000 de dólares anuales que, según se ha calculado, dedicaba a sobornar a policías, agentes de la prohibición y políticos locales para garantizar su impunidad.

A pesar de la libertad con la que actuaba Capone –quien llegó a ganar 60 millones de dólares al año– la brutalidad de los crímenes forzó la intervención del gobierno. Eliot Ness y su equipo de “los intocables" fueron los encargados de liderar la persecución, y finalmente lograron que Al Capone entrara en prisión en 1932 por un delito de evasión de impuestos para cumplir una sentencia de 11 años. Después de su paso por la cárcel, Al Capone ya nunca volvería a ser el mismo.

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