Aztecas: guerra y poder en el valle de México

Los restos arqueológicos aportan valiosa información sobre los diferentes aspectos culturales de los aztecas. El último imperio mesoamericano fotografiado por Kenneth Garrett y Peter Essick

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Un guerrero águila aparece representado en esta figurilla de terracota hallada en Tenochtitlan. Los ejércitos aztecas, altamente organizados para la guerra y captura de prisioneros, estaban divididos en órdenes, como las del Águila y del Jaguar.

Kenneth Garrett

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En Malinalco, centro ceremonial a unos 100 kilómetros al sur de Tenochtitlan, Ahuitzotl hizo construir hacia 1501 el Cuauhcalli («Casa del Sol» o «Casa de las Águilas»), un templo semicircular tallado en la roca en cuya cumbre se conserva un altar con representaciones de águilas y jaguares. Aquí se entrenaba y consagraba la élite militar azteca, que veneraba estos dos animales por su potencia y valor.

Peter Essick

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Vaso ritual policromo procedente del Templo Mayor.
 

Kenneth Garrett

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Los aztecas incorporaron a su propio panteón antiguos cultos y divinidades de otras culturas anteriores y pueblos conquistados. Mictlantecuhtli, dios de las sombras, regía el inframundo y la morada de los muertos. En una figurilla procedente de las excavaciones del Templo Mayor se le representa con un esqueleto humano, una calavera con muchos dientes, y el hígado, símbolo de las pasiones, saliendo del estómago. Tlaloc, dios de la lluvia y de la fertilidad, es originario de Teotihuacán.

Kenneth Garrett

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Tlatelolco, la ciudad gemela de Tenochtitlan, albergó uno de los mercados más grandes de Mesoamérica. Centro comercial de primer orden, abastecía la metrópoli con todo tipo de productos procedentes de las regiones más remotas. La ciudad fue destruida por los españoles, pero se conservan algunas estructuras piramidales del recinto sagrado, junto a la iglesia barroca de Santiago Tlatelolco.
 

Peter Essick

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La muerte y sus ritos son un tema recurrente en la expresión plástica azteca, y una manifestación del poder político y religioso. Los tzompantli, como éste esculpido en piedra y hallado junto al Templo Mayor, eran altares donde los aztecas colocaban los cráneos de las víctimas decapitadas, por lo general prisioneros de guerra, con el fin de honrar a sus dioses.

Kenneth Garrett

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Los ojos falsos incrustados en las cuencas y dos hachas de pedernal clavadas donde una vez estuvieron la nariz y la lengua dan una expresión escalofriante a este cráneo humano procedente de las excavaciones de Tenochtitlan.

Kenneth Garrett

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El cerro Texcotzinco, al nordeste de la metrópoli, floreció gracias a una avanzada ingeniería hidráulica destinada al culto a la divinidad del agua y al abastecimiento de las poblaciones cercanas. Nezahualcóyotl, un ilustrado tlatoani de Texcoco (1402-1472), ordenó la construcción de sofisticadas estructuras como el Acueducto, el Baño del Rey, el Baño de la Reina, e incluso un jardín botánico.

Peter Essick

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«Fotografiar un objeto de cuatro metros cuadrados no siempre es fácil», afirma el fotógrafo Kenneth Garrett, autor del reportaje sobre los aztecas. El famoso monolito de Tlaltecuhtli, hallado junto al Templo Mayor, había aparecido partido en cuatro fragmentos, y todo el mundo quería ver la imagen completa de la diosa. Una vez ensamblados los trozos, había que fotografiarlo desde arriba, pero el director del museo dijo que no debía suspenderse nada sobre la piedra. «Con una escalera muy alta, una pértiga y una lente de 24 milímetros descentrable (que corrige las distorsiones geométricas), logré simular una visión cenital, cambiando la perspectiva de la lente –dice Garrett–. Monté las luces estroboscópicas y empecé a disparar por control remoto. Las imágenes iban saliendo bien. Luego pudimos hacer todos los ajustes lumínicos necesarios y ver los resultados en el ordenador.»

Kenneth Garrett

Los restos arqueológicos aportan valiosa información sobre los diferentes aspectos culturales de los aztecas. El último imperio mesoamericano fotografiado por Kenneth Garrett y Peter Essick

Caballeros águila y jaguar entrenados para conquistar ciudades y territorios, guerreros cazadores de víctimas con las que apaciguar la ira de los dioses, y asegurar así el ciclo eterno de la vida. Monarcas poderosos que ordenaron la construcción de templos, mercados, palacios y jardines. Los aztecas fueron el último de una serie de pueblos que a lo largo de los siglos poblaron el valle de México, artífices de un imperio tan eficaz e implacable como efímera su existencia.