Río de Janeiro: un río con más que agua

Bahía de Guanabara, Río de Janeiro, Brasil

Bahía de Guanabara, Río de Janeiro, Brasil

Foto: AP / Leo Correa

Tres niños juegan junto a un barco abandonado a los pies del basurero que representa en la actualidad la orilla de la Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, Brasil. El principal funcionario ambiental del estado de Río de Janeiro reconoció en una conferencia del pasado 23 de enero de 2015, que la promesa olímpica de recortar en un 80% los niveles de contaminación de las aguas de la Bahía sería inalcanzable para los juegos de Río de Janeiro 2016.

Por otro lado, el pasado mes de abril, investigadores policiales tomaron muestras de varias plantas del servicio público de tratamiento de aguas residuales, destinadas a determinar si en las instalaciones se procede con el correcto saneamiento de las mismas. Según palabras del director de la operación policial, dependiendo de los resultados, tanto la empresa de servicios públicos, CEDAE, como sus principales ejecutivos podrían ser imputados con cargos por contaminación y hurto.

Estudios independientes a las autoridades gubernamentales han revelado niveles alarmantemente altos de virus y bacterias en la bahía procedentes tanto de focos de aguas residuales humanas como de otros cursos de agua de la ciudad olímpica. En la evaluación del riesgo, de los datos obtenidos se concluye que con la ingestión de tres cucharadas de este agua, la probabilidad de adquirir una infección viral es del 99%.

Frente a todo ello ahora los funcionarios afirman que el agua de la bahía no será saneada hasta 2035. Un ejemplo más de lo que esta ocurriendo en Brasil, un país de grandes desigualdades que asiste a un esperpéntico espectáculo en el que ingentes cantidades de dinero son destinadas albergar unos juegos olímpicos, mientras que una gran parte de su población carece de los servicios más básicos. Una falta de espíritu olímpico. Y de cualquier otro tipo.