Editorial

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

editorIalenero

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23 de diciembre de 2009

En marzo de 1974, uno de los descubrimientos arqueológicos más grandes de la historia dio la vuelta al mundo. Un grupo de campesinos de Xiyang, un pequeño pueblo de la provincia china de Shaanxi, halló casualmente, mientras cavaba un pozo en un terreno de cultivo, el ejército de guerreros de terracota que fue enterrado junto a la tumba del primer emperador chino, Qin Shi Huangdi: 8.000 figuras de un impresionante séquito imperial que incluía, además de soldados, altos dignatarios y otros funcionarios de la corte, así como caballos, carros de combate y distintos objetos de la vida cotidiana.
Este conjunto funerario es revelador de la importancia en la cultura china de la veneración a los muertos y del significado ritual del tránsito a otro mundo más allá de la muerte. El artículo de este mes «Espíritus inquietos» nos habla de algunas tradiciones milenarias relacionadas con el culto a los ancestros, y de su pervivencia en la China actual. De la mano del escritor Peter Hessler, afincado desde hace años en Beijing, viajamos a una aldea cercana a la capital durante la celebración del Qingming, o «día de la claridad brillante». Las elaboradas ceremonias que rinden homenaje a los antepasados siguen más vivas que nunca. Pero hoy, el gigante asiático avanza vertiginosamente hacia la modernidad, y los cementerios ceden paso a la expansión urbanística. El vínculo entre el pasado y el presente parece más frágil que nunca…