Islas Baleares

Un informático menorquín crea un método para identificar a los autores de obras musicales anónimas o dudosas

Tudurí ha demostrado que ocho preludios para órgano atribuidos a Johann Sebastian Bach fueron creados por otros autores

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Johann Sebastian Bach

Johann Sebastian Bach

Estatua del compositor alemán Johann Sebastian Bach (1685-1750) en Leipzig, donde cada año se celebra el festival Bachfest Leipzig.

FOTO: SEBASTIAN WILLNOW / DAPD / AP IMAGES / GTRES

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Antoni Tudurí

Antoni Tudurí

El violinista e informático menorquín Antoni Tudurí (Maó, 1970), recientemente doctorado en Informática por la Universitat de les Illes Balears (UIB). 

© ANTONI TUDURÍ

10 de julio de 2013

El violinista e informático menorquín Antoni Tudurí (Maó, 1970) advirtió que hay personas aficionadas a escuchar música clásica que, pese a no tener una formación musical, son capaces de acertar el autor de una pieza con sólo cinco segundos de audición. «Imagínate un extraterrestre que nunca ha escuchado música y que lee un libro sobre la música de Mozart. Le pones una pieza de Mozart y una de Bach. ¿Será capaz de diferenciar ambos compositores? Es imposible... ¡Con las palabras no se puede llegar a expresar un estilo musical!», explica a Historia National Geographic. Considera, por ende, que el estilo específico de un compositor se esconde en un exiguo fragmento musical, «está contenido en los átomos o en las moléculas de su música». Tudurí analizó fragmentos musicales formados por cuatro compases y un tiempo de cuatro o cinco segundos y comprobó que «lo único que hay son líneas melódicas con intervalos». Pero, ¿cómo trasladar con palabras la intuición según la cual estamos escuchando a un determinado compositor?

Éste es precisamente un problema muy recurrente en el mundo de la música clásica: identificar la autoría de obras musicales anónimas o de autoría dudosa. «En la música de los siglos XVI, XVII y XVIII hay muchas obras que han sido atribuidas a un compositor, pero después de muchos años ha aparecido un documento demostrando que no era el verdadero autor. La Sinfonía de los juguetes, por ejemplo, fue inicialmente atribuida a Joseph Haydn, pero después se consideró que era una obra demasiado sencilla y fue atribuida durante unos años a Leopold Mozart, el padre del famoso compositor. Sin embargo, en los últimos años se ha descubierto que corresponde a un tal Edmund Angerer, un monje benedictino, evidentemente un personaje de segunda fila», observa Antoni Tudurí. «En aquellos tiempos no existía el concepto de propiedad intelectual, no había medios para controlar el derecho de autor. Mozart, por ejemplo, hacía copias de sus partituras y las firmaba para demostrar que eran suyas. Ahora es diferente, hay mucho interés en atribuir una obra a un determinado autor por las implicaciones mediáticas y económicas que conlleva», añade.

Tudurí decidió aplicar sus conocimientos musicales a la informática, o viceversa, para desarrollar un método de análisis de partituras, basado en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), para identificar la autoría de obras musicales anónimas o de autoría dudosa. «No pretendo afirmar de forma concluyente que una obra corresponde a un determinado autor ni quiero contradecir las opiniones de la musicología, sino aportar una herramienta que ayude a esclarecer las dudas», asegura.

El informático menorquín ha presentado su estudio en la tesis titulada Diseño y aplicación de herramientas tecnológicas aplicadas a la identificación de elementos diferenciales del estilo compositivo de autores clásicos, con la que recientemente se ha doctorado en Informática por la Universitat de les Illes Balears (UIB). El método o métodos que ha diseñado analizan los elementos objetivos y cuantificables que diferencian el estilo compositivo de un autor clásico y que están presentes en unos cuantos compases de una partitura, esto es, el porcentaje de uso de cada nota, los intervalos melódicos utilizados y el uso de las diferentes figuras (notas blancas, negras, corcheas, etc.). «Se trata de alimentar el sistema para que aprenda y se eduque con una base de datos formada por piezas reconocidas de cada compositor», aclara. Una vez obtenidos los patrones distintivos de cada autor, es decir, una vez que se ha diseccionado el estilo del compositor se procede a compararlo con aquellas partituras de atribución dudosa para buscar coincidencias. De esta forma, ha podido demostrar que ocho preludios para órgano atribuidos al genial compositor Johann Sebastian Bach (1685-1750) fueron creados por otros autores, tal y como sospechaban los musicólogos. Sólo tres de los ocho preludios catalogados como BWV 553-560 fueron compuestos por Bach, mientras que los otros cinco son obra de Johann Ludwig Krebs (1713-1780), su discípulo. Asimismo, los preludios BWV 692, BWV 693 y BWV 748 no son creaciones de Bach sino de Johann Gottfried Walther (1684-1748), su primo.

«Este método ayuda a definir los diferentes estilos musicales. Me das una pieza y en tres segundos te digo si es barroca o clásica», comenta Antoni Tudurí, que es consciente de que su método puede crear cierta controversia entre los especialistas en musicología. El informático menorquín también ha clasificado, con criterios cuantificables, la obra para teclado de Domenico Scarlatti (1685-1757), un compositor italiano de música barroca que estuvo afincado en España. «La frontera entre el barroco y el clasicismo no está clara, como ocurre en la pintura, pero he podido comprobar que la obra de Scarlatti es más próxima al clasicismo musical, a pesar de que el autor vivió en época barroca. Esta proximidad en su estilo se incrementa a raíz de su traslado a la corte de Madrid, en 1733, lo que demuestra que España no estaba tan desconectada culturalmente como se creía», concluye.