Nubia emerge de la arena

Así es la primera necrópolis de los "faraones negros" en El Kurru, en Sudán

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El Kurru

El Kurru

Templo funerario excavado en El Kurru (Sudán).

GEOFF EMBERLING

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El Kurru

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Muralla de 2,35 metros de anchura que había sido identificada previamente por George Reisner.

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El Kurru

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El pozo que Reisner consideró que era parte del palacio de Piankhy.

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El Kurru

El Kurru

Grafitos del período meroítico que incluyen a dos figuras demoníacas.

GEOFF EMBERLING

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El Kurru

El Kurru

Restos de cerámica de época meroítica.

GEOFF EMBERLING

2 de marzo de 2013

La antigua región de Nubia está situada en el noreste de África, al sur de Egipto y al norte de Sudán. Limita al norte con la primera catarata del Nilo, en Asuán, y al sur con la confluencia del Nilo Blanco y del Nilo Azul, en Jartum. A mediados del siglo VIII a.C., cuando decayó el poderío faraónico egipcio, los reyes nubios invadieron el país vecino, fundaron la dinastía XXV y lo gobernaron aproximadamente hasta el año 660 a.C., cuando fueron derrotados por los asirios. Los nubios fueron expulsados a su región de origen y fundaron el reino de Meroe, que dejó de existir en el siglo IV d.C. A lo largo de los siglos, las ruinas del reino nubio desaparecieron bajo la arena. La civilización nubia, a diferencia de la egipcia o la mesopotámica, apenas ha sido estudiada. Este olvido ha sido propiciado, entre otros motivos, por la inaccesibilidad de Sudán, uno de los países más extensos de África.

En el siglo VIII a.C., cuando Nubia impuso su hegemonía a Egipto, se constituyó un fuerte poder en torno a Napata, que más que una ciudad era un área geográfica, al norte de lo que hoy es Sudán. En la localidad de El Kurru se ubica la que fue la primera necrópolis de los reyes de Napata y, por tanto, de Nubia. Aquí se enterró a la mayor parte de los llamados faraones negros. En 1918 y 1919, el arqueólogo norteamericano George Reisner (1867-1942) realizó excavaciones en este sitio e identificó cinco estructuras: un tramo de 200 metros de longitud de la muralla de una ciudad y un puerta interior; un pozo excavado en la roca rodeado por una escalera; un tramo más pequeño de una muralla de piedra; y dos estructuras excavadas en la roca que Reisner identificó como templos. Sin embargo, Reisner no publicó sus hallazgos, simplemente realizó unas anotaciones imprecisas en sus cuadernos, que se conservan en el Museo de Bellas Artes de Boston. Tim Kendall, que fue conservador del museo, publicó algunas de las anotaciones de Reisner, que apenas aportaban información sobre la localización exacta de sus hallazgos. El arqueólogo Geoff Emberling, que por aquel entonces era director y conservador del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, se interesó por el artículo que publicó su colega y emprendió un proyecto arqueológico para identificar las estructuras previamente identificadas por Reisner en la necrópolis real de El Kurru. El proyecto, que arrancó el pasado mes de enero, está codirigido por Geoff Emberling, de la Universidad de Michigan, Abbas Sidahmed, de la Universidad de Dongola, y Rachael Dann, de la Universidad de Copenhague, y está financiado por National Geographic Society.

«Hemos podido localizar cuatro de las cinco estructuras que identificó Reisner, y en muchos de los casos hemos podido comprobar que no las excavó a fondo. Éste es uno de los motivos por los que publicó sus hallazgos», explica Geoff Emberling a Historia National Geographic. «La gente del pueblo ha sido de gran ayuda, ya que recordaba bastante bien la localización aproximada del pozo del palacio y de la muralla más grande. Hemos medido estas dos áreas mediante magnetometría», añade. Durante la excavación de la muralla han aparecido restos de cerámica de entre los siglos VIII y XI d.C. Por otro lado, el pozo se extendía por debajo del muro de una casa del pueblo, cuyo propietario ha consentido la excavación.

Sin embargo, los hallazgos más sorprendentes han aparecido durante la excavación de las estructuras que fueron identificadas como templos. «El templo funerario se ha conservado más o menos como lo encontró Reisner. Sin embargo, no mencionó la existencia de magníficos grafitos del período meroítico que incluyen a un arquero y otras figuras humanas, caballos, figuras demoníacas, además de varios motivos geométricos. También se ha encontrado cerámica meroítica», revela Geoff Emberling. El proyecto arqueológico de El Kurru va a deparar muchas sorpresas en los próximos años; el antiguo y misterioso reino de Nubia emerge de la arena.