Granada

Emerge la Granada romana

El pasado mes de enero apareció una gran villa romana del siglo I d.C., además de un molino de aceite y una necrópolis visigoda, durante las obras de un futuro aparcamiento

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Villa romana de Granada

Villa romana de Granada

Impresionante imagen aérea en la que se aprecian los mosaicos, en buen estado de conservación, que decoraban el pavimento de la villa romana, un yacimiento arqueológico que hasta la fecha cubre más de 2.500 metros cuadrados.  

© ÁNGEL RODRÍGUEZ

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Villa romana de Granada

Villa romana de Granada

En esta imagen se aprecian claramente los elegantes mosaicos, con sus elaborados motivos geométricos, que debieron formar parte de la villa de un rico terrateniente romano.  

© ÁNGEL RODRÍGUEZ

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Villa romana de Granada

Villa romana de Granada

Imagen aérea en la que se distingue la extensión de la villa romana, que incluía una antigua almazara o molino de aceite. 

© ÁNGEL RODRÍGUEZ

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Villa romana de Granada

Villa romana de Granada

El equipo de arqueólogos, dirigido por Ángel Rodríguez, descubre el magnífico mosaico romano del siglo I d.C. 

© ÁNGEL RODRÍGUEZ

5 de junio de 2013

El entramado de la antigua Granada romana, que ha permanecido prácticamente oculto durante siglos, se manifiesta paulatinamente en la Vega de Granada. «El carácter monumental de Granada no se agota en sus calles céntricas», expresa la Real Academia de Bellas Artes de Granada en un comunicado que difundió el pasado mes de mayo. La ciencia arqueológica ha identificado, en las últimas décadas, toda una serie de explotaciones agropecuarias que ocuparon la fértil periferia de la ciudad, irrigada por los ríos Genil, Cubillas y Beiro. La agricultura fue uno de los principales recursos de la ciudad romana y en especial la producción de aceite a través del prensado de aceitunas. Estos predios estaban situados en los alrededores de Iliberri, la Granada ibérica, que se asentó en lo que hoy es el barrio del Albaicín. «Podría decirse que casi a cada 500 metros de distancia va apareciendo unas de estas prósperas villas romanas que basaban su riqueza en el aceite de oliva», explica Margarita Orfila, catedrática de arqueología en la Universidad de Granada y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, a Historia National Geographic

La última de estas villas romanas apareció, junto a un cementerio de época visigoda, el pasado mes de enero en un solar conocido como Los Mondragones, en el distrito Beiro, en el centro de Granada, durante las obras de un futuro aparcamiento. Las edificaciones, que según la Real Academia de Bellas Artes de Granada son «extremadamente importantes», están formadas por una serie de dependencias relacionadas con las actividades de explotación agrícola y una zona de vivienda, «seguramente del propietario de la finca, demostrativa de una alta calidad de vida». El equipo de arqueólogos, dirigido por Ángel Rodríguez, ha datado esta gran villa romana en el siglo I d.C. y ha identificado hasta el momento un total de nueve estancias con pavimentación en mosaico, «de una gran belleza y en buen estado de conservación». Incluye lo que parece ser un molino de aceite, un conjunto de prensas para transformar productos agrícolas, «posiblemente destinados a la manipulación de las aceitunas». En la zona de vivienda también se ha identificado un posible jardín central, con una serie de fuentes y un pasillo a su alrededor, además de varias habitaciones que envuelven todo el conjunto. La necrópolis vinculada a estas edificaciones, probablemente destinada a los miembros de la familia, abarca un período que se extiende hasta el siglo VII d.C., en época visigoda.

«Los acuerdos que se están pactando entre los promotores de las obras y la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía permitirán que permanezcan in situ una parte importante de estos vestigios, tanto en la zona de las estancias, donde se ubican los mosaicos, en la que se ha propuesto crear un centro de interpretación, como en la zona de prensado. Parece que se va a preservar e integrar en el lugar un 40 por ciento de los hallazgos, algo que debe loarse por el esfuerzo que conlleva tanto para el promotor de la obra como para la propia Administración. De esta forma, se podrán integrar estos vestigios de época romana en el entramado actual de la ciudad», afirma Margarita Orfila.