Banquetes romanos

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11 de mayo de 2015

Albóndigas de faisán, avestruz guisado, flamenco asado. Las recetas de la antigua Roma que han llegado hasta nosotros sugieren que tales manjares se servían en los banquetes de postín. Pero los arqueólogos que han rebuscado en los desechos de la historia –vertederos, alcantarillas, pozos negros– creen que tan exóticas delicadezas eran una rareza y que, en general, los romanos consumían alimentos comunes producidos en su zona, parecidos a los que comen hoy los italianos.

En la ciudad costera de Herculano, en una alcantarilla que funcionó hasta la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era, los arqueólogos han localizado infinidad de pistas sobre la dieta de sus habitantes: han identificado 114 alimentos diferentes: 45 pescados distintos, así como restos de cerdo, cordero, pollo y una amplia gama de finas hierbas, frutas frescas, frutos secos y cereales.

Michael MacKinnon, de la Universidad de Winnipeg, ha estudiado en las ruinas de Pompeya las sobras de la carne predilecta de los romanos: el cerdo. Ricos y pobres la consumían por igual. «Todos se llevaban una chuleta de cerdo a la boca, solo que el rico seguramente la aderezaba con especias más caras», dice.