Encuentran restos de sapos decapitados en una tumba de hace 4.000 años

Junto a las vasijas donde encontraron los huesos de sapos, en Israel, se hallaron restos de palmeras de dátiles y mirto que podrían haber sido plantados allí con fines funerarios.

29 de septiembre de 2017

Encontrar tumbas selladas intencionadamente es, para un arqueólogo, un auténtico tesoro. Una especie de cápsula del tiempo que permite transportarse a la manera de vivir de un pasado remoto con mucha exactitud. Como explican los directores de la excavación pertenecientes al Israel Antiquities Authority, Shua Kisilevitz y Zohar Turgeman-Yaffe, respecto al descubrimiento realizado cerca del Jerusalem Biblical Zoo “en ese tiempo, era costumbre enterrar a los muertos con ofrendas que constituían una especie de ‘kit de entierro’, que, se creía, serviría al difunto en el paso al más allá”.

Así pues, apuntan los responsables, “cuando quitamos la piedra que bloqueaba la abertura de la tumba estábamos emocionados de descubrir cuencos intactos y frascos. En uno de los frascos, a nuestro sorpresa, encontramos un montón de huesos pequeños”. Al principio no sabían a qué animales pertenecían ese material óseo, pero tras un estudio exhaustivo realizado por el Dr. Lior Weisbrod de la Universidad de Haifa, supieron que había restos de al menos nueve sapos que, curiosamente, habían sido decapitados.

Además, tras analizar los sedimentos depositados durante unos 4.000 años en las vasijas, los investigadores se encontraron con otra interesante sorpresa. Poco antes de que las vasijas acabaran soterradas, estuvieron en contacto con plantas de dátiles y mirto a pesar de que no es el hábitat natural de estas especies. Este hecho hace suponer a los investigadores que esas plantas pudieron haber sido plantadas allí cerca de manera intencionada. Según Dafna Langgut, de la Universidad de Tel Aviv y encargado del análisis, en este período la palmera simbolizaba la fertilidad y el rejuvenecimiento, lo que podría explicar por qué en la antigüedad cultivaban los árboles en este ambiente, justo donde no crecen de manera natural. Estas plantas podrían, de este modo, haber conformado un huerto alrededor de una zona donde se llevaban a cabo rituales funerarios, durante los cuales se ofrecían alimentos y objetos al difunto. De hecho, los científicos piensan que las vasijas con los sapos sin cabeza estaba entre estas ofrendas al muerto.

Esta zona de la cuenca de Nahal Repha’im, cerca de Jerusalén era una zona fértil que invitaba a los asentamientos a largo término. Y así fue especialmente durante el período cananeo. De hecho, en los últimos años, las excavaciones en la zona, han descubierto dos asentamientos distintos, dos templos y varios cementerios, los cuales han proporcionado a los investigadores una nueva visión de la vida de la población local en ese momento.

Arqueología Edad del Bronce
Outbrain