Una tumba inexplorada en el Valle de los Nobles

Un equipo dirigido por una española y una italiana encuentra casualmente la tumba de May, un alto funcionario egipcio, que podría contener su momia y las de su familia

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Escena con un banquete funerario en la tumba de May.

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Exterior de la Tumba Tebana 109, en el Valle de los Nobles, que fue propiedad de Min, alcalde Tjeny, o Tinis, y del Oasis, además de supervisor de los profetas de Osiris y Onuris y, sobre todo, tutor de Amenhotep II. 

© MIN PROJECT / FOTO: MOSTAFA AL SAGHIR

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Interior de la tumba de Min. 

© MIN PROJECT / FOTO: MATJAZ KACICNIK

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Interior de la tumba desconocida Kampp 327.

© MIN PROJECT / FOTO: MOSTAFA AL SAGHIR

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Irene Morfini frente al acceso a la tumba de May. 

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Primera imagen vista en la tumba de May, en la que aparece Neferet, la mujer del difunto. 

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Mila Álvarez e Irene Morfini estudiando un cono funerario de May.

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La canaria Milagros Álvarez y la toscana Irene Morfini, directora y vicedirectora respectivamente del Proyecto Min. 

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7 de octubre de 2014

A finales de 2013, la canaria Milagros Álvarez y la toscana Irene Morfini, directora y vicedirectora respectivamente del Proyecto Min, una misión arqueológica italo-española, marcharon al Valle de los Nobles, en la orilla oeste de Luxor, con el objetivo de estudiar la Tumba Tebana 109 y la Kampp 327, su extensión, y publicar después sus investigaciones.

La mayoría de las tumbas de la necrópolis tebana, y éstas no eran una excepción, habían sido reutilizadas en el pasado, saqueadas, destrozadas e incluso convertidas en almacenes o establos. Pero, según parece, nadie más que las arqueólogas había reparado en el pasadizo secreto de varios metros de longitud que se abría en una de las paredes de la tumba 327. Al principio creían estar ante dos tumbas convencionales, pero ahora podrían enfrentarse a un complejo funerario de grandes dimensiones, según revela Mila Álvarez a Historia National Geographic.

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La segunda campaña del Proyecto Min acaba de empezar. El objetivo sigue siendo el estudio de la TT109 y la Kampp 327, un proyecto que cuenta con la cooperación del Ministerio de Antigüedades de Egipto. El acceso al nuevo recinto funerario hallado durante la pasada campaña ha sido sellado y su interior está lleno de escombros. Se saben muchas cosas sobre estas dos primeras tumbas. En el pasado fueron visitadas por viajeros y estudiosos, entre los que figuran Champollion, quien consiguió descifrar la escritura jeroglífica, y Rosellini, el fundador de la egiptología italiana, comenta Álvarez.

El propietario de la TT109 fue Min, alcalde de Tjeny, o Tinis, y del Oasis, además de supervisor de los profetas de Osiris y Onuris y, sobre todo, tutor de Amenhotep II, el hijo de Tutmosis III, de la dinastía XVIII, quien destacó como atleta. De hecho, en la tumba se conservan dos escenas que muestran la importancia de Min en la formación del joven príncipe. En una aparece con el príncipe en su regazo cuando éste aún era un niño y en otra le enseña a disparar un arco, observa Álvarez. Estas imágenes son de una relevancia especial porque nos permiten conocer algunos de los deberes propios de un tutor real, a la vez que nos recuerdan el porvenir de Amenhotep II, quien pasó a la posteridad como un rey atlético y aguerrido, añade.

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La TT109 conduce a la tumba 327, ambas están conectadas. Desconocemos quién es el propietario de esta tumba... En gran parte está cubierta de escombros y sólo podremos dar un diagnóstico en una futura excavación, apunta Álvarez. Fue precisamente en este recinto donde ambas arqueólogas descubrieron una misteriosa abertura en la pared que continuaba en forma de pasadizo. No le prestamos mucha atención porque vimos que había una pared de fondo. Nada nos hacía presagiar que continuara más allá de los cinco metros, recuerda. Un día decidimos entrar tomando las precauciones necesarias en busca de alguna señal que nos permitiera entender la función de aquel túnel. Nos llevamos una gran sorpresa al comprobar que no terminaba a los cinco metros, sino que giraba a la derecha y nos conducía a un nivel superior con otro túnel de unos seis metros que desembocaba en una sala longitudinal cubierta parcialmente de escombros, agrega.

El haz de luz eléctrica reveló una sala de techo abovedado, con restos de pintura en las paredes y que daba acceso a una nueva cámara. Arrastrándonos fuimos capaces de introducirnos con mucha dificultad en una abertura de medio metro que nos llevó a una sala transversal. Inmediatamente supimos que estábamos en una tumba en forma de T, que son típicas de la dinastía XVIII, relata Álvarez. En la primera escena que pudieron contemplar las arqueólogas, completamente pasmadas, aparecía Neferet, la mujer de May, el propietario de la tumba, según pudieron saber después gracias al hallazgo de un cono funerario con el nombre y títulos del difunto. Éste aparecía representado en otras escenas: en un banquete funerario, asistido por sus sirvientes y cazando aves en las marismas con su familia. May fue un alto funcionario del rey que estaba casado con Neferet y que ostentaba numerosos títulos, entre ellos el de supervisor de los campos, supervisor del ganado y supervisor de todos los caballos del rey, explica Álvarez.

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La tumba se encuentra sepultada por una montaña de arena y el día que se inicien las excavaciones se buscará la entrada principal, en el exterior. Si tenemos suerte, podríamos encontrar zonas intactas que han escapado a cualquier tipo de saqueo. También es importante destacar que los escombros del interior esconden los pozos que nos llevarían a las cámaras funerarias donde estarían enterrados May y probablemente toda su familia, concluye.