El lago Corrib, en Irlanda, esconde barcos naufragados

En 2012 y 2013 se hallaron 12 pecios, fechados entre el 2500 a.C. y el siglo XI, en las profundidades de este lago situado al oeste de Irlanda y conectado con el mar

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Lago Corrib

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Un equipo de la Unidad de Arqueología Subacuática de Irlanda realiza investigaciones en el lago Corrib. 

© NATIONAL MONUMENTS SERVICE

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Lago Corrib

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Los restos del barco descubierto cerca de Annaghkeen por el capitán Trevor Northage.

© CIARAN O MURCHU

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El barco de Annaghkeen reposaba parcialmente enterrado en el lecho del lago Corrib a sólo cinco metros de profundidad.

© CIARAN O MURCHU

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Los restos de un remo hallado junto al barco de Annaghkeen. 

© CIARAN O MURCHU

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Un buzo inspecciona los restos del barco de Annaghkeen. 

© CIARAN O MURCHU

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Lago Corrib

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Un buzo toma medidas de los restos del barco de Annaghkeen.

© NATIONAL MONUMENTS SERVICE

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Puntas de lanza de bronce halladas en el lago Corrib, probablemente de la Edad del Hierro.

© NATIONAL MONUMENTS SERVICE

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Lago Corrib

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Hachas halladas junto al barco de Carrowmoreknock, expuestas actualmente en el Museo Nacional de Irlanda.

© NATIONAL MUSEUM OF IRELAND

29 de abril de 2014

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La Unidad de Arqueología Subacuática de Irlanda (UAU) ha hallado los restos de doce barcos de madera, fechados entre el 2500 a.C. y el siglo XI, además de otros objetos, especialmente del período vikingo, en las profundidades del lago Corrib, que conecta con el mar en Galway, al oeste de Irlanda, según ha anunciado recientemente Jimmy Deenihan, ministro de las Artes, Patrimonio y de la Región de Lengua Gaélica. Uno de los barcos, hallado cerca de Carrowmoreknock, contenía armas del siglo XI, entre ellas tres hachas de guerra vikingas con mangos de madera intactos, un hacha de hierro y dos puntas de lanza de hierro, por lo que cabe la posibilidad de que el barco fuera hundido durante una incursión en el lago. Los hallazgos ofrecen una visión única de toda una serie de actividades prehistóricas y medievales, incluyendo el asalto, la caza, la carpintería, la construcción de barcos, el comercio, los viajes y el transporte, destaca Deenihan.

Los primeros hallazgos fueron realizados por Trevor Northage, de 56 años, capitán de grandes buques dedicados al transporte de productos químicos por todo el mundo. Durante mi tiempo libre me dedico al levantamiento hidrográfico y a la cartografía. Disfruto elaborando cartas e investigando las aguas inexploradas que hay a nuestro alrededor; no hace falta irse a la Antártida, explica a Historia National Geographic. Descubrí el primer barco mientras me dirigía con un amigo lentamente por el lago hacia Annaghkeen, donde amarraba mi barco durante el verano. Fuimos a examinar algunas anomalías que había visto y ya nos dirigíamos a casa a última hora de la tarde cuando algó vibró en la cubierta de popa. Apagué el motor y navegamos a la deriva. Miré de nuevo la pantalla del sónar y percibí la inconfundible señal que emite la detección de un gran barco, agrega.

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Northage realiza sus detecciones con un sónar de barrido lateral y una cámara submarina. Cuando detecta una anomalía en las profundidades, que puede corresponder al hallazgo de un pecio, se pone inmediatamente en contacto con la UAU y sus buzos realizan una inmersión para comprobar la magnitud del hallazgo. El barco de Annaghkeen data aproximadamente del año 2500 a.C. Mide doce metros de largo, tiene forma de canoa y fue tallado en el tronco de un solo roble con la ayuda de hachas y azuelas. Reposaba parcialmente enterrado en el lecho del lago a sólo cinco metros de profundidad. Una hendidura central recorre las tres cuartas partes del barco y cuatro hendiduras transversales crean una especie de compartimentos o espacios definidos, explica Karl Brady, quien dirige este proyecto arqueológico en la UAU, a Historia National Geographic.

El hallazgo de las hachas fue afortunado. La respuesta del sónar fue muy pobre debido a que los restos naufragados estaban completamente cubiertos de sedimentos. El primer buzo que descendió retiró algunos sedimentos de la borda y descubrió los portantes de los remos perfectamente conservados, además de asientos, por lo que pensó que se trataba de un barco moderno. Posteriormente los buzos hallaron un hacha de guerra junto a la proa y comprendieron que se trataba de un barco bastante más antiguo de lo que parecía, comenta Northage, quien publica todas sus investigaciones en la web AnglingCharts. Las hachas del barco de Carrowmoreknock forman parte de la exposición Clontarf 1014, desde el 10 de abril de 2014 en el Museo Nacional de Irlanda, que conmemora la célebre batalla que tuvo lugar hace 1.000 años entre vikingos e irlandeses.