Así murió Felipe II, el Rey Prudente

Felipe II

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Felipe II (1527-1598), rey de España entre 1556 y 1598, en un óleo realizado por el taller de Tiziano en el año 1551, expuesto en el Museo del Prado.

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La monarquía española vivió su plenitud con Felipe II, quien reinó durante 42 años en medio mundo pero que acabó encerrado en el monasterio de El Escorial, donde murió

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Felipe II (Valladolid, 1527), el Rey Prudente, primogénito de Carlos V y de Isabel de Portugal, fue alabado por unos y calumniado por otros. Sus súbditos lo ensalzaron por el poder planetario que ostentó tras la unión de España y Portugal, los dos imperios coloniales más extensos del momento, pero otros denunciaron su insaciable sed de poder, su intolerancia religiosa e incluso le acusaron de crímenes como la muerte de su hijo y su esposa. Las demás potencias europeas se preguntaban si se podría poner límite al poder del rey de España. El desastre de la Gran Armada, la flota de guerra que en 1588 partió desde Lisboa para destronar a Isabel I de Inglaterra e invadir la isla, frenó en seco sus aspiraciones y puso en entredicho la invencibilidad de España.

La salud de Felipe II fue delicada durante la mayor parte de su vida, pero se fue deteriorando a medida que fue avanzando de edad. En mayo de 1595 le sobrevino un ataque de fiebre que le duró treinta días seguidos y los médicos le dieron poco tiempo de vida. El 30 de junio de 1598 partió de Madrid con su séquito con destino al monasterio de El Escorial, construido entre 1563 y 1584 para conmemorar su victoria contra el ejército francés en la batalla de San Quintín. El monarca viajó postrado en una silla de manos especialmente diseñada para él, ya que la enfermedad de la gota, que le había atormentado durante varios años, no le permitía caminar.

La enfermedad de la gota le atormentó durante varios años y le impidió caminar

En el verano de 1598, y según fray José de Sigüenza, su consejero, Felipe II se sintió "asado y consumido del fuego maligno que le tenía ya en los huesos". Sufrió unos dolores tan intensos que no se le podía mover, lavar o cambiar de ropa. La madrugada del 13 de septiembre, hace 415 años, falleció, a los 71 años de edad, en una alcoba de El Escorial, convirtiendo a su hijo en testigo de su muerte. "Hijo mío, he querido que os halléis presente en esta hora para que veáis en qué paran las monarquías de este mundo", le dijo.