Madrid

Cleopatra merece ser reivindicada por su faceta política

Una muestra en la sala Arte Canal de Madrid captura la esencia de la última reina del Antiguo Egipto, denostada por unos y mitificada por otros

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"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

Cabeza-retrato de Cleopatra VII de mediados del siglo I a.C., cedida por el Museo del Louvre.

Foto: Centro de Exposiciones Arte Canal, Madrid

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"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

Ataúd antropomorfo de comienzos del siglo IV a.C., procedente del Museo de Antropología de la Universidad de Padua.

Foto: Centro de Exposiciones Arte Canal, Madrid

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"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

"Cleopatra y la fascinación de Egipto"

La muestra incluye parte del vestuario utilizado por Elizabeth Taylor en la película Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz, estrenada en 1963.

Foto: Centro de Exposiciones Arte Canal, Madrid

Una muestra en la sala Arte Canal de Madrid captura la esencia de la última reina del Antiguo Egipto, denostada por unos y mitificada por otros

Cleopatra (69-30 a.C.) ocupó el trono de Egipto a los 18 años de edad. Mucho se ha escrito sobre su atractivo irresistible, fruto de una intensa educación y de su presunta belleza. Cleopatra sentía una fascinación especial por los gatos, el animal más sagrado de la cultura egipcia, y cuenta la leyenda que su propio gato le servía de inspiración para la pintura de sus ojos: imitaba sus líneas sinuosas y oscuras, emulando esa mirada felina y seductora. Cleopatra fue una persona culta, la única de la dinastía ptolemaica que aprendió la lengua egipcia. La joven faraona amaba la historia de su país y por eso se granjeó el reconocimiento de sus súbditos egipcios. Todo lo contrario que su padre, Ptolomeo XII, famoso por su afición a fiestas y banquetes, quien se ganó el sobrenombre de Auletes, "el flautista". Ptolomeo XII gestionó el país de manera desastrosa y fue expulsado por los alejandrinos.

La última representante de la dinastía ptolemaica, célebre también por sus amores con Julio César y Marco Antonio, ha alcanzado la categoría de mito. Fue hija de una época fascinante y convulsa, los últimos años de un Egipto amenazado por el imperialismo de Roma, y habitó un escenario, Alejandría, con una doble identidad griega y egipcia. La exposición Cleopatra y la fascinación de Egipto, del 3 de diciembre de 2015 al 8 de mayo de 2016 en la sala Arte Canal de Madrid, captura la esencia de la última reina del Antiguo Egipto, denostada o malinterpretada por los cronistas romanos y mitificada por literatos, pintores, dramaturgos y cineastas. "La edad no podrá marchitarla ni la rutina helará sus encantos", expresó Shakespeare en Antonio y Cleopatra.

La exposición, comisariada por los profesores Giovanni Gentili y Martín Almagro-Gorbea, busca acercar al visitante no sólo al mito, sino también a la figura real y al momento que le tocó vivir. Cleopatra merece ser reivindicada por su faceta política por encima incluso de la amorosa: gobernó por sí sola un reino en circunstancias extremadamente complejas y aspiró a construir un imperio utilizando para ello a los hombres más poderosos de su tiempo. La muestra reúne más de 400 piezas arqueológicas, procedentes de ochenta museos y de colecciones españolas e internacionales. Entre ellas se puede contemplar un ataúd antropomorfo de comienzos del siglo IV a.C., procedente del Museo de Antropología de la Universidad de Padua; un retrato de Cleopatra pintado por John William Waterhouse en 1887; la cabeza-retrato de Cleopatra VII de mediados del siglo I a.C., cedida por el Museo del Louvre; y parte del vestuario utilizado por Elizabeth Taylor en la película Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz y estrenada en 1963.