Egipto

Redescubren una tumba de la dinastía XXV en Luxor

Un equipo de la Universidad de La Laguna ha identificado al propietario de la Tumba Tebana 209, ha consolidado algunas de sus estructuras y ha hallado una puerta secreta

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TT209

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La entrada a la Tumba Tebana 209, situada en Luxor, la antigua Tebas.

© MIGUEL ÁNGEL MOLINERO / PROYECTO DOS CERO NUEVE

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TT209

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El interior de la tumba contiene imitaciones de los relieves esculpidos 1.500 años antes. 

© MIGUEL ÁNGEL MOLINERO / PROYECTO DOS CERO NUEVE

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Relieve en el que aparece Nisemro, el propietario de la tumba, luciendo un tocado específicamente nubio.

© MIGUEL ÁNGEL MOLINERO / PROYECTO DOS CERO NUEVE

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Relieve de la Tumba Tebana 209 que representa a un perro.

© MIGUEL ÁNGEL MOLINERO / PROYECTO DOS CERO NUEVE

15 de julio de 2014

Un equipo arqueológico dirigido por Miguel Ángel Molinero, de la Universidad de La Laguna (ULL), ubicada en Tenerife, ha redescubierto una tumba de la dinastía XXV en Luxor y ha identificado a su propietario, un tal Nisemro, quien vivió alrededor del año 700 a.C. Se trata de la primera generación de conquistadores nubios, quienes venían a ser los antiguos vasallos del Imperio egipcio. Es por tanto la primera población extranjera que conquista a los egipcios, afirma Molinero en un comunicado de la ULL. La Tumba Tebana 209 (TT209), que así es como se la conoce, contiene imitaciones de los relieves esculpidos 1.500 años antes. No hay elementos claramente nubios, pues en ese momento las tumbas de este reino, especialmente las reales, imitaban la arquitectura egipcia; era una forma de legitimar el poder nubio, explica Molinero a Historia National Geographic

En 1902, Robert Mond, un químico y arqueólogo británico, fue el primer occidental conocido que entró en las cámaras subterráneas de la TT209. En los años setenta, el austríaco Diethelm Eigner trazó el que hasta ahora ha sido el único plano fiable del interior de la tumba, que ya estaba muy cubierta de depósitos. La tumba está construida sobre un wadi, un barranco seco que sólo lleva agua cuando llueve en el desierto. Tras los trabajos realizados por estos investigadores, las riadas y la acumulación de basura caída desde las aldeas de Gurna fueron colmatando el patio hasta que dejó de ser visible desde el exterior, cuenta Molinero. En 2007, el gobierno egipcio emprendió la demolición de las casas de Gurna y el área en el que se encontraba el yacimiento se llenó de escombros y se perdieron las referencias topográficas del terreno. En el verano de 2012, durante la primera campaña arqueológica, el equipo de la ULL tuvo que superar este escollo. Pedimos un permiso para realizar una pequeña excavación en una zona del wadi que dejaba entrever la existencia de un corte amplio en la roca. Por fortuna, la deducción fue justa y al tercer día ya veíamos la esquina noroeste del patio excavada en la roca madre, confirmando así el emplazamiento, añade. 

La tumba es más grande y compleja de lo previsto, con cámaras laterales en el interior y edificios de culto en el exterior, asegura Molinero. Durante la tercera misión, finalizada este año, se ha podido identificar a su propietario gracias a un relieve en el que aparece su figura, provista de un tocado específicamente nubio. Por otro lado, se han descubierto depósitos de momificación, trozos de grandes vasijas y restos de plantas, además de bolsas de sal para secar los cuerpos, algunos recipientes y material de la época bizantina, de lo que se desprende que la tumba fue utilizada en época medieval. La fachada y la escalera de acceso se han consolidado recientemente y se ha excavado la primera de las cámaras subterráneas, donde ya se ha descubierto una puerta desconocida que conduce a salas de las que no se tenía ninguna noticia previa. La apertura de esta puerta, ahora sellada y tras la que se intuye un espacio con varios metros de profundidad, constituirá el objetivo de la próxima campaña arqueológica, que se podrá seguir a través de la página web del Proyecto Dos Cero Nueve.