Sudán

Este pedestal era sagrado (y el pueblo no lo podía ver)

Hallazgo importantísimo del Reino de Meroe: un pedestal que sostenía una barca sagrada sobre la cual se depositaba la estatua de una divinidad meroítica

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Pedestal meroítico

Pedestal meroítico

Pedestal meroítico hallado en Abu Erteila, en Sudán, donde floreció el Reino de Meroe hace más de 2.000 años.

Foto: Eugenio Fantusati

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Excavación del pedestal

Excavación del pedestal

El arqueólogo italiano Eugenio Fantusati (de blanco) durante las excavaciones.

Foto: Eugenio Fantusati

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Sitio arqueológico de Abu Erteila

Sitio arqueológico de Abu Erteila

El pedestal fue hallado en el lugar que indica la flecha, en la naos de un antiguo templo.

Foto: Eugenio Fantusati

15 de enero de 2016

Está hecho en basalto y mide un metro y medio de altura aproximadamente. A simple vista parece un monolito corriente del Antiguo Egipto, pero es importante. Fue descubierto hace dos meses en Abu Erteila, al norte de Jartum, en el desierto sudanés, donde floreció el Reino de Meroe hace más de 2.000 años. Este reino surgió en Nubia y fue creado por los faraones negros, llamados así por su tez oscura, quienes se hicieron enterrar en pirámides, según la costumbre egipcia. Las pirámides meroíticas son más pequeñas y puntiagudas que las egipcias. Hoy se encuentran en un estado ruinoso, entre las dunas rojizas.

En el Museo Egipcio de Berlín hay un pedestal similar. Fue descubierto a mediados del siglo XIX en Wad ben Naga. En sus caras aparecen representados los reyes Natakamani y Amanitore junto a jeroglíficos egipcios y meroíticos. Esto permitió descifrar la lengua indígena de Meroe, un reino desconocido que intriga a los egiptólogos.

Por eso es importante esta pieza, hallada recientemente por un equipo arqueológico italo-ruso. En ella también aparecen figuras e inscripciones jeroglíficas con los cartuchos del faraón Natakamani y de su esposa Amanitore. Se trata de un pedestal que reposaba en el interior de un templo, donde sostenía una barca sagrada, sobre la cual se depositaba la estatua de una divinidad, a la cual estaba dedicado el templo. La barca era un objeto simbólico, no para navegar, y al igual que un palanquín tenía dos varas que permitían su transporte, como ocurre con las imágenes religiosas en los desfiles de la Semana Santa.

"Durante las festividades importantes, los sacerdotes colocaban la imagen sagrada sobre la barca y la llevaban en procesión fuera del templo, a la vista de los fieles", explica Eugenio Fantusati, codirector de las excavaciones, a Historia National Geographic. "Es interesante observar que la estatua sólo se podía ver en tales circunstancias porque al interior del templo sólo podían acceder los soberanos y los sacerdotes", añade. Por tanto, el pedestal nunca abandonaba el templo ni se mostraba al público.

La pieza ha sido excavada entre las ruinas correspondientes a la naos del templo, la sala principal, secreta e inaccesible para la gran mayoría. Ha sido fechada entre los siglos I a.C. y I d.C., cuando vivieron Natakamani y Amanitore. "Eran contemporáneos de Augusto y bajo su reinado el país atravesó un período de gran bienestar interno, consiguiendo mantener excelentes relaciones diplomáticas con la Roma imperial", expresa Fantusati.

En las cuatro caras del pedestal aparecen diferentes figuras, entre ellas unas féminas que sostienen un cielo estrellado. "El estudio epigráfico todavía se está desarrollando, pero puedo anticipar que contiene fórmulas rituales relacionadas con los componentes de la familia real", revela el arqueólogo italiano. "Por otro lado, sabemos que el templo fue destruido, aunque no sabemos cuándo. Sus restos acabaron desparramados, pero el pedestal se ha conservado enterrado durante siglos. La datación por radiocarbono nos permitirá conocer la fecha de esta destrucción", agrega Fantusati, quien dirige esta misión junto con Eleonora Kormysheva y con la colaboración de Marco Baldi, vicedirector del equipo italiano.