Barcelona

Desmitificando a los vikingos

Una muestra en el Museu Marítim de Barcelona, que reúne más de 400 piezas originales, se distancia de los estereotipos que han caracterizado a los vikingos

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«Vikingos»

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Reconstrucción a tamaño real del barco vikingo Gokstad, presente en la muestra.

© MARTÍN BENET / MUSEU MARÍTIM DE BARCELONA

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«Vikingos»

«Vikingos»

Broche, collar y colgante con cuentas de colores, unas piezas que consiguieron los vikingos mediante el comercio o el saqueo en territorios extranjeros.

© MARTÍN BENET / MUSEU MARÍTIM DE BARCELONA

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«Vikingos»

«Vikingos»

En ocasiones los vikingos fueron enterrados e incinerados junto a sus embarcaciones. Prueba de ello son estos remaches, pertenecientes a un barco, que sobrevivieron al fuego.

© MARTÍN BENET / MUSEU MARÍTIM DE BARCELONA

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«Vikingos»

«Vikingos»

Piedra sepulcral que representa escenas de la mitología vikinga, hallada en Gotland.

© MARTÍN BENET / MUSEU MARÍTIM DE BARCELONA

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«Vikingos»

«Vikingos»

La muestra pretende distanciarse de ciertos estereotipos que caracterizan a los vikingos, por ejemplo el casco con cuernos.

© MARTÍN BENET / MUSEU MARÍTIM DE BARCELONA

Una muestra en el Museu Marítim de Barcelona, que reúne más de 400 piezas originales, se distancia de los estereotipos que han caracterizado a los vikingos

Las últimas investigaciones arqueológicas están desmitificando a los vikingos entendidos como un pueblo bárbaro, invasor y saqueador. Eran temibles, pero no más que otros pueblos que también desarrollaron el arte de la guerra para invadir y conquistar otros territorios. Esta imagen más equilibrada es la que pretenden divulgar exposiciones como Vikingos: vida y leyenda, hasta el 22 de junio en el Museo Británico, y Vikingos, una muestra itinerante instalada en el Museu Marítim de Barcelona hasta el 28 de septiembre. El casco con cuernos, por ejemplo, tan asociado a los vikingos, fue ideado con motivo de la representación completa de El anillo del nibelungo, de Richard Wagner, según explicó Elvira Mata, subdirectora del  Museu Marítim de Barcelona, durante la rueda de prensa de Vikingos. La exposición reúne más de 400 piezas originales del Museo de Historia de Suecia que reflejan el estilo de vida de estos pueblos nórdicos que se desarrollaron y expandieron entre los años 750 y 1100 d.C.

Los vikingos vivían en comunidades rurales, pero no eran tan salvajes y rudos como los pintan. Cuidaban su aspecto, como lo demuestran distintos objetos presentes en la exposición: espléndidos broches, colgantes y hebillas, decorados con el martillo de Thor, con aves rapaces o con ciervos; pero también peines e incluso un bastoncillo para los oídos. Les gustaba la música y así lo atestiguan los zumbadores de hueso, una especie de flautas. Eran sociables pero debieron sentir recelo hacia los demás, pues en la muestra abundan las llaves y los candados, utilizados para cerrar cofres, almacenes y graneros, pero también como elementos decorativos o amuletos. Eran fieros o les gustaba aparentarlo, como se puede comprobar por los dientes limados y alineados intencionadamente que presenta una mandíbula. Las mujeres eran más importantes en la sociedad vikinga que en la cristiana y, además, sabían defenderse con sus propias armas. El espíritu intrépido y guerrero de los vikingos es una realidad: se aventuraron con sus embarcaciones de madera hasta Islandia, Groenlandia e incluso llegaron a las Islas Baleares y a la costa catalana. La muestra reúne un buen número de armas: cuchillos, hachas y espadas de doble filo, algunas en un magnífico estado de conservación.

Por último hay que destacar los ámbitos expositivos dedicados al culto a los dioses y a la vida de ultratumba. En ocasiones enterraban e incineraban a los difuntos junto a sus posesiones más preciadas: trineos, carros y barcos, además de sus armas y puede que también sus mascotas o animales, pues se han encontrado restos incinerados de perros, gatos y pollos. Los muertos formaban parte de la vida familiar y su recuerdo pervivía en las montañas y en los valles que rodeaban las granjas.