Asturias

El Chao Samartín, un recinto sagrado

Un equipo arqueológico está realizando trabajos de conservación en este antiguo castro situado al oeste de Asturias, que se remonta a finales de la Edad del Bronce

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Imagen aérea del castro de Chao Samartín, situado en Grandas de Salime, al oeste de Asturias.  

© ÁNGEL VILLA VALDÉS

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

El castro o pueblo fortificado de Chao Samartín se remonta a finales de la Edad del Bronce. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Calota craneal de una mujer de unos 15 años de edad, colocada junto al depósito funerario.  

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Imagen aérea de la domus romana del castro de Chao Samartín. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Columnas romanas de la domus del castro de Chao Samartín. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Muro de una de las estancias de la domus romana, en el que se pueden apreciar algunas de las pinturas murales que decoraban esta vivienda.

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Un fragmento de las pinturas murales, en el que se distingue un rostro. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Rostro femenino presente en una de las pinturas murales. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

En este fragmento de pintura mural aparece representado un caballo. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Reconstrucción de una de las paredes de la domus romana, ricamente engalanada con motivos geométricos. 

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El castro de Chao Samartín

El castro de Chao Samartín

Equipo de restauración de las pinturas murales, con Olga Gago, en el centro, y Carmen Feito, a la derecha.  

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7 de agosto de 2013

Un equipo arqueológico coordinado por Ángel Villa, adscrito a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias, está realizando trabajos de conservación en el castro de Chao Samartín, situado en Grandas de Salime, al oeste de Asturias. Este yacimiento visitable, cuyos orígenes se remontan a finales de la Edad del Bronce, se comenzó a excavar de forma sistemática en 1990, pero gran parte del poblado aún es objeto de estudio. Una buena parte de las pinturas murales que decoraban una domus romana de época altoimperial, que se instaló en el propio recinto castreño, aún permanece inédita. «Entre los motivos representados aparecen diseños geométricos pero también figurativos con elementos vegetales, animales y fauna mitológica, así como diversas figuras humanas, tal vez retratos inspirados en los propietarios de la casa», explica Ángel Villa a Historia National Geographic. El arqueólogo destaca que aún quedan por excavar dos estancias de la domus, cuya planta ocupaba aproximadamente 500 m2, y que ambas conservan sus pinturas murales en su posición original.

El castro de Chao Samartín atesora una historia milenaria que es un reflejo de los diferentes pobladores que han dejado su huella en Asturias. «El lugar debió ser frecuentado desde época neolítica, como lo demuestran los frecuentes enterramientos tumulares y otros hallazgos producidos en su entorno inmediato», sostiene Ángel Villa. «Sin embargo, el primer recinto fortificado que se ha podido atestiguar fue fundado hacia el año 800 a.C., a finales de la Edad del Bronce, cuando se estableció sobre la explanada superior del yacimiento un espacio ceremonial en torno a la gran roca que se alza sobre los acantilados. Nada en su interior sugiere un uso doméstico, pero sí que abundan las evidencias que prueban su fuerte contenido ritual, incluido el depósito funerario, frente a cuya puerta se colocó la calota craneal de una mujer de unos 15 años de edad», añade.

Los castros o poblados fortificados sufrieron un progresivo abandono a comienzos de nuestra era, como consecuencia de la dominación romana de la península Ibérica. A mediados del siglo I d.C. se construyó una domus romana en un ambiente aún castreño, pero que estaba preparada para recibir a un alto dignatario. «Tras la conquista, Roma se sirvió de los vínculos ancestrales de relación de las comunidades indígenas, entre los cuales el Chao Samartín debía gozar ya de una destacada posición, para implantar un nuevo modelo administrativo con fines esencialmente fiscales y con especial atención al control de las minas de oro que se localizaban en la comarca», comenta Ángel Villa. De esta época datan las opulentas pinturas murales, que han sido estudiadas por Olga Gago, conservadora e investigadora especializada en pintura mural romana.

El Chao Samartín se mantuvo como un asentamiento estable hasta el siglo II d.C., en parte debido a las fértiles minas de oro que se concentraban en la región, hasta que las violentas sacudidas de un terremoto pudieron provocar la ruina definitiva del castro romano. «En un momento impreciso de la segunda mitad del siglo II d.C. se constata un derrumbe masivo y compacto de la mayor parte de edificios del poblado, que atraparon en su caída un ajuar insospechadamente rico y cuantioso en el que menudean las vajillas de importación, monedas e incluso algunas joyas. Todo ello se dispersó sobre los pavimentos por los que hasta entonces transitaban sus habitantes», afirma Ángel Villa. Los técnicos basan estas afirmaciones, entre otras cosas, en los desperfectos evidentes en muros y suelos y en las series estratigráficas recuperadas en el yacimiento, que revelan que el castro ya había conocido episodios similares. El recinto se encuentra, además, próximo a una zona sísmicamente activa (Becerrá-Triacastela).

«La ocupación medieval del centenario poblado tuvo unas características bien diferentes, pues no se corresponde con un núcleo de habitación sino con un espacio funerario, probablemente con un lugar de culto asociado. En cierta forma se cerraba así el círculo por el que, unos 2.000 años después de su fundación, aún se reivindicaba la condición de espacio sagrado que animó la construcción de la acrópolis del Chao Samartín hacia el final de nuestra prehistoria reciente», concluye.