España

El general Prim pudo morir estrangulado

Según la Comisión Prim, probablemente perdió la conciencia tras el atentado y fue estrangulado horas o días después

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Juan Prim y Prats

Juan Prim y Prats

El general Prim (1814-1870) en un óleo de Luis Madrazo.

SFGP2 / GTRES

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Juan Prim y Prats

Juan Prim y Prats

Parte posterior del cuello del general Prim, en la que se aprecia una lesión compatible con un estrangulamiento a lazo.

FOTO: IOANNIS KOUTSOURAIS

25 de febrero de 2013

La tarde-noche del 27 de diciembre de 1870, Juan Prim y Prats, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, sufrió una emboscada en la madrileña calle del Turco (actual Marqués de Cubas) que posteriormente acabó con su vida, convirtiéndose en el primer jefe de Gobierno español muerto en un atentado (hoy son cinco: Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco). El general Prim, natural de Reus, murió a manos de sus enemigos un año y cinco meses después de acceder al cargo y tras elegir al italiano Amadeo de Saboya para ocupar la Corona española. El sumario del crimen, compuesto por 18.000 folios manuscritos divididos en 80 tomos, señalaba a una docena de sospechosos pero a ningún culpable. El juicio nunca se celebró y no se esclareció el misterio de su muerte. La Comisión Prim, un equipo multidisciplinar de criminólogos, juristas y forenses, dirigido por Francisco Pérez Abellán, de la Universidad Camilo José Cela (UCJCM), decidió reabrir el caso para determinar si los disparos que recibió el general Prim causaron su muerte inmediata o si falleció, como dice la versión oficial, tres días después. Una gran parte de los folios del sumario desapareció misteriosamente para impedir que se descubriese la conspiración que provocó el atentado.

No se realizó la autopsia del cadáver

En mayo de 2012, el equipo de investigadores de la Comisión Prim se desplazó al Museo del Ejército, en Toledo, para estudiar la berlina que transportaba a Prim y parte de los ropajes que vestía en el momento del atentado. «Un número indeterminado de personas, que podría ser un grupo de entre seis y doce, todos fuertemente armados, aparecen súbitamente de entre las sombras y abren fuego contra el interior de la berlina. Se producen por lo menos dos cargas con armas cortas y largas de diferentes calibres. El general Prim resulta herido en el hombro izquierdo, codo izquierdo, espalda y mano derecha», explica el estudio antropológico forense que ha desarrollado la Comisión Prim. La berlina conserva, en el lado izquierdo, parte de los impactos de bala que recibió, ya que el resto fueron restaurados. «Todavía no sabemos por qué se restauraron», explica Ioannis Koutsourais, miembro de la Comisión Prim, a Historia National Geographic. Los investigadores han utilizado luz forense para comprobar la existencia de manchas de sangre en los ropajes y en la berlina. «Estamos intentando calcular la cantidad aproximada de sangre que perdió el cuerpo en el momento del atentado», añade. En verano de 2012, la Comisión Prim viajó a Reus para examinar la momia embalsamada del general y analizar las heridas de bala. Comprobaron que en su día no se realizó la autopsia del cadáver, en contra de lo que señalaban los documentos históricos y oficiales. «Firman la autopsia los tres médicos más importantes de la época, pero el cuerpo no presenta ninguna apertura de cavidades. Los únicos puntos de sutura se le aplicaron en el cuello, probablemente para realizar la práctica del embalsamamiento», indica Koutsourais. «El informe de la autopsia también hace referencia a la amputación quirúrgica del dedo anular de la mano derecha. Sin embargo, no se aprecia ningún signo de cura en dicha lesión; le volaron el dedo», añade. Las lesiones en el codo izquierdo se produjeron mientras el brazo estaba en alto, separado del tronco. «Analizando el personaje y la situación, la doctora María del Mar Robledo y yo creemos que, más que defenderse, se dedicó a atacar. El general Prim presumía de saber defenderse a sí mismo. No quería que su escolta personal fuera armada para que sus enemigos creyeran que tenía miedo», expresa Koutsourais.

Probablemente perdió la conciencia

Ninguna de las lesiones afectó, en un principio, a un órgano vital. Sin embargo, sufrió una pérdida de sangre considerable y, dado que en aquella época todavía no se realizaban transfusiones, difícilmente pudo mantener la conciencia. «El martes 27 de diciembre, a las 19:30 aproximadamente, el general Prim dejó de poder hacer el ejercicio de la pinza con ninguna de las manos, queda totalmente descartada esa posibilidad, por lo que no pudo firmar de su puño y letra ningún documento tres días después, como se ha creído hasta ahora», asegura Koutsourais. Por tanto, y según la comisión de investigación, el general Prim con toda probabilidad quedó inconsciente debido a la hemorragia que debió sufrir. Durante el examen externo del cadáver, los investigadores realizaron, además, un «hallazgo sorprendente e inesperado: un surco que parte desde la parte posterior del cuello, presenta continuidad hasta la zona delantera y desde donde parte otro en dirección posterior y ascendente». Tras descartar que estas lesiones fuesen producidas por las ropas o durante el proceso de embalsamamiento, Koutsourais y Robledo han concluido que «son compatibles con un estrangulamiento a lazo, siendo esta modalidad de estrangulación mayoritariamente de carácter homicida y cuyo signo externo fundamental es el denominado surco de estrangulación». El general Prim probablemente perdió la conciencia en el momento del atentado, aunque no falleció, debido a que los disparos no afectaron ningún órgano vital, de ahí que pudiera ser estrangulado en las próximas horas o días, con el fin de que no recuperara la conciencia.