Albert Einstein: "La humanidad como masa es una bestia fatal"

La tienda neoyorquina Lion Heart Autographs subasta una carta insólita de Albert Einstein en la que comparte sus opiniones más íntimas con su amigo Otto Juliusburger

1 de junio de 2017

Una insólita carta manuscrita del científico Albert Einstein (1879-1955) fue subastada el pasado 24 de mayo en Nueva York por Lion Heart Autographs, una tienda especializada en la venta de autógrafos y manuscritos. La carta fue escrita a mano en alemán el 22 de enero de 1947, casi dos años después de la rendición alemana al final de la Segunda Guerra Mundial y durante la estancia de Albert Einstein en Princeton, en Estados Unidos, el país al que se trasladó el científico de origen judío y alemán en 1933, el año en que Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de los nazis, proclamó que "el intelectualismo judío está muerto" y en el que se llevó a cabo una quema de libros en Berlín y en otras ciudades universitarias.

Einstein envió la misiva a su amigo íntimo Otto Juliusburger (1867-1952), un prestigioso psiquiatra, y un judío alemán como Einstein, que en el último momento consiguió escapar a Estados Unidos con su familia, antes de la aparición de las infames cámaras de gas. En la carta, en buen estado de conservación y con un precio de salida de 12.500 dólares (unos 11.000 euros), Einstein utiliza un lenguaje poco habitual, honesto, porque era personal y no estaba destinada al público general, según explica David Lowenherz, el presidente de Lion Heart Autographs, a National Geographic. El genial científico critica a los alemanes por haber demostrado abiertamente su adhesión al nazismo y también reprende a lo norteamericanos por haber "implantado el imperialismo y la psicología militar" tras la victoria. Su crítica más feroz, sin embargo, va dirigida a la masa humana, a la que considera "una bestia fatal".

La traducción completa de la carta:

"¡Querido amigo! Hoy le doy las gracias por sus amables deseos y le envío los míos, lamentablemente algo tardíos, pero todavía, se podría decir, al comienzo del año. En un momento dado mantuve correspondencia con Popper-Lynkeus de la que en cierto modo me avergüenzo. En ella critiqué su concepto del 'deber para proporcionar subsistencia' por ser inviable, y me temo que mi crítica no fue buena. Estaba de acuerdo con él en que proteger al individuo del deseo de bienes materiales es un deber indiscutible e importante de la sociedad, pero creía que una interferencia de tal magnitud en la libertad del individuo no es conveniente ni garantiza la consecución del objetivo. Al hacer esto, fracasé totalmente al no reconocer el gran valor instructivo de tal desarrollo que, a fin de cuentas, es precisamente lo contrario del deber militar que requiere la sociedad, incluso en lo que se refiere al impacto instructivo. Usted propone clases en instrucción ética social. Sin duda, eso sería bueno, pero las palabras sólo son palabras y tienden a osificarse. La acción tiene un impacto mucho mayor".

"Puedo imaginarme bien lo entusiasmado que está por la aceptación de los resultados de sus investigaciones sobre la anemia perniciosa y el tratamiento somático de las enfermedades psicológicas. No mencionó a las personas. Una pequeña sorpresa, pues el robo de la propiedad intelectual es una de las tradiciones más sagradas de este bendito país, muy conocida para los iniciados. Adorna al ladrón y ayuda superar el complejo de inferioridad que todavía opera bajo la superficie".

"Los alemanes no han conseguido ocultar su adhesión al nazismo. Espero que esto motive a otros a destruir el peligro alemán más radicalmente que después de la última guerra, de tal modo que la envidia de los vencedores no derive otra vez en una rivalidad para la confederación alemana. La humanidad como masa es una bestia fatal sobre la que nunca puedes saber cuándo y dónde atacará destructivamente. La victoria no ha sido buena para los de aquí, pues se ha implantado el imperialismo y la psicología militar. Y por ello uno no puede estar lo suficientemente agradecido por esa victoria".

"Disfrute de sus días compilando sus trabajos. A usted y a su querida mujer les deseo unos días felices y armoniosos. Calurosamente...".

Un epílogo escrito en el margen izquierdo dice lo siguiente:

"¿Ha oído que nuestro querido Bucky [Gustav Peter Bucky] escapó por poco de la muerte gracias a la cirugía realizada en el último minuto? Aparentemente fue un caso de audaces proporciones médicas (obstrucción del estómago e intestinos causada por una hernia interna). La cirugía de Nissen [Rudolph Nissen] debe de haber sido el logro de un genio".

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