Investigan una tumba que contenía los restos de 21 tortugas

Las tortugas fueron depositadas en una tumba de Kavusan Hoyuk, al sureste de Turquía, para proteger a los difuntos y para asegurar la vida eterna

Ver todas las fotos

Alec Forssmann

2 de marzo de 2016

Kavusan Hoyuk es un sitio arqueológico situado en la orilla sur del río Tigris, al sureste de Turquía. Las excavaciones desarrolladas entre 2001 y 2009 revelaron ocho niveles de ocupación, desde finales del III milenio a.C. hasta el siglo XIV d.C. El cuarto nivel de ocupación corresponde a la Edad del Hierro tardía, desde finales del siglo VII a.C. hasta finales del siglo IV a.C., durante el período postasirio. En uno de los tres fosos hallados, utilizados antiguamente como silos para guardar el grano, aparecieron dos esqueletos, pertenecientes a una mujer de entre 45 y 55 años de edad y a una probable niña de unos seis o siete años de edad, junto a los restos de 21 tortugas, especialmente las conocidas como tortugas de caparazón blando del Éufrates (Rafetus euphraticus). “Creemos que las tortugas fueron depositadas en la tumba como parte de una ofrenda”, explican los investigadores Rémi Berthon, Yilmaz S. Erdal, Marjan Mashkour y Gülriz Kozbe en un artículo publicado en febrero en Antiquity. Berthon, un zooarqueólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, se ha ocupado de analizar los restos de los animales.

La tortuga de caparazón blando del Éufrates es endémica de los ríos Tigris y Éufrates y, por tanto, se encuentra en Turquía, Siria, Irak e Irán. Estas tortugas pueden seguir una dieta carnívora y, de hecho, han sido observadas alimentándose de cadáveres de animales a la deriva tan grandes como un caballo. De ahí les debe de venir la fama de agresivas y voraces. El poema sumerio Ninurta y la tortuga describe al dios Enki modelando una tortuga con barro que al dejarla en el agua dulce muerde al héroe Ninurta en el tobillo y después cava un foso con sus garras y arrastra al héroe a su interior.

Esta especie de tortuga ha sido utilizada tradicionalmente como ofrenda funeraria o en festivales religiosos. “Los quelonios, y particularmente las tortugas terrestres herbívoras, se usan y se han usado tradicionalmente más en rituales apotropaicos [para alejar a los malos espíritus] que como comida o con fines medicinales”, señalan los autores del estudio, que han encontrado el caparazón de una tortuga joven colgando a la entrada de una casa para protegerla de los espíritus malignos e incluso otro colgando del techo de un edificio, junto con el cráneo de un toro, una botella de sal y algo de trigo, para propiciar la fertilidad. “Para muchas culturas, los quelonios son símbolos de la vida eterna, de la longevidad, resistencia, fuerza e inteligencia; al sureste de Turquía aún se cree que protegen de la muerte. El significado simbólico de estos animales se mantiene incluso hoy, 2.600 años después de los rituales funerarios practicados en Kavusan Hoyuk”, concluyen.

Outbrain