Perú

En Tenahaha se dio "una continua interacción con los muertos"

La necrópolis de Tenahaha, al sur de Perú, no debía de parecerse a los actuales cementerios de tumbas individuales y atmósfera solemne, pues fue un lugar de duelo pero también de celebración

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Tenahaha

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El cañón de Cotahuasi, uno de los más profundos del mundo, al sur de Perú.

© JUSTIN JENNINGS

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El sitio arqueológico de Tenahaha junto al río Ocoña.

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Cráneo de una mujer joven hallado en Tenahaha.

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Recipientes cerámicos hallados en Tenahaha. Abajo a la derecha se puede distinguir una cara sonriente.

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Tupus o alfileres hallados en Tenahaha.

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La necrópolis de Tenahaha, al sur de Perú, no debía de parecerse a los actuales cementerios de tumbas individuales y atmósfera solemne, pues fue un lugar de duelo pero también de celebración

Una vasta necrópolis de más de 1.000 años de antigüedad, conocida como Tenahaha, está saliendo a la luz en los últimos años en el cañón de Cotahuasi, uno de los más profundos del mundo, al sur de Perú. Cada una de las siete tumbas excavadas hasta la fecha contenía entre diez y sesenta individuos de todas las edades, tanto bebés que experimentaron una muerte prematura como adultos y ancianos. Muchos de los despojos se encontraban desmembrados y roídos por las ratas o deteriorados por los insectos, lo que demuestra que las tumbas fueron destapadas en repetidas ocasiones. La necrópolis de Tenahaha no debía de parecerse a los actuales cementerios de tumbas individuales y atmósfera solemne. Las mismas sepulturas fueron utilizadas por varias generaciones y la necrópolis sirvió de lugar de encuentro entre los vivos y sus venerables antepasados. Debió de ser un lugar de duelo, pero también de celebración, pues se han hallado indicios de consumo de chicha o cerveza de maíz. La gente se reunía con sus personas amadas, celebraban juntos y pocos días después regresaban a casa, explica Justin Jennings, uno de los principales investigadores del sitio arqueológico, durante una entrevista con este medio. Creemos que Tenahaha fue un sitio neutral, alejado de la violencia que había en las regiones costeras, y que fue construido por la población local para enterrar y honrar a sus muertos, añade. Las investigaciones sobre esta antigua necrópolis, que fue ocupada entre los años 850 y 1050 d.C., aparecen recogidas en el libro Tenahaha and the Wari State, de los autores Justin Jennings, del Museo Real de Ontario y de la Universidad de Toronto, y Willy Yépez Álvarez, director del Proyecto Arqueológico Collota.

Un lugar «especial»

Los investigadores de este proyecto estaban tratando de comprender los cambios radicales que se dieron durante el Horizonte Medio (600-1000 d.C.), un período en el que floreció la cultura huari a lo largo de la costa de Perú, antes del Imperio incaico. En el cañón de Cotahuasi y en sus alrededores no encontramos evidencias de una conquista imperial huari. Empezamos a excavar Tenahaha porque nos pareció un sitio especial de este período, localizado al fondo de un valle y apartado de los campos fértiles donde normalmente se establecían las poblaciones, argumenta Jennings. Las excavaciones revelaron unas estructuras de tipo residencial y ceremonial, rodeadas de docenas de tumbas situadas sobre unas colinas bajas. La necrópolis de Tenahaha fue construida en un período en el que circularon nuevas ideas por las regiones andinas. Estos cambios sociales vinieron acompañados de violencia en la costa, pero en Tenahaha apenas se observan signos de violencia. La gente buscó otros medios, más allá de la violencia, para capear los cambios sociales, agrega. Los difuntos fueron depositados bajo tierra en posición fetal, ligados con cuerdas y cubiertos de textiles, pero sólo se han conservado trozos debido a la humedad. A modo de ofrenda se colocaron cuencos o tazas junto a los pies o sobre la cabeza y también se han hallado algunos collares, alfileres metálicos y algo de oro, aunque en los enterramientos no parece haber distinción entre ricos y pobres. La muerte era un proceso continuo, como era habitual en gran parte de los Andes. Las tumbas fueron reabiertas en varias ocasiones y, tras apartar los restos antiguos para hacer sitio, se depositaron nuevos individuos y ofrendas. No sabemos por qué, pero está claro que se dio una continua interacción con los muertos, concluye.