Sudor, trabajo y sacrificio; los cimientos de los castillos humanos

"Fuerza, equilibrio, valor y juicio"

"Fuerza, equilibrio, valor y juicio"

En esta imagen aérea se aprecia la forma de la piña sobre la que se levanta el castillo de la colla Vella dels Xiquets de Valls. Apoyados en su lema "Fuerza, equilibrio, valor y juicio" las colles o equipos están impulsando esta arraigada tradición, que actualmente ofrece de forma habitual castillos de diez pisos.

El ambiente en la plaza hierve con un murmullo constante y festivo que se detiene en el preciso instante en que se empieza a alzar el primer castillo y las paredes de la plaza resuenan con el sonido de las gralles (una especie de dulzaina), cuya música acompaña siempre la construcción de estas torres humanas.

Durante todo el año se pueden ver estos castillos a lo largo y ancho del territorio catalán coincidiendo con las fiestas populares de los pueblos, pero es durante las jornadas castelleres, marcadas de forma especial en el calendario, cuando se pueden contemplar las estructuras más espectaculares. En la piña, la base de los castillos, decenas de personas se juntan y empujan hacia el centro, de donde el tronco del castillo toma toda la fuerza para emerger entre el mar de gente que abarrota la plaza. Hasta la cúspide deberá llegar la enxaneta –el niño o niña que trepa al piso más alto– para levantar la mano y coronar el castillo, instante en el cual se da por completado.

Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se trata de una tradición que encuentra sus inicios en el siglo XVIII y que de alguna manera es una alegoría del éxito que supone el esfuerzo colectivo cuando persigue un objetivo común. La mezcla perfecta de técnica, fuerza, perseverancia y trabajo en equipo dan como resultado un espectáculo único que destila pasión y conmueve a todo aquel que la presencia.