Editorial: umbrales del más allá

Agosto de 2013

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23 de agosto de 2013

No todos los yacimientos mayas que han llegado hasta nuestros días se reducen a los pintorescos templos que emergen del dosel de la selva mesoamericana. Algunos vestigios yacen decenas de metros bajo el suelo, sumergidos en las profundidades de recónditas cuevas inundadas de agua. ¿Qué razón llevó a los antiguos mayas a construir en esos laberintos casi inaccesibles y dejar constancia de sus actos rituales? ¿Y cómo lo hicieron?

El mexicano Guillermo de Anda, arqueólogo subacuático y Explorador Emergente de National Geographic, lleva años descendiendo a cuevas y cenotes (pozos naturales sagrados) para responder esos interrogantes. «Todas esas cavidades eran consideradas el umbral de la vida más allá de la muerte, morada de dioses y un lugar sobrenatural –explica De Anda–. Todo tenía su origen en ellas, desde la fertilidad hasta la lluvia.»

El reportaje de portada de este mes «Secretos del mundo sobrenatural maya» recoge los recientes trabajos del arqueólogo y su equipo en Chichén Itzá, en la península de Yucatán. Sus hallazgos en el cenote Holtún, cercano a la célebre pirámide de El Castillo, sugieren que las grandes ciudades de Mesoamérica se construyeron según elaborados criterios astronómicos que a su vez tienen que ver con los ciclos agrícolas y en función de una geografía sagrada compuesta de cuevas, cenotes, ríos y lagunas. No en vano los investigadores han comprobado que El Castillo se erige en la intersección de dos líneas imaginarias que unen cuatro cenotes entre sí. «La ciudad misma sería una representación del cosmos maya, un centro del mundo simbólicamente protegido por los cenotes», afirma De Anda.

La arqueología subacuática está proporcionando hoy las claves de muchos de los enigmas que aún encierra aquella civilización. «Explorar las cuevas resulta complicado –admite–. Los antiguos mayas no nos lo pusieron fácil, y las pistas no pueden ser más remotas; pero, cuanto más duro es llegar hasta ellas, mejores son los descubrimientos que nos aguardan.»