Descubierto el principal campo de juego de pelota de Tenochtitlán

En este complicado juego mesoamericano la pelota no se podía tocar con las manos ni con los pies, tampoco podía tocar el suelo ni estar detenida

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Campo de juego de pelota

Campo de juego de pelota

Vestigios del principal campo de juego de pelota de la antigua Tenochtitlán.

Foto: PAU-INAH

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Escalinata norte

Escalinata norte

Bajo la escalinata norte se detectó la ofrenda de las vértebras cervicales.

Foto: PAU-INAH

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Vértebras cervicales

Vértebras cervicales

Conjuntos de vértebras cervicales relacionados con un sacrificio.

Foto: PAU-INAH

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Vértebras cervicales

Vértebras cervicales

Las vértebras cervicales corresponden a una treintena de individuos.

Foto: PAU-INAH

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Vértebra cervical

Vértebra cervical

Se han detectado marcas de corte en las vértebras cervicales.

Foto: PAU-INAH

En este complicado juego mesoamericano la pelota no se podía tocar con las manos ni con los pies, tampoco podía tocar el suelo ni estar detenida

Un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México ha hallado vestigios del principal campo de juego de pelota de la antigua Tenochtitlán durante unas excavaciones en la calle República de Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, según informó ayer el INAH. En este complicado juego mesoamericano, practicado en la vida social y religiosa, la pelota no se podía tocar con las manos ni con los pies, tampoco podía tocar el suelo ni estar detenida.

Las excavaciones efectuadas en 2014, que se han dado a conocer recientemente, sacaron a la luz los restos de una plataforma orientada de este a oeste y cuya longitud aún se desconoce. La estructura excavada mide nueve metros de ancho y se encuentra a unos seis metros al sur del Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl, una deidad mexica del viento que provocaba corrientes de aire para ayudar a los dioses de la lluvia. En el costado norte de la plataforma del juego de pelota se han localizado dos escalinatas superpuestas de cuatro peldaños y con sus respectivas banquetas, que comunicaban con el Templo de Ehécatl. En cambio, en el costado sur se observa la superposición de tres muros estucados en forma de talud, de casi dos metros de altura. Los hallazgos han sido fechados entre 1486 y 1502, es decir, en la época de la conquista de América, aunque la capital del Imperio mexica no fue sometida por los conquistadores españoles hasta 1521.

Por otro lado, los arqueólogos han descubierto "una ofrenda única por sus características" bajo la escalinata norte del campo de juego de pelota. A una profundidad de 1,60 metros ha aparecido un depósito formado por varios conjuntos de vértebras cervicales humanas, además de navajillas y puntas de maguey y otros materiales relacionados con un sacrificio. Cada conjunto estaba formado por entre dos y seis vértebras en conexión anatómica, lo que sugiere que los huesos del cuello se depositaron junto con los tejidos blandos. "Al realizar el registro y análisis de los grupos de cervicales que conformaban la ofrenda encontramos que pertenecían a 31 individuos entre niños, jóvenes y adultos; y en 18 de estos había presencia del hueso axis [la segunda vértebra cervical], lo cual es importante para profundizar en el conocimiento sobre la técnica de desarticulación del cráneo", explicó María García Velasco, experta en Antropología Física. "Es factible que los individuos hayan sido sacrificados como pago a los dioses, convirtiéndose en un alimento para la continuidad de la vida", concluyó.