México

Descubren unas 5.000 pinturas rupestres en México

Han sido atribuidas a cazadores-recolectores de época prehispánica que "huyeron a la Sierra de San Carlos, donde tenían agua, plantas y animales para alimentarse"

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Pinturas rupestres

Pinturas rupestres

Pinturas rupestres halladas en la Sierra de San Carlos, en el municipio de Burgos, en Tamaulipas, al noreste de México. 

FOTOS: M. GARCÍA Y G. RAMÍREZ / INAH

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Pinturas rupestres

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Las pinturas rupestres halladas en Tamaulipas son de carácter antropomorfo, zoomorfo, astrónomico y abstracto.

FOTOS: M. GARCÍA Y G. RAMÍREZ / INAH

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Los colores que predominan son el amarillo, el rojo, el blanco y el negro, que fueron elaborados con tintes orgánicos y minerales.  

FOTOS: M. GARCÍA Y G. RAMÍREZ / INAH

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Pinturas rupestres

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Las actividades de los nómadas se centraban en la caza, la pesca y la recolección, pero también crearon imágenes antropomorfas, religiosas y astronómicas. 

FOTOS: M. GARCÍA Y G. RAMÍREZ / INAH

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Pinturas rupestres

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Las pinturas rupestres fueron realizadas en cuevas y cañadas, en lugares inaccesibles para los colonizadores hispánicos.  

FOTOS: M. GARCÍA Y G. RAMÍREZ / INAH

Han sido atribuidas a cazadores-recolectores de época prehispánica que "huyeron a la Sierra de San Carlos, donde tenían agua, plantas y animales para alimentarse"

El pasado 22 de mayo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México anunció la existencia de unas 5.000 pinturas rupestres realizadas por grupos de cazadores-recolectores y localizadas en cuevas y cañadas de la Sierra de San Carlos, en el municipio de Burgos, en Tamaulipas, al noreste de México. El hallazgo se realizó en 2006, su registro comenzó hace dos años y la investigación la ha dado a concer la arqueóloga Martha García, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, durante el Segundo Coloquio de Arqueología Histórica, que se impartió del 20 al 24 de mayo en el Castillo de Chapultepec, en Ciudad de México. 

En total son 4.926 pinturas rupestres de carácter antropomorfo, zoomorfo, astrónomico y abstracto. La arqueóloga Martha García ha explicado que las imágenes dejan entrever que las actividades de los nómadas se centraban en la caza, la pesca y la recolección, pero que también crearon imágenes antropomorfas, religiosas y astronómicas, de lugares en los que instalaron su vivienda de forma temporal, con presencia de lo que parecen ser tipis, así como representaciones de la flora y fauna de la región, como venados, lagartijas y ciempiés. Los colores que predominan son el amarillo, el rojo, el blanco y el negro, que fueron elaborados con tintes orgánicos y minerales. 

Las pinturas rupestres fueron realizadas, al menos, por tres grupos de cazadores-recolectores de la región: los guajalotes, los iconoplos y los pintos; aunque por la misma zona también se movían los cadimas, mediquillos, mezquites, cometunas y canaimes, entre otros. Sin embargo, Martha García afirma que «no hay registros de estos grupos nómadas, sí en cambio de indígenas tlaxcaltecas o de Nuevo León, criollos o franceses, que llegaban por la costa». Sólo se conocen los nombres de estas tribus o bandas serranas por los motes que les pusieron los conquistadores, frailes y otros indígenas que los acompañaban y que «van desde descripciones de rasgos personales (borrados, pintos, sarnosos), costumbres o actividades (cometunas, comenopales, zapoteros, andaelcamino), patronímicos de jefes de tropillas (santiagos, Villegas, Pancho cojo), hasta gentilicios (dienteños, salineros)».

Se desconoce, por tanto, la datación de estas pinturas realizadas por grupos indomables que escaparon al dominio español durante casi 200 años, ya que la evangelización de Burgos comenzó a mediados del siglo XVIII. «Huyeron a la Sierra de San Carlos, donde tenían agua, plantas y animales para alimentarse. En cambio, los españoles no se metían en la sierra y en sus cañadas», comenta Martha García. En la colonia se llegó a ofrecer 25 pesos por cada cabellera indígena o 60 por cada cautivo «rescatado», por lo que se sabe muy poco de sus lenguas, ritos y costumbres. 

«No ha sido posible fechar las pinturas rupestres porque no se ha encontrado ningún objeto antiguo que esté asociado al contexto y porque estas manifestaciones están en los muros de las cañadas. Además, tenemos pura grava, porque en época de lluvias la corriente del arroyo se lleva todo el sedimento», observa Gustavo Ramírez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Tamaulipas, que también ha participado en la investigación. Sin embargo, se podrán tomar muestras de los pigmentos para realizar un análisis químico o de radiocarbono.