Editorial: El futuro del pasado

Diciembre de 2013

editorialdiciembre2013

editorialdiciembre2013

6 de enero de 2014

Nunca podremos saber con precisión el aspecto original que tuvieron muchas de las obras de arte y monumentos de nuestra historia en el momento de su máximo esplendor, cuando fueron creados. Ninguna imagen fidedigna del Coloso de Rodas, del faro de Alejandría o del templo de Salomón ha llegado hasta nosotros. Para visualizar, a partir de lo que aún queda en pie, cómo debieron de ser en realidad el Partenón, el Foro romano o Persépolis, hay que recurrir a toda la información que los estudiosos han sido capaces de recopilar. Pero, sobre todo, es un ejercicio de imaginación. La destrucción del patrimonio, ya sea por el paso del tiempo, las catástrofes naturales o la agresión humana, supone una pérdida irreemplazable.
La arqueología, que investiga el pasado a partir de los restos hallados y de su contexto histórico, tiene hoy en la tecnología 3D, el escaneado láser y la informática un triple y poderoso aliado para profundizar en el estudio del patrimonio, y también un instrumento para salvarlo del olvido. En el mundo, son muchos los equipos de expertos en imagen digital que se han lanzado a crear modelos tridimensionales y reconstrucciones que reproducen con enorme exactitud la obra, el edificio o el yacimiento elegidos: un arma de futuro ante su imprevisible y a veces irreparable deterioro.

El reportaje de este mes «Virtualmente inmortales» recoge la experiencia concreta de dos de estos equipos, el escocés Centro de Documentación y Visualización Digitales y el californiano CyArk, que ya han «virtualizado» algunas joyas del legado arquitectónico en Escocia, India, Estados Unidos y China. Un propósito encomiable: crear una biblioteca digital, tridimensional y gratuita de los bienes culturales de la humanidad antes de que estos desaparezcan para siempre, garantizando así su preservación a las futuras generaciones.
O, al menos, su memoria en el ciberespacio.