Guatemala

Un friso maya con un ser divino y serpientes bicéfalas

Fue hallado en diciembre de 2013 en el antiguo asentamiento maya de La Blanca, oculto durante más de un milenio en la selva tropical guatemalteca

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Proyecto La Blanca

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Cristina Vidal, codirectora del Proyecto La Blanca, ante el friso hallado en diciembre de 2013.

© PROYECTO LA BLANCA

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Detalle de la parte central del friso. 

© PROYECTO LA BLANCA

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Gaspar Muñoz, codirector del Proyecto La Blanca, ante el friso.

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Vista lateral del friso.

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Reproducción digital del friso mediante un escáner láser. 

© PROYECTO LA BLANCA

11 de octubre de 2014

El equipo hispano-guatemalteco que desde 2004 investiga la antigua ciudad maya de La Blanca, oculta durante más de un milenio en la selva tropical guatemalteca, halló durante la pasada campaña un friso excepcional que se encuentra en muy buen estado de conservación, según informan Cristina Vidal y Gaspar Muñoz, directores del proyecto, a Historia National Geographic. El friso, que ha sido datado alrededor de los siglos VII y VIII d.C., mide 4,75 metros de largo y 1,5 metros de alto y se trata, por tanto, de una representación en relieve de grandes dimensiones, que presenta una gran complejidad geométrica. Forma parte de la fachada de una subestructura, es decir, un edificio que fue clausurado por los mayas y que quedó sepultado en el interior del gran basamento de la Acrópolis de La Blanca, sobre el cual se erigieron más tarde los soberbios palacios excavados y restaurados por el Proyecto La Blanca durante la última década.

En el centro del friso aparece un mascarón, el rostro de un ser divino, formado por diferentes sillares o piedras labradas. Esta figura está rodeada de otros seres sobrenaturales que, según indican los investigadores, formaban parte del universo mitológico de los mayas, presumiblemente vinculados con el ámbito celeste. La nariz, o el hocico, del mascarón central, alrededor del cual se arremolinan las demás figuras, fue rota de manera intencionada, parece ser que como respuesta a un acto ritual que se llevó a cabo cuando se clausuró el edificio, como atestiguan los restos de material quemado que aún se conservan. Destacan también los ojos globulares en espiral del mascarón, el entrecejo, las volutas que emergen de las comisuras de la mandíbula superior, las orejeras cuadradas de las que cuelgan sendos pendientes y los adornos superiores de las orejeras en forma de voluta o espiral. Por otro lado, lo que parecen ser los dientes de la figura central son dos cuadretes simétricos en cuyo interior se tallaron dos dientes. Y en el centro, en un cuadrete más grande, se talló un motivo en forma de X, también visible en las orejeras, que confiere a este personaje un carácter celeste. En los laterales aparecen representadas las cabezas de unas serpientes bicéfalas, en las que se puede distinguir el ojo, la ceja, las fauces abiertas, la lengua y los colmillos. 

Aún es pronto para formular una teoría acerca del significado del friso, pues creemos que habrá al menos otro simétrico, sostienen Vidal y Muñoz. Sabremos más sobre la funcionalidad de esta subestructura cuando penetremos en su interior, lo que esperamos hacer a partir de enero de 2015, a lo largo de una campaña que promete ser muy emocionante, agregan. Tanto en La Blanca como en El Chilonché, un segundo asentamiento cercano, se ha utilizado un escáner láser para reproducir digitalmente los elementos arquitectónicos y escultóricos más significativos, de cara a su posterior estudio, análisis y difusión. La aplicación de esta técnica ha permitido sepultar nuevamente el friso hallado en La Blanca para garantizar su conservación, según explican los responsables de este proyecto arqueológico en el que participan la Universitat de València, la Universitat Politècnica de València y la Universidad San Carlos de Guatemala.