Revelado el interior del enigmático Cráneo de Jericó

Alec Forssmann

11 de enero de 2017

Una exposición temporal en el Museo Británico de Londres permite descubrir el interior de este cráneo neolítico y muestra una reconstrucción del rostro del difunto, que murió hace 9.500 años

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Este rostro extraño y enigmático tiene unos 9.500 años de antigüedad y es el retrato más antiguo del Museo Británico de Londres. Se trata de un cráneo modificado, con conchas marinas a modo de ojos y un revestimiento de yeso que probablemente imitaba las facciones del difunto. Una práctica recurrente en la historia de la humanidad, encaminada a perpetuar un rostro amado o conocido y no olvidarlo jamás.

Este cráneo de mirada ciega fue descubierto en 1953 por Kathleen Kenyon (1906-1978) durante unas excavaciones arqueológicas en la milenaria ciudad de Jericó, en Cisjordania. La arqueóloga británica halló un total de siete cráneos como este, que hoy se encuentran en museos de Jordania, Gran Bretaña y Canadá. El hallazgo, una sensación arqueológica, fue publicado por primera vez en National Geographic en diciembre de 1953. "Con gran emoción comprendimos que estábamos mirando el retrato de un hombre que vivió y murió hace más de 7.000 años", expresó Kenyon. Los arqueólogos revelaron una misteriosa tradición neolítica: los siete cráneos, distintos en sus detalles, habían sido rellenados con tierra para fijar los huesos faciales y revestidos con yeso que fue moldeado para crear las orejas, pómulos o narices de los difuntos.

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Más de sesenta años después de su hallazgo, el Museo Británico ha retrocedido en el tiempo gracias a la tecnología más avanzada y ha descubierto qué se oculta tras el rostro de yeso y cómo era el semblante del difunto. Una microtomografía computarizada en el Museo de Historia Natural de Londres ha permitido explorar el Cráneo de Jericó, que así es como se llama, en tres diferentes planos y, a continuación, se ha realizado un modelo en 3D de los restos óseos y se ha reconstruido el aspecto del difunto, a excepción del cabello y de los ojos, que no han podido ser descifrados.

Los resultados se presentan en la exposición temporal Creando un antepasado: el Cráneo de Jericó, en el Museo Británico hasta el próximo 19 de febrero. Tras examinar las zonas ocultas del cráneo, los especialistas creen que el individuo era un hombre que murió con más de cuarenta años de edad. Las imágenes del TAC muestran que al cráneo le falta una mandíbula, que sus dientes están rotos y deteriorados, que se rompió la nariz durante la edad adulta y que cicatrizó antes de su muerte. El cráneo también presenta un agujero, que fue hecho para para rellenarlo con tierra y para que no se desmontara por el peso del yeso.