Antínoo, un mito extraordinario que se resiste a morir

Sólo tres piezas componen la exposición que se celebra actualmente en Roma sobre el amante de Adriano, pero estas obras esconden un enigma fascinante y complejo que aún no ha sido resuelto

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antinoo1. Busto de Antínoo

Busto de Antínoo

Busto de Antínoo de la primera mitad del siglo II d.C. con un rostro que fue incorporado en Época Moderna. Pertenece al Museo Nacional Romano en el Palacio Altemps.

Foto: Stefano Castellani, Archivio fotografico MNR

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antinoo2. Rostro de Antínoo

Rostro de Antínoo

Fragmento de un retrato de Antínoo del siglo II d.C., conservado en el Instituto de Arte de Chicago.

Foto: MC, Archivio fotografico MNR

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antinoo3. Recreación del original

Recreación del original

Recreación en yeso del original. Modelo realizado entre 2015 y 2016 por el Estudio M.C.M. de Roma.

Foto: MC, Archivio fotografico MNR

Sólo tres piezas componen la exposición que se celebra actualmente en Roma sobre el amante de Adriano, pero estas obras esconden un enigma fascinante y complejo que aún no ha sido resuelto

Antínoo ha sido recordado a lo largo de la historia como un adolescente de gran belleza que conquistó al emperador Adriano. El joven Antínoo murió ahogado en el río Nilo por causas que se desconocen, provocando gran pesar y desconsuelo en Adriano, quien enalteció a su compañero hasta que llegó a ser adorado como un héroe o una divinidad. En Memorias de Adriano, la novelista Marguerite Yourcenar narra el trágico episodio con las siguientes palabras: "Aquel cuerpo tan dócil se negaba a dejarse calentar, a revivir. Lo transportamos a bordo. Todo se venía abajo; todo pareció apagarse". Desde su muerte en el siglo II d.C. se han realizado numerosos retratos de Antínoo, una práctica que se intensificó en el Renacimiento con el redescubrimiento de su figura.

La exposición Antínoo. Un retrato en dos partes se puede visitar hasta el 15 de enero de 2017 en el Museo Nacional Romano en el Palacio Altemps, en Roma. La muestra explora la fascinante y compleja historia de un retrato marmóreo de Antínoo dividido en dos fragmentos: el rostro y el busto. El rostro, del siglo II d.C., se conserva en el Instituto de Arte de Chicago. El busto, también del siglo II d.C. pero con partes modernas, pertenece al Museo Nacional Romano en el Palacio Altemps. Ambas piezas se exponen juntas con motivo de la muestra.

El rostro y el busto, ambos del siglo II d.C., se conservan en Chicago y Roma respectivamente

Fue Raymond Johnson, un egiptólogo de la Universidad de Chicago, quien en 2005 sugirió la posibilidad de que ambas piezas formaran parte de una misma escultura: el fragmento del rostro, que carece de nariz, era original, y también lo era el busto conservado en el Palacio Altemps, pero no el rostro, que había sido añadido durante la Edad Moderna. Es más, cuando Johann Joachim Winckelmann, un arqueólogo e historiador del arte alemán, visitó la Villa Ludovisi de Roma en 1756 anotó en su libreta que el busto de Antínoo tenía un rostro "nuevo". Ambas piezas han sido confrontadas y, según el análisis del mármol, pertenecen a la misma estatua; el rostro de Chicago encajaría, por tanto, en el busto de Roma. Una tercera pieza se exhibe en la exposición: un modelo en yeso que recrea el aspecto original del retrato, creado en época romana.

La pregunta clave: ¿por qué perdió el busto su rostro original y por qué se realizó un pastiche en el siglo XVIII? "No lo sabemos... Podría haber novedades en la publicación de ciertos documentos que la princesa Ludovisi está permitiendo examinar a un estudioso americano. En los papeles conservados en el Vaticano no hay rastro", dice Alessandra Capodiferro, la conservadora de la muestra, según recoge Il Tempo.