Los humanos se asentaron en la meseta del Tíbet hace más de 7.400 años

Alec Forssmann

6 de enero de 2017

Unos investigadores han examinado unas huellas fosilizadas a 4.270 metros de altura y han probado la existencia de asentamientos permanentes preagrícolas de más de 7.400 años de antigüedad

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Los humanos se asentaron de forma permanente en la elevada meseta tibetana hace unos 7.400 años como mínimo y unos 13.000 años como máximo, según un estudio publicado hoy en Science. "La fecha de la primera ocupación humana permanente en la meseta del Tíbet había sido fijada en unos 3.600 años de antigüedad, cuando se estableció la agricultura", expone el estudio, dirigido por Michael Meyer, de la Universidad de Innsbruck. Sin embargo, el equipo internacional de investigadores ha examinado una serie de huellas humanas fosilizadas a 4.270 metros de altura y ha probado la existencia de asentamientos permanentes preagrícolas de 7.400 años de antigüedad y posiblemente anteriores.

Los investigadores han realizado un examen minucioso de las impresiones humanas, de manos y pies, halladas en 1998 en el fango fosilizado procedente de aguas termales, cerca de Chusang, en el altiplano central tibetano. Este sitio arqueológico es, por tanto, el más antiguo fechado de forma fiable en la meseta del Tíbet, según explica en un comunicado la Universidad de Wyoming, que también ha participado en la investigación. Randy Haas, un investigador de dicha universidad, ha demostrado que los asentamientos eran duraderos porque para llegar al sitio de Chusang desde las tierras bajas circundantes hay que caminar al menos 370 kilómetros a través del arco del Himalaya, una senda demasiado larga y peligrosa para ser recorrida habitualmente por los cazadores-recolectores.

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"Los entornos de gran elevación, a más de 2.500 metros de altitud, fueron uno de los últimos lugares del mundo que fueron colonizados por los humanos y, por tanto, son como laboratorios naturales para estudiar la adaptación humana", dice Haas. "Nuestros hallazgos demuestran que en la meseta tibetana hubo unas respuestas genéticas y culturales mucho más antiguas de lo que se creía hasta ahora", concluye.