Madrid

4 obras de Ingres que puedes ver en el Museo del Prado

El Museo del Prado presenta la primera exposición monógrafica de Ingres en España, que se podrá visitar hasta el 27 de marzo de 2016

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Napoleón I en su trono imperial (1806), del Museo del Louvre.

Foto: Paris, depôt du Musée du Louvre au Musée de l’Armée 1832 / Museo Nacional del Prado

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La gran odalisca (1814), del Museo del Louvre.

Foto: Paris, Musée du Louvre, département des Peintures, Acquis en 1899 / Museo Nacional del Prado

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Ruggiero libera a Angélica (1819), del Museo del Louvre.

Foto: Paris, Musée du Louvre, département des Peintures, Acquis en 1899 / Museo Nacional del Prado

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El sueño de Ossian (1813, pero retocada en 1835 por Raymond Balze), del Museo Ingres de Montauban.

Foto: Montauban, Musée Ingres / Museo Nacional del Prado

El Museo del Prado presenta la primera exposición monógrafica de Ingres en España, que se podrá visitar hasta el 27 de marzo de 2016

Ingres (1780-1867) recreó la Antigüedad clásica y otras épocas de la historia con un espíritu romántico, propio de su tiempo, aunque se veía a sí mismo como un conservador y no como un innovador. Su obra viaja atrás en el tiempo, muy influenciado por Rafael, pero con un estilo inconfundible: en sus desnudos femeninos hay pureza clásica y, a la vez, un exotismo propio de la época. No se conserva ninguna obra suya en colecciones públicas españolas, sólo hay una (Felipe V impone el Toisón de Oro al duque de Berwick) en el Palacio de Liria en Madrid, de la Fundación Casa de Alba. Por este motivo, la exposición Ingres, del 24 de noviembre de 2015 al 27 de marzo de 2016 en el Museo del Prado, constituye una oportunidad única para contemplar más de sesenta obras de este artista tan paradójico, uno de los pintores más influyentes de los siglos XIX y XX. A continuación cuatro de ellas:

Napoleón I en su trono imperial (1806), del Museo del Louvre. El emperador aparece totalmente frío y hierático durante su coronación, en un trono muy aparatoso con reposabrazos adornados con esferas de marfil. Luce una corona de laurel dorada, el cetro de Carlos V a su derecha y el de la Mano de la Justicia a su izquierda. El águila imperial y los signos zodiacales en la alfombra representan, respectivamente, el poder y la influencia que ejercen los astros sobre su persona.

La gran odalisca (1814), del Museo del Louvre. No es un simple desnudo al uso, aquí hay una invitación directa al placer sensual. Muestra a una odalisca, una mujer esclava o sumisa en un harén turco. Está recostada en un diván, girando la cabeza hacia el espectador. Los objetos realzan el exotismo de la escena: un turbante, un abanico de plumas y una pipa junto a sus pies.

Ruggiero libera a Angélica (1819), del Museo del Louvre. En el Canto X de Orlando furioso, un poema épico caballeresco de Ludovico Ariosto, Ruggiero monta un hipogrifo, una criatura fantástica mitad caballo y mitad águila, muy difícil de domar. El caballero Ruggiero lo consigue montar y salva a la princesa Angélica de un monstruo marino que la tiene cautiva. Ingres representa un desnudo femenino en un escenario hostil y peligroso.

El sueño de Ossian (1813, pero retocada en 1835 por Raymond Balze), del Museo Ingres de Montauban. Este cuadro, de clara influencia romántica, está basado en las poesías épicas de Ossian, un bardo ciego del siglo III creado por James Macpherson, un poeta escocés del siglo XVIII. Ossian aparece apoyado sobre una lira, soñando con el guerrero Fingal. Sobre su cabeza flotan los personajes de sus ciclos poéticos, fantasmagóricos, como figuras de alabastro.