Dos huellas de época romana

Pisadas que captan un momento efímero en la vida de dos individuos romanos: uno que dejó imprimida su huella en Vindolanda, al norte de Inglaterra; y otro que hizo lo propio en Hippos, al noroeste de Israel

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Vindolanda

Vindolanda

Mel Bernard, una estudiante canadiense, muestra la huella impresa en una losa que ha sido hallada en Vindolanda, al norte de Inglaterra.

© THE VINDOLANDA TRUST

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Hippos

Hippos

Huella sobre el mortero hallada en el sitio arqueológico de Hippos-Sussita, al noroeste de Israel.

© MICHAEL EISENBERG

Pisadas que captan un momento efímero en la vida de dos individuos romanos: uno que dejó imprimida su huella en Vindolanda, al norte de Inglaterra; y otro que hizo lo propio en Hippos, al noroeste de Israel

Dos huellas humanas de época romana halladas en los confines del imperio: la pisada de un individuo descalzo en Vindolanda, junto a la Muralla de Adriano, al norte de Inglaterra; y la pisada de un soldado romano calzado con sandalias en Hippos, al noroeste de Israel. La primera, fechada en los años 160-180 d.C., ha sido hallada durante 2015, según informó recientemente The Vindolanda Trust; la segunda, fechada entre el siglo I a.C. y el II d.C., fue hallada en 2007, según informó en su día la Universidad de Haifa. Estas huellas captan un momento efímero en la existencia de unos individuos que vivieron hace 2.000 años.

En el fuerte de Vindolanda han aparecido objetos de lo más variopinto: tablillas, zapatos, peines e incluso un inodoro de madera. Se han excavado miles de losas, algunas con huellas de animales, pero ninguna humana. La pisada hallada por Mel Bernard, una estudiante canadiense, es comparable a la de un adolescente, quien la imprimió "de forma accidental o quizá cometiendo una travesura al apoyar el pie sobre la pieza recién fabricada".

La pisada de Vindolanda pudo ser una travesura: apoyó el pie sobre la pieza recién fabricada

En cambio, la pisada hallada sobre la colina de Hippos corresponde a un soldado que probablemente trabajó en la construcción de una fortaleza. Los 29 clavos de hierro que tachonaban sus sandalias de cuero, conocidas como cáligas, quedaron impresos en el mortero cuando aún estaba fresco. "Esta huella de cáliga es única porque es prácticamente idéntica a la que fue hallada en el Támesis a finales del siglo XIX y que está expuesta en el Museo Británico. Tiene 28 clavos, uno menos que la de Hippos", explica Michael Eisenberg, director de las excavaciones en el sitio arqueológico de Hippos-Sussita.