Un lobo sacrificado hace 500 años por los aztecas y adornado con piezas de oro purísimo

El animal, de unos ocho meses de edad, fue sacrificado y cuidadosamente depositado en un espacio de piedra cuadrado junto al Templo Mayor, en la Ciudad de México

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Alec Forssmann

10 de julio de 2017

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Entre 1486 y 1502, durante el reinado de Ahuítzotl y el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, un lobo de unos ocho meses de edad fue sacrificado por los aztecas (o mexicas) y su cuerpo adornado con piezas de oro purísimo y con un cinturón de conchas del océano Atlántico. A continuación fue cuidadosamente depositado en un espacio de piedra cuadrado junto con otras piezas del metal precioso y cuchillos de pedernal. El entierro, cercano al Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México, donde antaño se erigió el Templo Mayor, permaneció inalterado varios siglos; únicamente quedó afectado en 1900, durante la construcción de la red de alcantarillado. El entierro sacrificial ha sido descubierto más de 500 años después, gracias a unas excavaciones dirigidas por el arqueólogo Leonardo López Luján, según reveló el viernes pasado David Alire García, de Reuters.

El lobo debía ayudar a los guerreros caídos a cruzar el río del inframundo

La cantidad y calidad de los ornamentos del entierro es excepcional, incluye 22 piezas completas de oro fino, entre ellas pendientes, una argolla nasal y un pectoral en forma de disco. El lobo representaba a Huitzilopochtli, la principal deidad de los mexicas, el dios del sol y de la guerra, pues se suponía que ayudaría a los guerreros caídos a cruzar el río del inframundo. El animal fue enterrado durante el reinado de Ahuítzotl, un comandante temido y sanguinario que llevó a cabo una política exterior expansionista, dominando prácticamente todo el centro y sur de México, Guatemala incluida. López Luján, el director del Proyecto Templo Mayor del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ha explicado a Reuters que será necesario realizar pruebas en las costillas del animal para comprobar la teoría según la cual se extraía el corazón de la víctima como parte del sacrificio. "Los aztecas se ocupaban elaborada y simbólicamente de las criaturas porque creían que la presencia de su dios debía de ser venerada", expresa.

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