Marsella

En busca de la eternidad

Una exposición en el MuCEM de Marsella reúne más de 200 piezas relacionadas con las creencias de las tres grandes civilizaciones de la cuenca mediterránea: Egipto, Grecia y Roma

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«Migraciones divinas»

«Migraciones divinas»

Ídolo de mármol procedente de la cultura cicládica (Grecia).

© FOTO: ANDRÉ LONGCHAMP / FONDATION GANDUR POUR L'ART, GENÈVE / MUCEM

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«Migraciones divinas»

«Migraciones divinas»

Estatuilla femenina de marfil del período predinástico egipcio.

© FOTO: SANDRA POINTET / FONDATION GANDUR POUR L'ART, GENÈVE / MUCEM

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«Migraciones divinas»

«Migraciones divinas»

Estatua de un efebo que representa a un Dioscuro, del siglo II d.C. y procedente del cabo de Agde.

© FOTO: ANDRÉ LONGCHAMP / FONDATION GANDUR POUR L'ART, GENÈVE / MUCEM

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«Migraciones divinas»

«Migraciones divinas»

Sarcófago romano que representa una escena dionisíaca.

© FOTO: ANDRÉ LONGCHAMP / FONDATION GANDUR POUR L'ART, GENÈVE / MUCEM

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«Migraciones divinas»

«Migraciones divinas»

Cabeza de Vajrapani identificado como Heracles, procedente de la cultura de Gandhara, del siglo IV o V d.C.

© FOTO: ANDRÉ LONGCHAMP / FONDATION GANDUR POUR L'ART, GENÈVE / MUCEM

Una exposición en el MuCEM de Marsella reúne más de 200 piezas relacionadas con las creencias de las tres grandes civilizaciones de la cuenca mediterránea: Egipto, Grecia y Roma

La exposición temporal Migraciones divinas, sobre las creencias religiosas que se dispersaron por la cuenca mediterránea en tiempos antiguos, se puede visitar hasta el 16 de noviembre en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM), inaugurado junto al puerto de Marsella en 2013. La muestra reúne más de 200 piezas, fechadas entre el III o II milenio a.C. y el siglo III d.C., procedentes de las tres grandes áreas de la civilización mediterránea antigua: Egipto, Grecia y Roma. El mar Mediterráneo favoreció el intercambio entre estas tres culturas, unas veces a través de las actividades marítimas y el comercio y otras veces como consecuencia de los conflictos militares y las conquistas. Las religiones politeístas generalmente aceptaron a los dioses de las civilizaciones extranjeras, hasta el punto de que fueron asimilados y se crearon nuevos cultos y formas divinas. Serapis, por ejemplo, es un caso ejemplar de divinidad sincrética greco-egipcia. Asimismo, el culto a la divinidad Mitra, de origen indoiranio, fue adoptado por los soldados romanos.

La esperanza de renacer

Desde tiempos remotos, los integrantes de cada cultura buscaron respuestas a sus propias cuestiones existenciales. En el prólogo de la exposición se exhiben dos piezas tremendamente antiguas que sumergen al visitante en un mundo misterioso e inconcebible: un ídolo de la cultura cicládica y una estatuilla del período predinástico de Egipto que representa a una mujer con los brazos levantados. La primera parte de la muestra está dedicada al panteón como concepto, es decir, el conjunto de dioses de una mitología politeísta, de tipo jerárquico en el caso egipcio y familiar en el caso griego, con Zeus originando toda esta genealogía tan compleja. Dioniso es el dios griego más representado en esta exposición, en un total de quince piezas. La segunda parte explora los caminos que siguió la humanidad en su búsqueda desesperada por la eternidad: a través de los ritos, los cultos públicos y privados e incluso la magia. Al escoger una escena dionisíaca  para decorar su sarcófago, un romano abrigaba la esperanza de renacer. La última parte está dedicada a los encuentros e intercambios de los diferentes cultos en la cuenca mediterránea y reúne unas piezas tan maravillosas como una cabeza de Vajrapani, una deidad del budismo, identificada aquí como Heracles, procedente de la cultura sincrética que floreció en Gandhara.