ENTREVISTA / VALENTINA BORGIA, ARQUEÓLOGA DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE

"Los cazadores prehistóricos envenenaban sus armas"

Valentina Borgia está investigando los residuos tóxicos que se han conservado en las primeras armas arrojadizas de la historia

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Valentina Borgia

Valentina Borgia

Valentina Borgia, de 42 años, es investigadora posdoctoral de la Universidad de Cambridge.

© VALENTINA BORGIA

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Acónito

Acónito

El acónito común es una especie tóxica.

© WIKIPEDIA / VALENTINA BORGIA

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Arma arrojadiza

Arma arrojadiza

Secuencia que muestra el uso de un arma arrojadiza.

© THE BRITISH MUSEUM / VALENTINA BORGIA

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Cazador

Cazador

Cazador angoleño utilizando un arco rudimentario.

© VALENTINA BORGIA

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Residuos tóxicos

Residuos tóxicos

Residuos tóxicos en una piedra del Paleolítico Superior.

© VALENTINA BORGIA

31 de marzo de 2015

Hoy en día no nos aventuramos a probar las plantas desconocidas que crecen en el bosque. Y cuando lo hacemos suele acabar mal: las intoxicaciones por hongos son frecuentes en España. Mi abuelo podía sobrevivir comiendo las plantas del campo porque las conocía, comenta Valentina Borgia (42 años) en esta entrevista. En las últimas décadas hemos perdido completamente el contacto con la naturaleza, asevera. Estos conocimientos ancestrales sobre las propiedades de las plantas se remontan al origen de la humanidad. Valentina Borgia, de la Universidad de Cambridge, investiga las armas y técnicas de caza propias del Paleolítico. La aplicación de venenos en estas armas rudimentarias, con el fin de hacerlas más letales, era una práctica habitual en tiempos prehistóricos. Las técnicas arqueológicas modernas, como la cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS), permiten identificar las móleculas de las plantas tóxicas en materiales recientemente excavados que no han sido manipulados o contaminados.

¿Qué ocurre en el Paleolítico?

En esta etapa tan larga de la historia, de más de dos millones de años, vivieron varias especies del género Homo. Las primeras probablemente eran carroñeras, mientras que los neandertales utilizaron lanzas para cazar. Las armas arrojadizas constituyen una verdadera revolución en las diferentes estrategias de caza.

¿Por qué?

Matar a distancia ya no requiere un enfrentamiento físico, sino el uso de una estrategia de engaño que está profundamente relacionada con nuestras especies. La primera arma arrojadiza fue el propulsor y posteriormente, a finales del Paleolítico o puede que antes, se utilizó el arco.

¿Estas armas se utilizaron para cazar y para hacer la guerra?

Por lo que sabemos, la población paleolítica no conocía el concepto de guerra porque habitualmente vivía en grupos pequeños, era nómada y su densidad era baja.

¿El veneno de las plantas se extraía para aplicarlo en las armas?

Mediante la documentación etnográfica sabemos que los cazadores de todas las latitudes envenenaban sus armas con sustancias tóxicas derivadas de las plantas y los animales. Estas armas podían ser completamente ineficaces si las puntas no estaban envenenadas, según un estudio de Dieter Noli sobre los bosquimanos.

¿Cómo se preparaban estos venenos?

Con las raíces, semillas u otras partes de la planta. Las flechas se sumergían en el veneno o se aplicaba con un palo. En la Cueva de la Frontera, en Sudáfrica, se han analizado unos residuos en un palo y se ha detectado aceite de ricino. Se trata de un tema muy debatido porque ciertos investigadores no creen que el aceite de ricino pueda ser eficaz como veneno si no se extrae con las técnicas modernas.

¿Las armas sin veneno no podían inmovilizar o matar a un animal grande?

Sí, por supuesto que podían matar una presa. En la caza moderna con arco los cazadores no usan venenos, pero hay que decir que el arco y las flechas de titanio son excepcionalmente potentes. El veneno ayuda y por eso lo usa o lo ha usado la mayor parte de cazadores del mundo. Los venenos más letales aplicados en flechas, como el del acónito o el curare, provocan la muerte de la presa en tres o cuatro minutos.

¿Cuáles son estas plantas venenosas?

Están en todas partes y son muy comunes, incluso con fines ornamentales. La adelfa y el muérdago son muy comunes en las casas y son extremadamente tóxicas, aunque su uso para elaborar venenos parece que fue escaso. Las más conocidas en Europa son el acónito común (Aconitum napellus), el estramonio (Datura stramonium), la cicuta (Conium maculatum), el eléboro blanco (Veratrum album) y los tejos (Taxus). En el resto del mundo: las moráceas (Antiaris toxicaria) y los géneros StrophantusAcokanthera y Strychnos. Con estas últimas se elabora el terrible curare, el veneno por excelencia.

¿Qué tiene de especial?

Es ideal para la caza  porque es increíblemente potente y letal en la sangre, pero la carne envenenada es comestible.

El veneno del árbol upas también es muy potente, ¿no?

Una leyenda malaya dice que tras ser intoxicado con esta planta (Antiaris toxicaria) sólo puedes dar siete pasos cuesta arriba, ocho pasos cuesta abajo y el noveno es el último paso que das. Siete arriba y ocho abajo es un concepto relacionado con muchos proverbios de Asia. En China significa que estás agitado y en Japón dicen que en la vida es normal caer siete veces y levantarse ocho.

¿Hemos perdido todos estos conocimientos prehistóricos?

Los neandertales utilizaron el betún [bitumen] como pegamento para enmangar o poner un mango a una herramienta. En el Paleolítico Superior conocían profundamente la anatomía de los animales, como podemos comprobar en el maravilloso arte rupestre, y sin duda sabían qué se podía comer y qué no se podía comer. Descubrieron las propiedades de las plantas... Incluso mi perro conoce bien la hierba que tiene que comer para limpiar su estómago. Estos conocimientos se han perdido en sólo tres o cuatro generaciones: hemos perdido completamente el contacto con la naturaleza. Mi abuelo podía sobrevivir comiendo las plantas del campo porque las conocía. Esas mismas plantas que hoy son la base de nuestras medicinas modernas: quinina, efedrina, morfina...