IMAGEN DE LA SEMANA

"Como rayo del sol resplandeciente"

Balsa Muisca

Balsa Muisca

© MUSEO DEL ORO, BANCO DE LA REPÚBLICA

En Elegías de varones ilustres de Indias, el poeta y cronista Juan de Castellanos (1522-1607) relata un suceso entre el conquistador Sebastián de Belalcázar y un indio de Bacatá (la actual Bogotá), que fue la ciudad más importante de los muiscas, una cultura precolombina. El indio le habla del rey de su tribu, quien solía cubrirse el cuerpo con oro en polvo mientras realizaba ofrendas a los dioses a bordo de una balsa: Y entre las cosas que les encamina; Dijo de cierto rey, que, sin vestido; En balsas iba por una piscina; A hacer oblación según él vido; Ungido todo bien de trementina; Y encima cuantidad de oro molido; Desde los bajos pies hasta la frente; Como rayo del sol resplandeciente. La leyenda de El Dorado, un reino donde supuestamente abundaba el oro, tiene uno de sus orígenes en la laguna de Guatavita, al norte de Bogota, una de las lagunas sagradas de los muiscas, donde se realizaba la investidura del nuevo cacique. Dos piezas de orfebrería han confirmado esta ceremonia llevada a cabo por el pueblo muisca: la Balsa de Siecha, que se perdió para siempre al incendiarse en el puerto de Bremen el barco que la transportaba a Alemania; y la Balsa Muisca, que no se ha movido del Museo del Oro del Banco de la República de Bogotá desde que fue descubierta en 1969 por tres campesinos en una pequeña cueva del municipio de Pasca, al sur de la capital. La imagen muestra esta pieza excepcional, creada entre los años 600 y 1600 d.C. y depositada a modo de ofrenda en una vasija con forma de chamán. El cacique en el centro, además de las diez figuras que lo rodean y la balsa fueron elaborados con un molde de arcilla que se derritió al inyectar el metal fundido: sobre todo oro de primera calidad, pero también algo de plata nativa y cobre en aleación.