Alfonso X el Sabio: el mayor cronista de la España medieval

En la segunda mitad del siglo XIII el rey de Castilla promovió la elaboración de dos grandes crónicas: una de España y otra universal.

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Alfonso X " El Sabio". Rey de Castilla y León. 1221-1284

Alfonso X " El Sabio". Rey de Castilla y León. 1221-1284

En la imagen podemos apreciar el óleo del pintor Matias Moreno que se encuentra expuesto en el Palacio del Senado titulado "Alfonso X tomando posesión del mar". En la obra se representa el momento en que, tras la conquista de Cádiz, arrebatada a los moros, Don Alfonso X tomó posesión del mar para abrir el camino que habría de llevar a los cristianos hasta África.

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Catedral de León

Catedral de León

La catedral de León fue construida en buena parte bajo el reinado de Alfonso X de Castilla. Se cree que algunas vidrieras evocan el proyecto imperial del Rey Sabio.

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Alfonso X " El Sabio". Rey de Castilla y León. 1221-1284

Alfonso X " El Sabio". Rey de Castilla y León. 1221-1284

Alfonso X dictando una de sus obras. Detalle de una miniatura de "Las cantigas de Santa María". Siglo XIII. Biblioteca de El Escorial.

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Códices de Astrología

Códices de Astrología

Ilustradas por un astrolabio, en la imagen podemos apreciar unas páginas del "Libro del saber de Astrología" perteneciente a Scriptorum Regio de Alfonso X "El Sabio". Año 1296, Universidad Complutense, Madrid.

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En la segunda mitad del siglo XIII el rey de Castilla promovió la elaboración de dos grandes crónicas: una de España y otra universal.

Alfonso X el Sabio reinó en Castilla y León entre 1252 y 1284. Falto del carisma de su padre, Fernando III, hubo de enfrentarse de lleno a la crisis económica que se abatió sobre Europa desde mediados del siglo XIII y a la rebelión de la nobleza. Acorralado por sus enemigos, el monarca se refugió en la cultura: la poesía, el derecho y también la historia. Su labor en este último campo dio como resultado una biografía de Alejandro Magno y sobre todo dos grandes obras históricas: la General Estoria y la Estoria de España.

La pretensión del Rey Sabio al poner en marcha esta empresa era doble: por un lado, justificar sus derechos al trono imperial de Alemania; y por otro lado, documentar históricamente la preeminencia de la monarquía sobre la nobleza. Objetivos en los que fracasó, pues en 1274 fue designado emperador Rodolfo de Habsburgo y la nobleza acabó imponiéndose a la monarquía en los últimos años de su reinado. La obra histórica de Alfonso X se inserta en una vieja tradición historiográfica en Castilla y León.

Durante la Edad Media se habían compuesto crónicas en latín, escritas por clérigos próximos a la corte –como Lucas deTuy o Ximénez de Rada–, en las que se trataba de justificar el derecho histórico de sus reyes a ocupar las tierras musulmanas de la península Ibérica. La gran novedad de las dos crónicas de Alfonso X fue que su versión original se escribió en lengua vulgar, el castellano.

Una obra colectiva

Para redactar sus dos historias, Alfonso X eligió personalmente a sus colaboradores, quienes durante varios años, entre 1252 y 1269, recopilaron material, lo ordenaron y tradujeron textos del latín y del árabe. El rey se reconoce como autor de la obra, aunque aclara en la introducción a la General Estoria que no la escribió de su puño y letra, sino que se limitó a dar las directrices del trabajo y corregirlo: «Así como decimos muchas veces, el rey hace un libro, no por que él escriba con sus manos, mas porque compone sus razones y las enmienda y guía y endereza, y muestra la manera de cómo se deben hacer, y de sí escribe las que él manda».

La Estoria de España (o Primera Crónica General) consta de dos partes. La primera, de 565 capítulos, comienza con el Génesis y llega hasta la rebelión de Pelayo contra los musulmanes en Asturias, en 717. Se escribió entre 1270 y 1280. La segunda parte comprende el período que va de Pelayo a Fernando III, y se redactó durante el reinado del hijo y sucesor de Alfonso, Sancho IV. Se hicieron dos versiones: una oficial o culta, en latín, y otra popular, en castellano. Como fuentes se utilizaron la Biblia, las crónicas castellanas de la primera mitad del siglo XIII, los romances populares, los clásicos latinos, las leyendas eclesiásticas y las crónicas árabes. La obra presentaba el reino de Castilla y León como el eje de la historia de España. Tuvo gran difusión, a través de numerosas copias y resúmenes, y fue el ejemplo que siguieron las crónicas castellanas de los siglos XIV y XV.

La General Estoria es una historia universal estructurada en seis edades (división usual desde san Agustín y san Isidoro), de las que no se completaron la quinta y la sexta. Su método de composición se expone al principio de la obra: «Yo, don Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, etc., después que hube hecho reunir muchos escritos y muchas historias de los hechos antiguos, escogí de ellos los más verdaderos y los mejores que supe; e hice después hacer este libro, y mandé poner todos los hechos señalados también de la historia de la Biblia, como de las otras grandes cosas que acaecieron por el mundo desde que fue comenzado hasta nuestro tiempo». La crónica empieza, pues, con la creación del mundo según la Biblia y acaba poco antes del nacimiento de Cristo, uniendo la historia propiamente dicha con relatos legendarios y mitológicos.

Una justificación de la Reconquista

El Rey Alfonso X, en su Estoria de España, procuró justificar el derecho de los reyes de Castilla y León a reconquistar los territorios de al-Andalus. Por ello presenta a los españoles– identificados con los cristianos castellanos– como descendientes de Tubal, quinto hijo de Jafet y nieto del patriarca Noé; fueron ellos los primeros pobladores de la Península, a la que entraron por los Pirineos y a la que dieron el nombre de Hesperia, por la estrella Espero. Así se enlazaba la historia de España con los tiempos bíblicos.

Los musulmanes de al-Andalus, en cambio, eran invasores extranjeros, y Alfonso describe su ocupación como cruenta y feroz, desde la batalla de Guadalete: «Pues que la batalla fue acabada desventuradamente y fueron todos muertos, los unos y los otros, pues en verdad no faltaba en la tierra quien a la batalla no acudiese, de un cabo al otro, en ayuda del rey Rodrigo… quedó toda la tierra vacía del pueblo, llena de sangre, bañada de lágrimas, cumplida de apellidos, huésped de los extraños, enajenada de los vecinos, desamparada de los moradores, viuda y desolada de sus hijos, confundida de los bárbaros, disminuida por la llaga, fallida de fortaleza, flaca de fuerza, menguada de conocimiento y desolada del solar de los suyos».