Excavan tumbas de hace más de 2.500 años en Ciudad de México

El INAH ha exhumado los restos de más de 140 individuos, entre ellos recién nacidos, que vivieron en una de las primeras aldeas de la Cuenca de México

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zacatenco1. Más de 140 individuos

Más de 140 individuos

Un equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH ha excavado los restos óseos de más de 140 individuos en la falda del Cerro Zacatenco, en Ciudad de México.

Foto: Melitón Tapia, INAH

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zacatenco2. Enterrados boca abajo

Enterrados boca abajo

Los difuntos fueron enterrados boca abajo hace más de 2.500 años.

Foto: Melitón Tapia, INAH

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Ofrenda

Vasija depositada junto a un cadáver a modo de ofrenda.

Foto: Melitón Tapia, INAH

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Polvo rojo

El cráneo de la imagen conservaba restos de un polvo rojo que podría ser hematita o cinabrio.

Foto: Diego Alva, INAH

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zacatenco5. Figurillas

Figurillas

Figurillas halladas junto a las tumbas.

Foto: Melitón Tapia, INAH

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zacatenco6. Ave zancuda en forma de pipa

Ave zancuda en forma de pipa

Los arqueólogos han descubierto tres pipas de cerámica que representan a un ave zancuda, posiblemente una especie que frecuentaba el lago de agua salobre.

Foto: Melitón Tapia, INAH

Alec Forssmann

2 de noviembre de 2016

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Numerosos entierros de una de las primeras aldeas de la Cuenca de México, en el centro del país, han sido excavados por un equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, según anunció dicho organismo el pasado viernes. Hay recién nacidos, niños, jóvenes y adultos, enterrados boca abajo hace más de 2.500 años en la falda del Cerro Zacatenco, en Ciudad de México. "Algo provocó que este lugar fuera usado de forma súbita como zona de enterramiento, incluso en algunos puntos se sobrepusieron los entierros", observa Estíbaliz Aguayo Ortiz, la coordinadora del proyecto arqueológico. "Tal vez hubo una sequía u otro factor de cambio ambiental que explicaría toda esta mortandad, sobre todo infantil", agrega. La zona de enterramiento corresponde a la antigua aldea de Zacatenco, habitada hacia el Preclásico Medio, entre el 800 y el 500 a.C.

Hasta la fecha se han excavado los restos óseos de más de 140 individuos, pero podría haber más. Los huesos pertenencen a sesenta adultos, cuarenta niños y el resto neonatos y subadultos de edad indeterminada. Las materias primas asociadas a los entierros son conchas y huesos de animales tallados, obsidiana gris y distintas piedras verdes, entre ellas la serpentina. Entre los objetos a modo de ofrenda hay una olla lustrosa, un punzón de hueso, cuentas de piedra verde o de concha y un sartal de colmillos de cánido. Sobre varios entierros, entre ellos el de una mujer embarazada, se vertió un polvo rojo que podría ser hematita o cinabrio. También destaca el entierro de un niño, ataviado con una especie de peto formado por 162 placas de concha. "Aunque las ofrendas sean marcadores de estatus, no podemos ver una diferenciación social tan clara. Cabe recordar que el Preclásico se caracteriza por sus sociedades jerarquizadas, regidas por relaciones de reciprocidad. No hablamos de Estados", afirma Aguayo Ortiz.

Sobre una mujer embarazada se vertió un polvo rojo: hematita o cinabrio

Por otro lado, el equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico ha podido investigar un espacio dedicado a la extracción de sal durante el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.). Para sacralizar el área se enterraron cinco neonatos, cada uno dentro de una olla. En otro contexto arqueológico de la misma época se han localizado dos entierros de dos individuos en posición fetal, junto a una ofrenda de braseros tipo Texcoco y tres pipas de cerámica que representan a un ave zancuda, posiblemente una especie que frecuentaba el lago de agua salobre. "La zona fue parte de la Triple Alianza, formada por los reinos de Tenochtitlán, Tlacopán y Texcoco, y es posible que se comerciara con este bien", concluye la arqueóloga.